
La aceleración del calentamiento global puede estar afectando la salud pública de forma más dramática de lo que imaginamos. Crédito: Pexels.com
Los expertos en salud pública llevan décadas preocupándose por el cambio climático, pero la aceleración del calentamiento global ha llevado ahora a reexaminar hasta qué punto nuestros pecados con los gases de efecto invernadero pueden estar afectando a nuestra salud y bienestar. El aumento de las enfermedades relacionadas con el calor y las enfermedades infecciosas, la menor calidad del aire, la inseguridad alimentaria e hídrica y el mayor riesgo de catástrofes naturales son algunas de las formas en que el cambio climático está causando estragos en nuestra salud mental y física.
El aumento de las temperaturas amplifica el ritmo y la intensidad de las olas de calor, provocando agotamiento por calor, insolación y agravamiento de enfermedades preexistentes. Las personas vulnerables, como los ancianos, los niños y los enfermos crónicos, corren mayores riesgos. Según una reciente actualización de Lancet Countdown, las muertes por calor podrían aumentar un 370% en los próximos años si no se reducen significativamente las emisiones de carbono. Las enfermedades infecciosas encuentran condiciones favorables para desarrollarse. Las temperaturas más cálidas amplían el ámbito geográfico de insectos portadores de enfermedades como mosquitos y garrapatas, lo que provoca la propagación de enfermedades como la malaria, el dengue, la enfermedad de Lyme y el virus de Zika.
La calidad del aire empeora a medida que el cambio climático incrementa la formación de smog, desencadena incendios forestales y aumenta el polen. Estos factores agravan afecciones como el asma y las alergias, provocando más enfermedades respiratorias. La inseguridad alimentaria e hídrica se debe a la alteración del régimen de precipitaciones, que afecta al rendimiento de los cultivos y a la disponibilidad de agua. Las sequías, las inundaciones y los fenómenos meteorológicos extremos perturban la producción de alimentos, provocando malnutrición y escasez. Las fuentes de agua contaminada por inundaciones o saneamiento deficiente provocan enfermedades transmitidas por el agua.
Además, la salud mental se ve afectada por el coste psicológico de las catástrofes relacionadas con el clima, la pérdida de medios de subsistencia, los desplazamientos y una inminente sensación de incertidumbre sobre el futuro. La ansiedad, la depresión y los trastornos de estrés postraumático se observan cada vez más en las comunidades afectadas.
Es importante identificar los vínculos entre el cambio climático y la salud pública, pero mitigarlos es harina de otro costal. Los responsables políticos están enfrentando estos retos. Mejorar la vigilancia de las enfermedades, los sistemas de alerta temprana de fenómenos meteorológicos extremos y la capacitación de los centros sanitarios para hacer frente a un mayor número de pacientes. Aplicar políticas y prácticas respetuosas con el clima.
Aplicando políticas sólidas, fomentando la resiliencia de las comunidades y dando prioridad a la salud pública en los planes de acción climática, podemos construir un futuro más sano y resiliente.



