
La buena salud de una madre significa bienestar para toda la comunidad. Foto Dreamstime
En muchas casas de nuestra comunidad, hay una mujer que lo sostiene todo… y casi nadie lo ve.
Es la mamá que trabaja largas horas, que envía dinero a su país, que resuelve, cuida, organiza. La que está aquí, pero con el corazón dividido entre dos lugares. La que rara vez se detiene a preguntarse: ¿cómo estoy yo?
Ese es el peso invisible de muchas madres migrantes.
No siempre se nota, pero el cuerpo sí lo siente. El estrés constante, la preocupación por la familia lejana, la presión económica y la falta de descanso pasan factura. Se manifiesta en cansancio crónico, dolores de cabeza, tensión en el cuerpo, ansiedad o dificultad para dormir. Y muchas veces, en silencio.
Como health coach, lo veo con frecuencia: mujeres fuertes, resilientes, que han aprendido a seguir adelante sin parar… pero que han normalizado sentirse agotadas.
Y no debería ser así.
Cuidar de la salud no es un lujo ni un acto egoísta. Es una necesidad básica. Porque cuando una madre se descuida por completo, no solo mejora su salud, también mejora el bienestar de todas las personas que la rodean, aquí o allá.
No se trata de cambios grandes o imposibles. A veces empieza con algo tan simple como hacer una pausa de tres minutos en medio del día: respirar profundo, inhalando por la nariz y soltando el aire lentamente, dándole al cuerpo una señal de calma en medio del caos.
También empieza con volver a escucharse. Hacerse una pregunta sencilla, ¿qué necesito hoy? y permitirse responderla en pequeño: sentarse unos minutos, salir a tomar aire, o incluso decir “hoy no puedo con todo”.
Y, quizás lo más importante, recordar que no tiene que hacerlo sola. Hablar con otra mujer, una amiga, una vecina, alguien que entienda. A veces una conversación honesta aligera más de lo que pensamos.
En nuestra cultura, se celebra mucho el sacrificio, pero pocas veces se habla del costo.
Ser mamá migrante implica una fortaleza inmensa. Pero la fortaleza no debería medirse por cuánto aguantamos en silencio, sino por cómo aprendemos a cuidarnos mientras seguimos adelante.
Este mes de las madres es una oportunidad para cambiar esa narrativa.
Porque detrás de cada familia que sale adelante, hay una mujer que merece estar bien, no solo resistiendo… sino viviendo con salud, con dignidad y con bienestar.
Paola Angel en Instagram: Health.Coach.Paola



