Parte del liderazgo dominicano alrededor del alcalde Bloomberg: el asambleísta Espaillat al extremo izquierdo y Nelson Peña al derecho. Foto Javier Castaño.

La Ciudad adeuda más de dos millones de dólares a Alianza Dominicana; hay 300 empleados que no cobran sus salarios como resultado de esa deuda; más de 30,000 personas ven en peligro los servicios sociales que reciben a través de la ONG, y ningún líder político dice nada. Y entonces, ¿adónde está el liderazgo que tanto pregonan?

La crisis de Alianza Dominicana podría haberse originado en la oficina municipal que otorga los fondos a esa organización sin fines de lucro, de la que reciben servicios más de 30,000 personas al año.

Mi informante Deep Throat asegura que la Ciudad adeuda más de dos millones de dólares a Alianza, por servicios que la ONG prestó a cientos de personas que acuden regularmente a programas que cubren una gama de necesidades que afectan a cientos de familias en el alto Manhattan.

De modo que no es descabellado pensar que la Ciudad es en gran parte culpable de la crisis al interior de Alianza. Sin la deuda y los retrasos originados desde las oficinas municipales, Moisés Pérez y la Junta de Directores no hubieran tenido la imperiosa necesidad de idear maneras de mantenerse a flote mientras el “pez gordo” soltaba la plata.

El problema creció a proporciones mayores cuando Alianza se vio imposibilitada de pagar el salario a su plantilla de más de 300 empleados. Por supuesto, el descontento no se hizo esperar y los reclamos afloraron a la luz del día y se filtraron a los medios de comunicación.

Yo particularmente no descarto una conspiración. Ninguna institución a la que se le adeuda más de dos millones de dólares puede sobrevivir a la crisis que eso genera, a menos que sus directivos sean lo suficientemente creativos para solucionar el problema, como ocurrió en este caso.

Ahora lo que sorprende es el silencio de los líderes políticos de Washington Heights en relación con esta posible conspiración aparentemente de índole financiero. Se han pronunciado muy poco, y de manera esquiva, como el que no quiere lidiar con una situación que no le corresponde.

Sin embargo, hay dirigentes que no pueden darse el lujo de esconderse ni obviar lo que está ocurriendo. No debe esconderse el asambleísta y ahora aspirante al Senado estatal Adriano Espaillat, ni el concejal Ydanis Rodríguez, ni el decano de los políticos comunitarios Guillermo Linares; porque los tres conocen perfectamente el derecho (Moisés y Alianza) y el revés de la moneda (la Ciudad). La comunidad debería emplazarlos para que se pronuncien enérgicamente, y con honestidad.

También debe pronunciarse la socióloga Ramona Hernández, cuyo Instituto de Estudios Dominicanos, amurallado en las regias edificaciones de City College of New York, recibió fondos gestionados por el ex concejal Miguel Martínez, degradado hoy a reo federal por delitos financieros.

Solamente los mediocres, los incapaces de ver más allá de sus narices, podrían apartarse del problema de Alianza Dominicana y verlo como un mal momento de Moisés Pérez y sus relaciones con la Ciudad.

José Carvajal.