Moisés Abrego dice que Uber le salvó la vida. El salvadoreño de 61 años que vive en Ozone Park, Queens, viene trabajando con Uber desde el pasado noviembre. Desde entonces ha podido rehacer su vida después de estar desempleado por casi un año y medio tras perder su trabajo de representante de ventas en Optimum a causa del Huracán Sandy.
Su pequeño negocio, como él lo ve, es ahora un Mazda 6 gris del 2013. “No es un trabajo en el que uno tiene que depender de alguien”, dice Abrigo. “Es como tener su propio negocio y siendo bien manejado, es solvente”.
A la semana, Abrego gana de $700 a $800. “Este es el único trabajo que me está dando lo que yo ganaba antes como representante de ventas”, dijo Abrego. “Esto es lo que voy a hacer hasta que no pueda trabajar”.
Uber no es dueña de los taxi. La compañía solo conecta a los usuarios de taxis con los choferes a través de una aplicación para teléfonos inteligentes. Los usuarios con la aplicación simplemente piden el taxi y los choferes conectados al sistema Uber van a recogerlos. La aplicación permite al usuario ver la información del chofer y le permite al chofer determinar en qué partes de la ciudad hay más demanda para sus servicios.
El servicio le permite a choferes inscribirse para recoger pasajeros a cualquier hora. Después de verificar sus datos (ver si tienen licencia para manejar taxi del Departamento de Taxis y Limosina), la compañía los vuelve “conductores asociados” y cobra alrededor del 20% de la tarifa del viaje. Uber garantiza que los conductores pueden ganar $30,000 en lo que resta de este año “o les pagamos lo que les falte”.

Uber es una aplicación para teléfonos celulares que sirve para solicitar un taxi, cualquier tipo de taxi.
Las ventajas para Abrego son muchas. Él solo trabaja cuando puede y tiene tiempo para su familia. Una semana solo trabajó cinco horas y uso el tiempo extra para ir a Washington, D.C. y ver un partido del Barcelona. “Nunca yo imaginé que iba a estar manejando taxi, me ha caído como una bendición y eso que no soy religioso”, dijo.
Las prácticas de Uber han revolucionado la industria de taxis de Nueva York y latinos como Abrego se están aprovechando de esta nueva tecnología que ha roto el monopolio de taxis en la ciudad.

No todos están contentos. Protestas de las compañías de taxis y taxistas con medallón hicieron que la ciudad planeara poner un límite al número de vehículos Uber en las calles. La compañía decidió contratacar con protestas, comerciales y una campaña de desprestigio contra el alcalde Bill de Blasio, acusándolo de querer quitarle el trabajo a los conductores en los condados aledaños a Manhattan.
Después de varias semanas, Uber y la ciudad llegaron a un acuerdo un día antes de que el Concejo Municipal votara sobre la medida. La ciudad acordó que limitará el número de taxis Uber a cambio de que esta compañía haga sus vehículos más accesibles a la gente con discapacidades y participe en un estudio sobre el impacto en el medio ambiente.
“La tecnología está haciendo que los negocios cambien”, dice el empresario Eduardo Giraldo de Jackson Heights. “La industria de los taxis amarillos está peleando con los poderes políticos y los bancos que son los que financian estos medallones”.
Por años el medallón era una buena inversión. Un medallón es básicamente el derecho a poder detenerse en cualquier lugar cuando una persona solicita un taxi en la calle. La ciudad usa los medallones como una forma de regular el mercado de taxis en la ciudad.
En los últimos años, el precio de los medallones se ha devaluado y algunos taxistas deben mucho más de lo que vale el medallón. El valor de un medallón en la Ciudad de Nueva York calló de $1.3 millones el año pasado a solo $750,000 en la actualidad.
A Abrego no le importa y argumenta que muchos de los que compran medallones no son individuos sino empresas grandes que ahora están perdiendo dinero a causa de la devaluación causada por la competencia con Uber. “Obviamente lo que Uber está haciendo es algo bueno, es algo eficiente”, dijo Abrego. “Millonarios son millonarios. Si pierden cuatro millones, ahí tienen más”.
Muchos de los dueños de medallones han elegido declararse en banca rota para no tener que pagar más por el medallón. El empresario que fue el mayor dueño de medallones, Evgeny Friedman, ahora es dueño de 46 taxis después de perder la mayoría por su deuda con el banco y un divorcio. Friedman recientemente se declaró en banca rota citando la enorme competencia de Uber.
Por el contrario, Uber sigue creciendo. Según cifras de Uber, ya hay más de 7,500 conductores asociados en Queens y hacen 600,000 viajes en Queens cada mes. En Nueva York hay 25,000 nuevos pasajeros de Uber cada semana.
“Yo creo que Uber va a ganar porque no está haciendo nada ilegal”, dice Giraldo. “Los carros son nuevos y los conductores tienen licencia”.
Pero tal vez lo que le pasó a los taxis amarillos sirva de advertencia a toda la industria de los taxis. Por el momento, Uber no regula el número de vehículos que saca a las calles. “Supongo que como todo mercado se va a saturar y van a tener que poner un límite”, dijo Abrego.
Giraldo es más positivo: “Después de la tormenta vendrá la calma y habrá espacio para todos en la industria”, dijo.
Pero Abrego está contento con Uber y sus beneficios. La demanda es grande y crece en los condados fuera de Manhattan donde muchos de los carros amarillos no van. Abrego dice que “nada dura bajo el sol” y quizás salga algo nuevo que revolucione otra vez la industria. “No creo que pase en los años que me quedan para trabajar”.
Percy Luján
