Este mes de mayo la ciudad de Nueva York comenzó una campaña para informar que vender cualquier cosa, sin permiso, en la calle o en el sistema de trenes, es ilegal. Están distribuyendo información en inglés y español para que los padres ecuatorianos dejen esta práctica que se ha vuelto muy común. Pero los padres argumentan que obligan a sus hijos a vender dulces porque necesitan el dinero para sostener a sus familias.

“La salud y la seguridad de estos menores es la prioridad de esta administración y queremos que los padres sepan que la ciudad les puede ayudar”, dijo Kayla Mamelak, vocera de la alcaldía. “Los niños deben de estar en las escuelas y en programas para después del horario escolar”.

“Los niños venden más dulces que nosotros los adultos”, dijo una madre que vendía golosinas en un vagón del tren E y no quiso identificarse. Llevaba un bebé a su espalda y otro de sus hijos ofrecía dulces que llevaba en una caja. Iban rumbo a Manhattan.

La madre dijo que su hijo mayor, de 7 años, va a la escuela pública, pero que le ayuda a vender golosinas después de la escuela y los fines de semana. “Eso es lo que hacemos en Ecuador y aquí estamos obligadas a hacerlo porque todo está muy caro y no hay trabajo”, dijo la madre ecuatoriana que en un día puede vender hasta 40 dólares.

Esta es una escena que se ha vuelto común en las estaciones y trenes de esta ciudad después de la pandemia y con la llegada de miles de inmigrantes que buscan asilo en esta nación.

A las horas pico es común ver a varias madres vendiendo dulces en la estación de trenes de la calle 74 en Jackson Heights, Queens, e inclusive a altas horas de la noche. Las madres distraen a sus hijos con el teléfono celular para que no lloren.

“Esto parece una ciudad de Latinoamérica”, dijo un hombre que tampoco quiso identificarse.

 

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