Inelda Ramírez en una calle de Queens. Por Luz Karine Vargas

Por Luz Karine Vargas

Caminando por la calle, debajo del tren J de la ciudad de Nueva York, Inelda Ramínerz estaba vestida totalmente de negro con una chaqueta grande y tapaboca en el rostro.

Una mujer que al hablar su acento delata que es de raíces ecuatorianas. Ramírez es gentil, servicial, dulce y muy sociable.

Ramírez llegó a Queens hace 7 años. Anteriormente residía en España, en donde vivía junto a su hija menor y nieto. “Yo crié a mi nieto desde que nació y desde ese día, nunca me separe de ellos”, dijo Ramírez con nostalgia.

Aunque la vida de Ramírez estaba organizada y feliz en España, eligió por encima de todo venir a Nueva York a acompañar a su hija mayor, que necesitaba de su compañía.

“Por cinco años siempre vine a Nueva York con mi nieto en las vacaciones y ya en esta última ocasión me quedé”, añadió Ramírez. “Ningún país como España, lo extraño mucho”.

Esta guayaquileña tiene seis hijos: dos en Ecuador, dos en España y dos en Estados Unidos. “Somos una familia dividida”, dijo Ramírez bajando la mirada.

“Este país se llama Estados Unidos y no es lo que dicen sus palabras. Acá no hay unión familiar, acá cada persona va por sí mismo”, dijo Ramírez. Ese es el motivo por el cual no se ha podido acostumbrar al país de las oportunidades.

Aunque Ramírez vive con su hija, durante el día mantiene sola. “Mi hija trabaja mucho y eso ocupa la mayor parte de su tiempo”, dijo Ramírez, quien seguirá apoyando a su hija a pesar de las circustancias.

“En enero iré a Ecuador porque se casará uno de mis hijos y estoy feliz”, recordó Ramírez soltando una hermosa carcajada.

Durante la pandemia Ramírez no se vio afectada y su familia tampoco. “Todos nos cuidamos mucho y las restricciones de movilidad me parecieron muy buenas”, dijo Ramírez. Ya tiene todas las dosis de la vacuna.

“Yo soy feliz si mis hijos son felices”, termina diciendo Ramírez quien junto con una sonrisa, añade que siempre estará fuerte para su familia.