Las manos de Luz Guamán sostienen la foto de su esposo Segundo Gualipa, quien se suicidó en Riker’s Island. Foto George Joseph/NY Focus

Por George Joseph / The City. — 

La noche del 29 de agosto del 2021 el inmigrante ecuatoriano Segundo Gualipa de Queens. Fue hallado muerto en su celda de Ricker’s Island con una media amarrada alrededor de su cuello y al marco de la cama.

De acuerdo a una nueva demanda, Gualipa fue dejado sin supervisión por más de una hora y pudo dejar una nota de suicidio: “He perdido mi memoria por completo. No recuerdo nada. Te dejo libre”, escribió Gualipa en la pared de su celda.

Conforme a su familia, Gualipa fue atacado de manera brutal durante un robo hace casi una década y entró a un ciclo de alcoholismo y abuso doméstico contra su esposa.

La guardia de seguridad que cuidaba a Gualipa la noche del suicidio, Tonya Huston, admitió que presentó un informe falso en donde había dicho que supervisó varias veces al inmigrante ecuatoriano de 58 años. En esos días, más de mil guardias de seguridad no trabajaron porque se declararon enfermos.

“Por eso no atendieron a mi esposo”, dijo Luz Guamán. “Ahora estoy triste y sola”.

“Es un caso en el que los empleados de DOC no hicieron su trabajo y crearon falsos documentos para cubrir su conducta errónea”, dijeron los abogados Joel Wertheimer y Ali Najmi. “Fueron indiferentes a su problema metal y físico y hubo negligencia”.

La demanda de la familia Gualipa se produce cuando Louis A. Molina, comisionado de correcciones, planea una gran reforma para evitar que el gobierno federal tome control de Riker’s Island. Tiene plazo hasta este mes.

Gualipa es uno de los 16 prisioneros que murieron en el 2021. Este año han muerto 18, incluyendo Gilberto García de 26 años, al parecer de sobredosis.

Tomás Carlo Camacho, 48, también murió esposado en su celda de Riker’s Island el 3 de marzo del 2021. Los guardias tienen que observar a los prisioneros con problemas mentales cada media hora y no lo hicieron en el caso de Camacho.

“En varias ocasiones pude haber llamado a la policía, pero tenía temor de lo que pudiera pasar con mi esposo”, dijo Guamán. En agosto del año pasado, luego de otra agresión de su esposo Gualipa, “entonces decidí llamar a la policía para que lo ayudaran, pero terminó muerto”.

Gualipa tampoco pudo pagar una fianza para salir libre.

“Si hay problemas de violencia doméstica, no van a llamar a la policía porque miren lo que lo pasó con mi esposo”, dijo Guamás.