Javier Fernández trabajando en las alturas. Foto Karine Vargas

Por Luz Karine Vargas –

Javier Fernández es un hombre dedicado y muy eficiente ante cualquier cosa que se proponga. En el año 2015 tomó una fuerte decisión ante una difícil situación en su país de origen: migrar a Nueva York. Llegó lleno de dudas e inexperiencia pero con toda la fuerza para salir adelante.

Yo trabajaba en la Universidad del Rosario, era soporte académico en la facultad de medicina, pero cuando hubo cambio de rector, también hubo cambio de personal. Luego de buscar y no encontrar oportunidades, tomé la decisión de emigrar, dijo Fernández mientras el humo del café subía por su rostro.

Los meses pasaban y las cuentas no paraban.  Tenía deudas muy grandes en mi país que eran imposibles de pagar desempleado, por tal motivo me encaminé por mejores posibilidades”, dijo Fernández

Mi hermano era mi fiador y mis deudas lo iban a afectar, entonces para evitar problemas con mi hermano y el resto de mi familia, tomé el primer vuelo de manera apresurada, dijo Fernández,  quien aprovechó la circunstancia para darle una nueva percepción a su vida.

Lo más duro para Fernández fue dejar a su familia. Yo crecí en un hogar en donde mi papá y mi mamá llevaban 52 años de casados, son dos seres extremadamente maravillosos, teníamos un vínculo familiar muy fuerte, dijo Fernández. En su país natal fue militar y aprendió a ser más independiente.

Fernández dijo que su primer empleo en Nueva York fue en un restaurante y que inicialmente lavaba platos, luego recogía los platos y después sacaba la comida, pero esta área no fue de mi agrado por las largas jornadas laborales.

Cuando decidí dedicarme a la parte de construcción me puse a estudiar, saqué mis licencias. En este momento poseo siete licencias para poder trabajar en construcción, dijo Fernández con orgullo de todo el proceso por el que tuvo que pasar para hacer su trabajo de manera satisfactoria y sin problemas con la autoridad.

Fernández no se enfoca en una sola área de la construcción. Aprendió a pegar ladrillo, a hacer toda la restauración por fuera y es mecánico. “Tomé cursos para trabajar en las alturas, entre otras cosas, dijo Fernández, quien es elogiado por su buen trabajo.

La construcción le permitía a Fernández estudiar, tener una entrada monetaria mayor que en otros oficios y en horarios más flexibles. Este oficio me brindó una solución financiera a los problemas económicos que tenía, añadió sonriendo.

Mi país no valoro toda mi preparación y tuve que cambiar toda mi vida, llegué a hacer cosas que jamás imaginé pero en este momento vivo tranquilo, no tengo ninguna deuda económica en mi país de origen, este país me ha dado mucho, término diciendo Fernández con un suspiro enredado entre las palabras.