
A Silvia Aguiar, madre de seis hijos, le gusta pintar y demoler paredes. Foto Marcela Alvarez
Por Marcela Álvarez —
“No sabía el potencial que tenía, pero ahora ya lo sé”. De hablar firme y decidido, Silvia Aguiar cuenta su historia mientras se acomoda el casco protector. De enfermera en su natal Ecuador, y luego en España, pasó a ser obrera de la construcción en Nueva York. En la ciudad de la reinvención, Aguiar comenzó de cero cuando llegó en 2018 desde Madrid. Vive en Queens y trabaja en Manhattan.
“Yo pensé que solamente podía servir en el campo de la salud, como lo hice antes, pero aquí en Nueva York he visto que mi potencial es diferente y que también puedo hacer más cosas”, dijo Aguiar en un evento reciente de New Immigrant Community Empowerment (NICE), la organización pro derechos de los obreros inmigrantes en esta ciudad. “Soy la primera mujer que NICE envió a trabajar en demolición”, cuenta orgullosa esta madre de 6 seis hijos. “En aquellos años no había televisión”, dijo con una sonora carcajada.
“Cuando escuché la palabra ‘demolición’ fue algo que primero me asustó, pero igual me lancé y no tuve más miedo. Luego me di cuenta que podía manejar muy bien las herramientas, como la pala, llenar cubos de cemento, y así fui aprendiendo. Soy muy resistente. Mis compañeros me felicitan por eso”, añadió Aguiar. “Soy también deportista, me gusta correr en el parque de Flushing. Me hace sentir bien y me ayuda a recuperar energías y poder trabajar”.
Aguiar ha mejorado su inglés y dijo que la mayoría de sus compañeros de trabajo son afroamericanos. Enfrentó el machismo, aunque ahora la respetan y admiran por su dedicación.
“La verdad que cuando entré en la construcción fue muy duro, pero me dije ‘soy mujer, vine a trabajar y aquí estoy’. Estoy muy contenta porque ahora soy pintora y he aprendido de todo, a pintar y demoler”, dijo Aguiar sobre su rutina laboral.
“A muchas mujeres les pregunto ‘¿por qué trabajas limpiando casas, o cuidando niños?’ En construcción podrías ganar más. El salario mínimo es $20 la hora, y a veces más. Pero también sé que no es un oficio para todas”.
En Madrid vivió 20 años y obtuvo la ciudadanía española, al igual que sus hijos. Su tono al hablar revela esa etapa en España. “Es un país lindo, fue una experiencia muy positiva. Mis hijos viven allá, cada uno tiene su vida. Trabajé en ASPAYM, que es una fundación para enfermos con lesiones medulares. Esa experiencia pienso me ha ayudado en la construcción porque al movilizar al paciente ejerces la fuerza, por eso aquí tengo mucha resistencia y puedo aguantar”.
Por esas vueltas del destino Aguiar dejó la enfermería y encontró un nuevo espacio en la construcción. No se arrepiente. “Trabajar en este oficio es demostrar lo que eres y la fuerza que ejerces en ti misma. Gano bien como para vivir en Nueva York. Estoy contenta y no dejaría este trabajo. Ya no regreso a ser enfermera, aunque siempre será mi pasión”, concluyó esta simpática mujer.


