
No dejes que este fin de año te cobije la tristeza y apóyate en la comunidad.
Por Paola Angel. —
Diciembre siempre llega con luces, música y celebraciones… pero también con un peso emocional que muchos de nosotros, los que vivimos lejos de nuestros países, conocemos bien. En Queens, donde tantos latinos hemos construido nueva vida, estas fechas pueden despertar recuerdos que duelen: la mesa grande llena de familia, los abrazos que ya no están, las tradiciones que quedaron allá. Y aunque no siempre lo decimos en voz alta, es común sentir tristeza, nostalgia o incluso una mezcla de ansiedad y cansancio.
Hablar de salud mental no es un lujo; es una necesidad. En nuestra comunidad, que es trabajadora, resiliente y siempre “echada pa’lante”, todavía cargamos con la idea de que debemos ser fuertes todo el tiempo. Pero ser fuerte también es reconocer lo que sentimos. Si en estas Navidades te encuentras más sensible, más callada o con un vacío que no logras nombrar, no estás sola o solo. Es parte de la experiencia migratoria.
Una forma de cuidarnos es crear nuevas tradiciones, por pequeñas que sean. Un paseo por el vecindario para ver las luces, una cena sencilla con amigos que también están lejos, un cafecito caliente en Jackson Heights mientras llamamos a la familia. No se trata de reemplazar lo que extrañamos, sino de darnos permiso para construir algo diferente sin sentir culpa.
Otra herramienta importante es poner límites saludables. Diciembre puede ser abrumador: invitaciones, trabajo, expectativas, gastos. Escúchate. Si necesitas descansar, hazlo. Si te hace bien decir “hoy no”, dilo. Tu bienestar emocional vale más que cualquier compromiso social.
Y, sobre todo, habla con alguien. La tristeza se vuelve más pesada cuando la cargamos en silencio. Acércate a un amigo, una vecina, un compañero de trabajo. En Queens hay centros comunitarios, iglesias y programas que ofrecen apoyo en español sin importar el estatus migratorio. Pedir ayuda no es señal de debilidad; es un acto de amor propio.
La meditación y la respiración consciente también pueden ser aliadas, especialmente en momentos de ansiedad o nostalgia fuerte. Solo cinco minutos al día pueden traer claridad y calma.
Este diciembre, en lugar de exigirnos “estar felices”, intentemos algo más compasivo: estar presentes. Aceptar lo que sentimos, cuidarnos, y recordar que la distancia no borra nuestras raíces. Seguimos siendo una comunidad, incluso desde aquí. Y en medio de este invierno neoyorquino, también merecemos sentir calor, aunque venga de un abrazo entre amigos, una llamada a casa o un momento de silencio para respirar.
Paola Angel en Instagram: Health.Coach.Paola.


