Si aprendes a controlar y manejar la ira puedes mejorar tu vida.

No queremos hablar de la ira porque aparte de hacernos sentir mal, creemos que las personas “buenas” o «espirituales» no se enojan. Esta es una emoción de una baja vibración y buscamos por todos los medios reprimirla. Es esta la creencia que más nos afecta.

La ira es una de las más poderosos emociones. Es una de las emociones más catárticas o purificadoras, así como una importante fuente de auto-empoderamiento.

Puede ser un poderoso aliado, ya que está llena de energía que podemos aprovechar y utilizar para crear un cambio en nuestro mundo. La ira puede empoderarnos cuando estamos enojados. A menudo somos capaces de cosas que no podemos hacer cuando no sentimos ira. A veces se necesita mucho de la ira para que hagamos un movimiento en nuestras  vidas.

Lo que no está bien es que necesitemos de la ira para avanzar o tomar decisiones.

Sin embargo, cuando se convierte en un hábito, en realidad pierde su poder de transformar y se convierte en un obstáculo para el crecimiento. Nos quita poder cuando nos sentimos impotentes, incapaces y enojados con nosotros mismos.

Muchas veces optamos por ocultar y reprimir nuestra ira, que de alguna manera volverá a surgir con mayor fuerza. Nos enseñaron desde niños a reprimirla.  Cuántas veces escuchamos decir que los niños buenos y educados no se enojan. La negamos porque creemos que no es bueno expresarla, o que no debemos enojarnos con determinadas personas. Es importante que encontremos maneras saludables de honrar y reconocer nuestra ira, recordando lo peligroso que es reprimirla.

Lo que nos hace enojar está apuntando hacia donde tenemos importantes lecciones de vida que debemos sanar. Recordemos que el universo, las persona y las situaciones son el espejo que nos muestra lo que hay dentro de nosotros, pudiendo usar nuestra ira como un mecanismo de empoderamiento y un camino a la sanación.

No  juzgues tu ira ni te juzgues y no te sientas mal por tener esta emoción, reconócela y acéptala porque negarla o reprimirla no te hará ningún bien.

Albergar la ira, manteniendo todo en el interior, es como dice el refrán, «beber veneno y esperar a que el otro se muera”. La ira se alimenta a sí misma, cuanto más rabia tienes más ira tendrás.

Puedes hacer que tu ira se convierte en esa herramienta poderosa que te permita cambiar tus creencias, pensamiento y acciones.

Tú eliges cuánto tiempo te quedas con la ira, quizás toda la vida, o que se convierta en tu mejora aliada. La ira no ofrece poder, pero si te puede impulsar al cambio. Debemos recordar que el propósito de vida es sanar.

Y cuando optamos por utilizar la ira como un trampolín para una vida más plena, gozosa y en paz, también podemos perdonar a las personas y situaciones que crearon la ira. Es un proceso de perdón y liberación.

El perdón ha sido mal entendido. La mayoria no perdonamos porque creemos que así tenemos control o poder sobre la otra persona y que le estamos haciendo un favor al otro.

Pregúntate si quieres ¿ganar o vivir en paz? Es tú decisión.

Visite aquí el canal de videos de la motivadora Stella Duque.