
En las cortes de inmigración tienen en cuenta los daños psicológicos de la familia.
Por Ana María Bazán —
En el sistema migratorio de Estados Unidos, defender un caso de deportación requiere mucho más que cumplir requisitos básicos. Uno de los elementos más importantes y muchas veces mal entendido es la evaluación psicológica de un familiar ciudadano o residente permanente.
En casos como la cancelación de deportación, la ley exige demostrar que un familiar calificado (cónyuge, padres o hijos menores de 21 años que sean ciudadanos o residentes permanentes) sufriría un “perjuicio excepcional y extremadamente inusual” si la persona es deportada. Este estándar es muy alto y no se cumple solo con demostrar tristeza o dificultades normales. Aquí es donde el apoyo de un psicólogo, terapeuta o trabajador social se vuelve clave.
Es importante eliminar el estigma: ir al psicólogo no significa que una persona esté “loca”. Estos profesionales evalúan y documentan condiciones reales como ansiedad, depresión o trauma. Esta documentación puede demostrar cómo la separación familiar afectaría seriamente la estabilidad emocional del familiar calificado.
En niños y jóvenes, hay factores muy comunes que pueden agravar ese sufrimiento. El acoso o bullying escolar puede causar ansiedad severa, aislamiento y depresión. Asimismo, la obesidad juvenil muchas veces está relacionada con baja autoestima y problemas emocionales. En estos casos, la presencia de un padre o madre es esencial para el bienestar del menor. La deportación de ese padre puede empeorar significativamente estas condiciones, lo cual puede documentarse y presentarse ante la corte.
Muchos padres tienen miedo o dudas. Es común escuchar: “¿No le afectará el récord o el futuro de mi hijo si va al psicólogo?” La respuesta es clara: no. Buscar ayuda profesional no perjudica; al contrario, ayuda al menor a desarrollarse de manera saludable, manejar sus emociones y tener una mejor calidad de vida. Además, en el contexto migratorio, esta evidencia puede ser determinante para el caso.
En la cancelación de deportación, se deben probar cuatro elementos: (1) 10 años de presencia continua en EE.UU., (2) buen carácter moral, (3) familiares calificados, y (4) perjuicio excepcional para esos familiares. Este último requisito es el más difícil, y la evaluación psicológica puede marcar la diferencia.
En conclusión, acudir a un psicólogo no solo fortalece un caso legal, sino que también protege la salud emocional de la familia. Es una herramienta esencial tanto para ganar un caso como para el bienestar a largo plazo.
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