Senador del estado de Nueva York y líder demócrta Charles Schumer, quien permitió la derrota de su partido y hay quienes solicitan su renuncia inmediata.

De los ocho senadores demócratas que votaron por reabrir el gobierno —dándole a la administración una clara victoria—, ni uno solo enfrentará la reelección en 2026.
Esta medida permite que el Congreso republicano prive de atención médica a millones de contribuyentes estadounidenses —sin consecuencia alguna en las urnas para un partido dirigido por una gerontocracia osificada que aún pretende representar a las familias trabajadoras del país.

Esos ocho votos le dieron a la mayoría republicana los 60 votos necesarios para aprobar la medida que reabrió el gobierno federal, el cual había entrado en parálisis a la medianoche del 1 de octubre de 2025 (EDT), después de que el Congreso no lograra aprobar la legislación de apropiaciones para el año fiscal 2026, que comenzaba ese mismo día.

El acuerdo permitió avanzar tres proyectos bipartidistas de gasto anual y extender la financiación del resto del gobierno hasta finales de enero.
Los republicanos prometieron votar una extensión de los subsidios de salud a mediados de diciembre —pero sin garantía de éxito.

El proyecto deberá ahora ser aprobado en la Cámara de Representantes, donde el protocolo parlamentario exige solo una mayoría simple.
El presidente de la Cámara, Mike Johnson, ya advirtió que no garantizaría que la votación sobre los subsidios de salud llegue siquiera al pleno.

Tras 42 días de mantener la línea con firmeza, los demócratas cedieron, se retiraron con las manos vacías y convirtieron todo el esfuerzo en una pérdida de tiempo monumental.
Mientras tanto, sometieron al pueblo que dicen representar al miedo, el hambre y la ansiedad de un gobierno paralizado.

Para nada.

Desde los pasillos del Congreso hasta los comentaristas y las redes sociales, las voces se multiplican pidiendo nuevo liderazgo demócrata en el Congreso.
Algunos, como el congresista Ro Khanna de California, han exigido la renuncia del líder de la minoría del Senado, Charles Schumer.

Este golpe contra el pueblo trabajador fortalece aún más a los progresistas y socialistas democráticos, que todavía celebran una victoria histórica en Nueva York, donde destronaron a la dinastía política Cuomo, entregando las llaves de la alcaldía a Zohran Mamdani, de 34 años, cuyo compromiso con hacer de la Gran Manzana una ciudad asequible inspiró a miles de voluntarios.

Encuesta tras encuesta indica que los votantes quieren un partido que pelee con fuerza, que no tenga miedo.
El tsunami Mamdani, por su ejemplo, sacudió los cimientos políticos de la ciudad. Y todo Estados Unidos está mirando.

Coincidencia o no, la delegación demócrata en el Congreso está dirigida por dos neoyorquinos que, con toda probabilidad, serán retados en primarias en 2026.

El esquema de Schumer —obtener los votos necesarios de senadores que no enfrentarán al electorado— luce aún más turbio.

Ganadores (hasta ahora):
Donald Trump, que ya presume haber quebrado a los demócratas.
MAGA, demostrando una vez más a Trump que lo seguirían hasta el infierno si hiciera falta.
Los multimillonarios, cuyas fortunas siguen creciendo.

Perdedores:
El pueblo trabajador estadounidense y la mayoría del país, que verá recortes masivos en salud, aumentos en las primas, y un deterioro aún mayor en su nivel de vida.
El Partido Demócrata de EE.UU., que una vez más demuestra que carece de coraje, visión y convicción, y que no representa a la clase trabajadora.

Los perdedores jamás se convierten en líderes.
Y hoy más que nunca, el pueblo que crea la riqueza de la nación, busca líderes que luchen con ahínco.

Ese es el rayo de esperanza entre los nubarrones: como el fénix que renace de las cenizas, un nuevo ganador puede surgir de este fiasco —un movimiento progresista, que rompa sus ataduras al Partido Demócrata y luche de verdad verdad por una agenda en defensa del pueblo trabajador.