
Mari Vargas jugando parqués en el Golden Spring Adult Day Care. Foto Víctor Lagos.
Por Víctor Lagos —
La encontramos jugando parqués alrededor de una mesa. Tiraba los dados sobre el tablero para ver qué números salen y poder avanzar sus fichas.
“Hay otros juegos como dominó, rummy club, pero yo no sé cómo jugar, en cambio el parqués sí, porque es colombiano y todos lo aprendemos a jugar”, dijo Mari Vargas esperando la hora del almuerzo en el centro para adultos Golden Spring Adult Day Care.
El parqués es un juego de mesa de origen colombiano, que se juega con dos dados. El objetivo del juego es dar una vuelta entera con todas las fichas. Como la vida.
“Yo me llamo Mari Vargas, llegué el año 2004, tengo 6 hijos, 19 nietos y 11 biznietos”, agrega contenta y feliz al hablar de su familia.
“Soy de Bucaramanga, Colombia y en 1970 me fui a Venezuela porque el bolívar estaba igual que el dólar, y compré un ranchito donde criaba marranos, gallinas y a todos mis hijos les di casa en Venezuela. En Caracas viví en el barrio Bonilla, calle 10 con carrera cero”, agrega Vargas sobre su vida antes de llegar a la ciudad de Nueva York.
¿Cómo la ha tratado Nueva York?
Lo mejor que he visto en mi vida. Llegué donde mi hija porque ella me pidió. En el hospital me estiman, me quieren. Allá me hicieron exfoliación para quitarme el cáncer.
“Cuando llego a este centro para adultos se me olvidan todos los problemas, soy feliz y más cuando hay baile. Doy gracias a la señora Lucy que me recibió con mucho cariño”, dijo Vargas al referirse a la administradora de Golden Spring Adult Day Care.
“El transporte me lo proveen aquí dos veces por semana y los otros días me vengo en el Q29, nunca me he perdido porque soy muy inteligente, muy viva”, dijo Vargas cuando le preguntamos cómo llega al centro ubicado en la calle 81 a pocos pasos de la Roosevelt Avenue.
Le gusta cocinar y le encanta preparar pescado y sopas. El pasado 6 de marzo cumplió 77 años. Dijo que se ve más vieja por todos los problemas que la han aquejado.
La Navidad la pasó en la casa de su hija que compró hallacas para la cena. “Pero ojo, yo sé hacer los tamales de Bucaramanga y todos los domingos voy a misa a la iglesia que está cerca de mi casa”, concluye diciendo Vargas con mucha nostalgia de Latinoamérica.

