
Juan Carlos Vargas juega fútbol, su pasión, con una sola pierna. Foto Marcela Alvarez
Por Marcela Álvarez. —
En este Día de Acción de Gracias, esta historia de superación y agradecimiento.
Nada es imposible para un corazón decidido, dice un viejo proverbio hindú. Juan Carlos Vargas es claro ejemplo de eso. Como miles de venezolanos en los últimos años, un día Vargas se marchó en busca de una mejor vida. Vivió en Ecuador y Perú. En esa lucha por abrirse nuevos senderos perdió su pierna izquierda.
“Cuando emigré de Venezuela, porque la situación cambió rotundamente, llegué a Manta, Ecuador. Allá estuve con unos panas surfistas y trabajé en la construcción de un centro comercial. Luego vino la xenofobia, no nos querían pagar, por eso me fui a Perú”, dijo Vargas mientras acaricia el balón una mañana reciente en el Parque Flushing de Queens.
“A los seis meses de llegar a Lima me arrolló un camión, eso fue el 16 de mayo del 2018 y el 13 de junio de ese año me amputaron la pierna luego de haber sido arrollado por un camión”, dijo Vargas. Sufrió mucho y se deprimió. En Perú comenzó a planear el viaje a EE.UU. y el pasado septiembre llegó a Nueva York. Vive en un refugio y trabaja en McDonald’s.
Vargas hace malabares con el balón, apoyado con sus muletas. Se nota su casta de jugador. Muchos lo miran, curiosos, perplejos. “Aquí hay mucho fútbol”, dijo mientras recorría las canchas del Parque Flushing.

Juan Carlos Vargas, sin una pierna, disfruta jugando fútbol en el Parque Flushing de Nueva York. Foto Marcela Alvarez
“Me encanta el fútbol, desde muy joven. Es mi pasión, me motiva, la vida del fútbol te da mucho aprendizaje, la disciplina. Voy con la pelota de arriba para abajo, siempre estoy con ella. El fútbol abre muchas puertas, abre caminos”, añadió Vargas, quien espera con ansias este mundial y quiere solucionar sus problemas de inmigración. Espera reunirse pronto con su esposa e hijo.


