La protesta en contra del congreista Crowley enfre al Centro Judío de Jackson Heights. Fotos Javier Castaño

El Tratado de Libre Comercio con Colombia (TLC) y la 37 Road convertida en La Plaza, fueron los temas que calentaron los ánimos en la reunión comunitaria en el Centro Judío de Jackson Heights, Queens. Más de 200 personas acudieron al encuentro organizado por el concejal Daniel Dromm que contó con la asistencia del congresista Joseph Crowley y el asambleísta Francisco Moya, todos demócratas.

El congresista Crowley habló de su agenda federal, “del progreso por el cual está atravesando esta nación” y la necesidad de “impulsar el plan de seguro de salud propuesto por el presidente Obama”. También se refirió a Queens como un condado muy diverso a nivel étnico, a la paz en el Medio Oriente, al alto costo de la gasolina y a los problemas de violación de los derechos humanos en Colombia y los Estados Unidos.

“Colombia no es una sociedad perfecta, aunque ha mejorado y ahora incrementaremos las exportaciones e importaciones con esa nación debido al TLC”, dijo el congresista Crowley.

Afuera del edificio, un grupo de alrededor de 10 personas, algunos con máscaras, gritaban consignas en contra del congresista Crowley: “Tiene las manos ensangrentadas” y “representa los peores intereses de las corporaciones de esta nación, el 1% de la población”, en alusión al movimiento Occupy Wall Street.

El asambleísta Moya se refirió a su proyecto de ley para otorgarle dinero a los estudiantes del Dream Act, que no fue aprobado por el gobernador Andrew Cuomo, y a la necesidad de “controlar la proliferación de centros nocturnos en Jackson Heights”.

Cuando habló el concejal Drumm comenzaron los altercados y entre el público habían personas esgrimiendo avisos en contra de la manera como se cerró esa calle para construir allí La Plaza.

El concejal Dromm insistió en que se cumplieron todos los procedimientos y las audiencias públicas para cambiar la ruta de los buses y autos. Sus asistentes distribuyeron información sobre el estudio de factibilidad que se hizo. “La investigación duró tres años, más de 500 personas participaron en los talleres de información y se tomó esa decisión con base en tres aspectos, los transeúntes, el ruido y la seguridad”, dijo Drumm. “La conclusión fue no permitir el paso de buses, abrir un espacio público, incrementar el valor de las propiedades y mejorar la calidad de vida del área”.

El concejal Drumm enfatizó en que este proyecto se está revisando constantemente y “por favor, trabajen conmigo en este asunto así como hemos trabajado en otros problemas que ha enfrentado la comunidad”.

Pero Sylvia Ann Griffiths y Laura Espinet seguían exhibiendo sus carteles en contra de La Plaza y gritando para llamar la atención de los presentes. La pareja vive en la calle 75, a pocos pasos de La Plaza. Durante la reunión, los asistentes del concejal Dromm se paraban a su lado en actitud desafiante.

Los comerciantes de La Plaza protestaron por la baja de las ventas y la presencia de desamparados.

“Estoy en contra de La Plaza porque no es Times Square. Esta es una comunidad de gente trabajadora y no es el espacio para las corporaciones. La Plaza se ha llenado de desamparados y los negocios están perdiendo dinero. Queremos que esa calle vuelva a quedar como estaba”, dijo S. M. Ismail, activista de origen árabe.

Pero Munro Johnson, de Jackson Heights Green Alliance, opina lo contrario: “En este vecindario no hay suficientes espacios públicos y la estación de trenes y buses de la calle 74 es de la más congestionadas en la ciudad de Nueva York. La Plaza sólo tiene 180 pies de largo y no está perjudicando a los negociantes. Les está ayudando porque atrae clientes y ventas, como en Times Square. Ahora vemos familias con hijos caminando por esa zona, es algo hermoso”.

Aunque el concejal Dromm no sólo habló de La Plaza, sino de la necesidad de controlar a los vendedores callejeros que se toman los andenes sin autorización de la ciudad, del resurgimiento de las pandillas y de la necesidad de crear más oportunidades para la juventud. “Yo he sido educador por más de 20 años y entiendo la necesidad de mejorar nuestras escuelas, de ampliar los servicios del Elmhurst Hospital y de apoyar la inmigración porque en mi distrito el 68% de los residentes son inmigrantes”.

La policía estaba afuera para evitar enfrentamientos y para proteger al congresista Crowley, quien abandonó el Centro Judío antes de concluida la reunión.

Javier Castaño

El congresista Joseph Crowley y el concejal Daniel Dromm respondiendo preguntas escritas con anticipación.