Folflore latino en el Paseo Park de la 34 Avenida en Jackson Heights, Queens. Foto Gustavo Rodriguez

Por Myrna Tinoco  — 
Mientras las hojas del otoño cambian a nuestro alrededor, la ciudad de Nueva York también comienza una transformación no vista en décadas en una de las zonas con más concentración de residentes. Se convertirán 26 cuadras de una avenida, donde antes corrían carros a una alta velocidad, en un parque lineal, una espacio comunitario.La semana pasada, funcionarios de la ciudad inauguraron la primera fase de Paseo Park hasta ahora conocido como Calles Abiertas 34a avenida, con más mejoras estructurales por venir. Para ésta comunidad sobrepoblada de Jackson Heights, que ocupa el último lugar entre todas las zonas neoyorquinas respecto a su acceso a espacios verdes, que también sufrió enormes pérdidas durante la pandemia, son bienvenidos éstos cambios. Para mis hijos, les permite un espacio para jugar con un poco de libertad. Para mí, de manera inesperada, me ha traído una conexión con mi cultura, un espacio para integrarse al baile folklórico mexicano.


Somos tres generaciones de mi familia que vivimos en Queens. Somos indígenas purépechas del estado de Michoacán en México, lugar donde las mariposas monarcas completan su viaje migratorio. Justo en estos días se observa cómo brilla su anaranjado en el cielo azul para nuestra gran fiesta, el Día de los Muertos. Las monarcas siempre me recuerdan de mi familia, que también hicimos el viaje de Michoacán a Nueva York.

Hoy Día ésta transformación de la 34a avenida es tópico de estudio en cursos de planificación urbana. Ésta avenida residential se construyó hace un siglo al estilo de Park Avenue con su mediana para mantener un espacio verde y con el tiempo fue cubierta con asfalto. Durante la pandemia, nuestra comunidad lo reclamó. Organizamos una serie de mítines buscando que la ciudad la convirtiera en una Calle Abierta. Mientras que crecían los mitínes, también creció nuestra Calle Abierta. Hoy mide 26 cuadras de largo, es una milla mágica, denominada “la joya” del programa Calles Abiertas de Nueva York. Fue designado Calle Abierta permanente hace dos años.

Ahora queremos que se haga un verdadero parque lineal, más verde, más unido, y sobre todo más seguro.

Viví mi infancia en la zona de Richmond Hill Queens. Regresaba sola de la escuela desde los seis años. Iba al supermercado a traer leche para mi mamá. Pasábamos los días enteros de los calurosos veranos afuera con mis amigos vecinos en la calle sin que apareciera un adulto. Ésto me dió una independencia que mis hijos no pueden disfrutar porque hoy los carros se han apoderado de las calles. Mientras las muertes peatonales aumentan, nuestros hijos pierden su libertad y capacidad de caminar libremente y jugar.

Al comienzo de la pandemia, mis dos niños inmediatamente comenzaron a demostrar que pasamos demasiado tiempo encerrados: contorsionados, inquietos, colgados boca abajo, y peleando a cada rato. Hay pequeños patios de juegos pero falta un lugar para vagar, recorrer, o andar en bicicleta.

El parque más cercano es Flushing Meadows. La ruta más directa a pie o bicicleta requiere cruzar la autopista Grand Central. Si no existe manera segura de llegar al parque a pie o en bici, no tienes acceso a un parque.

Ahora la gente tiene alivio a la vista. Nuestra Calle Abierta se ha convertido en un refugio. Los niños andan en bicicleta, personas mayores juegan bingo, padres empujan cochecitos, perros llevan sus dueños, y vecinos se reúnen.

Desde que la 34a avenida se convirtió en una Calle Abierta, las heridas peatonales han disminuido al 42%, aunque el tráfico peatonal ha incrementado exponencialmente. Antes, en esta misma vía pública, varios niños fueron atropellados en la ida o regreso de escuela, pero hoy permite que 7,000 niños lleguen a sus escuelas y regresen a sus hogares. Seis escuelas sobrepobladas sobre la avenida tendrán dentro de pronto, un espacio para el recreo diario e instrucción al aire libre gracias a las plazas ya casi terminadas en ésta avenida. Paseo Park será una serie de seis plazas sin acceso al auto en frente de escuelas, junto a calles compartidas que permitan acceso vehicular local con marcadores en la calle para indicar que el conductor disminuye su velocidad.

Este espacio abierto, vuelto a descubrirse, ha brindado a mis hijos un lugar para verse con sus amigos, hacer manualidades, y jugar. Mi hijo de doce años empezó a andar en bicicleta solo, y llega al parque Travers, el patio de juegos de Jackson Heights.

Mi familia y yo nos paseamos a diario por la avenida donde seguido nos encontramos con mis tías que viven en Corona e East Elmhurst, áreas a poca distancia que también padecen de pocos espacios verdes. Durante uno de estos paseos vimos una presentación del ballet folklórico Mazarte DanceCompany.

Fué ese día que la directora me invitó a ensayar con el grupo. Hacía años que guardaba mi falda con su listón verde, blanco, rojo y mis zapatos. Ésa noche los fuí a bajar de la esquina del fondo del closet. Ahora bailo con otras mujeres en la 34a avenida y tenemos presentaciones por toda la ciudad.

Calles Abiertas le ha dado un poco de libertad e independencia a mis hijos, me ha conectado con una parte de mi herencia cultural que ignoré mientras mi papel de madre exigía otras obligaciones. De una manera, nos ha devuelto un poco de humanidad y dignidad.

Siento el contraste entre lo que nos ha devuelto y lo que se ha perdido cuando camino con mi hijo a Northern Blvd para alcanzar el autobús a su nueva escuela. Nos vemos como hormigas

al lado de los camiones. Pienso en lo maravilloso que sería si cada niño tuviera un camino seguro para llegar a su escuela como los niños que caminan por la 34a avenida.
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Myrna Tinoco es trabajadora social y una de las fundadoras de Friends of 34th Avenue Linear Park. Por dos años fué una de decenas de voluntarios que movían barreras de seguridad en la 34a avenida Calles Abiertas, organizada por The 34th Avenue Open Streets Coalition. Myrna y su esposo viven en Jackson Heights desde hace 20 años donde han visto crecer a sus dos hijos.