Por Francisco Noguera Rocha

El mundo clama con angustia certeros liderazgos que permitan superar la zozobra generada por el inesperado y letal virus que por irresponsabilidad y descuido se generó en China. Además de la creciente polarización política que tanto nos irrita, nos encontramos a pocos días de unas elecciones cruciales no solo para Estados Unidos, sino para el mundo entero. El debate no ha sido excelente, pero ha mostrado los dos simples caminos a los que se ha reducido la política universal.

Francisco Noguera.

Por una parte, la aplicación de las normas básicas del sistema capitalista, encarnadas por el presidente Trump, y por la otra, la incierta aplicación de un inédito camino salpicado por las ideas socialistas de Bernie Sander, quien, aunque derrotado, logró inocularlas al Partido Demócrata. Acorraló al vacilante Joe Biden, quien ya ni parece recordar sus reiteradas pociones de centro que lo caracterizaron en su larga carrera política en el moderado estado de Delaware.

El panorama descrito nos invita a reflexionar: ¿cuál presidente le conviene más América Latina que depende tanto de los vientos que soplen en el coloso del norte?

De las dos propuestas económicas, la que mayor fortaleza económica traería seria la que aplica desde ahora el actual presidente. Basta recordar el fuerte crecimiento del PIB registrado antes de la pandemia. Está claro que solo un acelerado crecimiento económico crea mejores empleos, lo que es posible con un mayor flujo de inversiones.

La mal llamada guerra comercial con China, de la que tantos medios Demócratas denigran, no solo está orientada a equilibrar el déficit comercial que hoy existe con el Goliat asiático, sino también intenta lograr, con amenazas de crecientes aranceles, el deseable regreso de muchas industrias que emigraron allá buscando menores costos de producción sin perder como objetivo el apetecido mercado de los Estados Unidos.

En la otra orilla, las propuestas de Sanders, hoy adoptadas por Biden, ahuyentarán a los inversionistas por la reiterada amenaza de amentar los impuestos; incrementado así el actual desequilibrio comercial. Por ese camino se crecerá poco y se crearán empleos de menor calidad.

Cabe recordar que en las épocas en que me desempeñé como Cónsul General de Colombia en New York, paradójicamente, la presidente de la Cámara de Representantes en Washington D.C, que, para esa época también era Nanci Pelosi, congeló durante aquel periodo la aprobación del TLC que habíamos firmado con los Estados Unidos.

Su argumento fue, que esos tratados solo benefician a los países que los conseguían, ya que EE. UU pierde empleos que se trasladan a aquellas regiones. Cosa que aún no ha ocurrido por no haber sabido aprovechar las ventajas evidentes de dicha oportunidad comercial. El tratado solo fue aprobado cuando la congresista Pelosi abandonó la presidencia al perder su partido las mayorías en el cámara.

Hoy mudó de orilla ese argumento como la canción de salsa que dice ¡Sorpresas nos da la vida!

A colombia le conviene más que gane Trump. Obama y Biden hace cinco años trataron muy bien a los gobiernos comunitas de Cuba y Venezuela y seguirían protegiendo el narco terrorismo de líderes como Márquez y Santrich.

Es bueno tener presente, que, si Trump fortalece la economía de su país, crecerán en paralelo los envíos de remesas hacia Colombia. No olvidemos que las prodigiosas remesas son ya nuestro tercer renglón generador de divisas.

Por último, es posible imaginar que una parte de las empresas que saldrían de China buscando países más cercanos al enorme mercado de Estados Unidos, podrían establecerse en Colombia aprovechando que Trump dejó intacto nuestro TLC. Posibilidad planteada hace pocos días por el nuevo director del BID.

Concluyo afirmando, que, a pesar de las desabrochadas maneras de Trump, su reelección sería benéfica para los latinos en Estados Unidos y para toda América Latina.

Francisco Noguera fue cónsul de Colombia en NY y es profesor universitario.