Si juzgas a las personas por todo y sin sentido, entonces no podrás amar de verdad.

Empecemos por definir que es juzgar…

Juzgar es considerar que las personas podrían ser diferentes de lo que son… para así tu aceptarlas. Es querer encasillarlas en lo que nosotros esperamos y así sentirnos cómodos.

Juzgar es creerse más que los demás. Recuerda que tú eres el demás de los demás… como dice la canción.

Es considerar que solo tú eres el que sabe como tienen que ser las cosas o las personas para que todo este bien. Y que lo que los demás hacen está mal o insuficiente.

Juzgar es pensar que el cielo se equivocó cuando puso a esa persona que no llena tus expectativas delante de ti.

Es negar que la pudiste haber atraído para hacerte entender lo que llevas dentro de ti. Es decir, qué energía estás emanando que atraiste a esta persona hacia tí.

Y rechazar así la posibilidad de que eres tu quien tiene que cambiar.

Juzgar es negar la perfección del universo y la sincronicidades en nuestras vidas.

Juzgar es en la involución total en tu vida y en tus procesos.

Reconocer que hemos juzgado y por qué, es el primer paso hacia un camino de compasión.

Nuestros juicios y las conclusiones a las que llegamos rara vez no se ven afectadas por nuestros propios miedos y nuestras propias ideas preconcebidas, lo que llevamos dentro y nos negamos a aceptar.

Superar nuestra necesidad de diferenciarnos de lo que tememos es una cuestión de comprender la raíz del juicio y luego reafirmar nuestro compromiso con la tolerancia.

Cuando juzgamos es cuando hay incomodidad. ¿Por qué juzgo? es la pregunta. ¿por qué me comporto de manera critica?

Deberíamos preguntarnos de dónde provienen estos juicios.

Los rasgos que esperamos no poseer, pueden instigar nuestra crítica cuando los vemos en los demás, porque emitir juicios nos aleja de esos rasgos.

Reconocer ante nosotros mismos que hemos juzgado y que hemos identificado la raíz de nuestros juicios, es el primer paso hacia un camino de tolerancia, aceptación y compasión.

Aceptar que has atraído a esa persona para comprender la energía que estás emanando y aceptar que eres tú quien tiene que cambiar.

La Madre Teresa dijo: “Si juzgas a las personas, no tienes tiempo para amarlas”.