Carol Vega en su trabajo de construcción. Foto cortesía

Por Luz Karine Vargas

Carol Vega es una chica que cautiva con sus hermosos ojos azules. Una mujer valiente con talento y perseverancia que consigue cada uno de sus sueños. “Para llegar a donde se quiere es necesario hacer esfuerzos y aprender, hay que prepararse hasta en lo más mínimo para hacer hasta lo más difícil”, dijo Vega mientras bebía una malta en un restaurante de Queens.

Sus manos son el resultado de cada una de sus luchas. Están un poco lastimadas, pintadas y afectadas como consecuencia de cuatro años y medio trabajando en construcción.

Vega recuerda cuando inició sus labores en un depósito que no contaba con condiciones apropiadas para trabajar. “Yo empecé en una factoría de Nueva Jersey y me desplazaba desde Nueva York todos los días. Pasaba más de 12 horas afuera, dormía poco y por eso me encaminé a la construcción”.

Según la EPA (Encuestas de la población activa) las mujeres representan solo el 9% de los obreros de construcción y son estigmatizadas.

“Empecé desde abajo, haciendo demoliciones de casas viejas. Un trabajo muy fuerte donde terminaba cubierta de polvo y muy adolorida. Así que decidí hacer aseo en las obras y cargar grandes objetos”, dijo Vega.

Más que un trabajo, Vega buscaba trazar su camino para formarse en una profesión, aprender, practicar y trabajar para ser la mejor.

“Continué colocando insolación en casas. Al comienzo fue muy complicado porque se deben tener los equipos adecuados para no enfermarse. El material picaba, causaba alergias y las altas temperaturas de los veranos se vuleven un infierno. Por la necesidad y mi persistencia logré estar un año en ese trabajo hasta que ya no causaba algún efecto negativo en mí. Pero por mi salud, ya era el momento de ascender a otra rama de la construcción”, añade Vega.

La meta de Vega fue ser pintora profesional y mientras trabajaba colocando compound, fue aprendiendo a pintar. “Siendo mujer es muy difícil que una compañía te de la oportunidad porque prefieren personal masculino con experiencia, pero me acogieron de la mejor manera”, recuerda Vega con orgullo y entusiasmo.

Vega por fin comenzó a cumplir su sueño de trabajar en pintura. Con una gran sonrisa en su rostro y las mejillas sonrojadas, dijo que comenzó haciendo las preparaciones, ‘roleando’, cortando y ya lleva un año y tres meses muy feliz  haciendo lo que ama.

“Todo requiere de mucho esfuerzo, pero ahora estoy donde quería llegar, quiero ser la mejor profesional en lo que hago y pequeños detalles muestran la diferencia de mi trabajo. Aún tengo más por aprender y agradezco mucho a las compañías de construcción que les dan oportunidades a las mujeres”, dijo Vega.

La construcción es un oficio monopolizado por el género masculino, pero con el transcurrir de los tiempos las mujeres han roto todo tipo de estereotipos, haciéndose más invisibles.

Para Vega este recorrido no fue fácil. Su disciplina, carácter y perseverancia la han llevado a conseguir cada uno de sus objetivos. “Siempre he vivido en Corona, me ha tocado duro, la gente cree que llegar a este país es fácil, pero no es para nada fácil, necesitas aprender cosas nuevas y escalar por muchos obstáculos para poder estar bien o por lo menos tener una vida tranquila. El esfuerzo trae una recompensa que nunca se desvanece y es vivir todos los días contenta”, dijo Vega.

Hoy sus manos sin duda alguna son la muestra de años de sacrificios y tenacidad, las cuales le han permitieron alcanzar sus metas y convertirse en una mujer que vive de la construcción.

Carol Vega en un restaurante de Queens.