Por Javier Castaño. — 

En esta nación, nadie es culpable hasta que un jurado o juez lo decida, pero cuando el río suena, piedras lleva… Los políticos electos son analizados y fiscalizados con criterios más exigentes que la gente común porque deben de ser un ejemplo para la sociedad. Además, son figuras públicas que están bajo el foco crítico de la sociedad y de los medios de comunicación. No tienen vida privada.

Antes que nada, la comunidad latina de esta nación necesita un nuevo tipo de líder a nivel nacional y local. Tenemos activistas o políticos, pero no líderes. Los políticos demócratas y republicanos nos están fallando porque la situación de los latinos sigue empeorando. Nuestra población aumenta, mientras retrocedemos a nivel económico, educativo y social, incluyendo nuestra salud física y emocional.

Hay ejemplos de progreso en muchas áreas de la comunidad latina, pero necesitamos cambiar con el fin mejorar y que nuestro progreso esté por encima de los grandes errores en inmigración, vivienda y acceso real a las oportunidades que brinda esta nación.

Necesitamos debatir en foros y salones de clase para crear un nuevo tipo de liderazgo. Quizás debemos dejar que la mujer latina tenga más voz y presencia, como ha venido ocurriendo. Que las organizaciones sin ánimo de lucro se alejen de los partidos políticos y de las grandes corporaciones. Es decir, que el diálogo y la crítica constructiva sean más auténticas porque los políticos nos están fallando en su gran mayoría. Los ejemplos abundan.

Comencemos por el congresista republicano de 35 años George Santos de Queens y Long Island. Sus compañeros políticos no lograron expulsarlo a pesar de que mintió en su hoja de vida y tiene 23 acusaciones federales en su contra por fraude, lavado de dinero, uso ilegal de tarjetas de crédito y recibir servicios de desempleo sin merecerlos. Los congresistas republicanos necesitan a Santos para que pase leyes amañadas y siga gritando como loco en Washington.

Pasemos al senador demócrata Robert Menéndez de Nueva Jersey, quien fue acusado y exonerado de “asociación” con prostitutas y soborno. Ahora Menéndez y su esposa están siendo acusados de “vender” secretos de esta nación por dinero en efectivo, oro, pago de hipoteca, viajes y un auto BMW de lujo. Tuvo que renunciar como presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y entregar su pasaporte personal mientras enfrenta estas acusaciones. En su defensa ha dicho que es un “simple y humilde hombre de origen cubano” que guardaba el dinero y el oro porque no quiere que se lo quiten como sucedió con su familia en la isla caribeña. ¿Quién se lo cree?

Y Donald Trump, quien busca su reelección como presidente y va ganando las encuestas a pesar de tener más de 90 demandas en la corte por soborno, prostitución, fraude financiero, posesión ilegal de documentos secretos de los Estados Unidos y tratar de tomarse el poder a la brava cuando incitó a sus partidarios a que se tomaran el Capitolio el 6 de enero del 2021.

En el 2020 cuando Joe Biden venció a Tump en las elecciones, obtuvo el 70% del voto latino y ahora solo tiene el 53% de nuestro voto. Este es un grave problema para Biden y el Partido Demócrata, no para nuestra comunidad. El voto latino vuelve a ser importante en estas elecciones para los políticos, pero no para nuestras familias. No nos dejemos engañar, otra vez. Busquemos alternativas.

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