Eduardo Guevara con máscara y poniendo pisos en NY. Foto cortesía

Por Luz Karine Vargas  
Eduardo Guevara es un hombre de 38 años de edad que lleva 25 viviendo en la ciudad de New York. “Llegué cuando mi sobrino tenía un mes de nacido, en el año 1995”, dijo Guevara intentando recordar esos años, que según él se fueron en un parpadear de ojos.

Aunque aparentemente parezca un hombre esquivo, en el fondo está lleno de nobleza y esto se confirma al escucharlo hablar de su fiel compañía. “Mi hija tiene 12 años, la tengo desde que nació, la traje de Ecuador y ya está anciana, un poco ciega y casi calva pero ella es la que alegra mis días, no quiero imaginar el día de su partida”, dijo Guevara refiriéndose de su perra llamada Princesa.

“Desde que llegué me dediqué a la construcción y en la primera compañía que recuerdo haber entrado, ponía pisos y me pagaban en esos años 140 dólares semanales”, recuerda Guevara. Así fueron sus primeros años de aprendizaje en esta rama de la construcción. Poner pisos no es fácil y muy agotador.

“En esa misma compañía aprendí a utilizar la maquina pequeña y me subieron el sueldo, en ese puesto duré siete años, en donde estuve estancado porque no me superé”, reconoce Guevara. Entonces llegó el momento de tomar una decisión sobre su vida laboral: cambiar de compañía.
En esos años Guevara dijo que conoció a la persona con la que quería pasar el resto de su vida. “Ella era del mismo país mío, me casé con ella y nos fuimos a vivir juntos, pero lastimosamente, nueve años más tarde y debido a diferentes circunstancias, nos divorciamos y desde entonces no he vuelto a tener una relación formal”, añadió Guevara sobre su vida sentimental.

Un día, como por cosas de la vida, Guevara dijo que un amigo le recomendó una compañía distinta pero él dudoso no asistió a la entrevista. “Tiempo después, cuando me decidí, fui y allí me apoyaron, fue donde me superé laboralmente como no hubiera podido imaginar, aprendí hasta la más mínima cosa, hasta que fui capaz de colocar el piso que yo quisiera, de la manera que quisiera y del color que quisiera”, dijo Guevara con una sonrisa sarcástica en su rostro.

“Ahora también hago algunos trabajos independientes, es por eso que la pandemia no me afectó, solo descansé dos semana y continué laborando”, dijo Guevara complementando que todo lo nuevo que aprende lo aplica a su pequeña casa que ha sido fruto del esfuerzo de toda su vida.
“Ya llevo en esa compañía 12 años. Junto a diseñadores hacemos un muy buen trabajo”, dijo Guevara con satisfacción. Colocar pisos requiere de mucho esfuerzo físico, pero siempre ha estado dispuesto a hacerlo para ayudar a la familia que lo espera en su país natal.