
Hay que tomar la decisión de cambiar de vez en cuando para buscar la mejor versión de nosotros mismos. Shutterstock
Hay momentos en la vida que nos invitan a empezar algo nuevo. El comienzo del año, terminar un ciclo escolar, dejar un trabajo o cambiar de casa. Todos estos momentos nos impulsan a empezar de cero. Su ventaja es que traen consigo la energía de ese evento, creando una ola de cambio a nuestro alrededor que podemos aprovechar.
Pero podemos elegir empezar de nuevo en cualquier momento. En cualquier momento podemos decidir que un mal día o una relación que ha empezado con mal pie necesita un relanzamiento. Es un cambio mental que nos permite hacer borrón y cuenta nueva y abordar cualquier cosa con una perspectiva fresca. Podemos tomar esa decisión en cualquier momento.
Comenzar de nuevo es más poderoso cuando centramos nuestra atención en lo que elegimos crear. Prestar toda nuestra atención a los aspectos no deseados de nuestra vida, permite que persista todo aquello a lo que nos resistimos.
Debemos siempre recordar que dejar suficiente espacio en el proceso de nuevos comienzos es ser amables con nosotros mismos. Lleva tiempo acostumbrarse a algo nuevo, por mucho que nos guste. No hay necesidad de desanimarse si no alcanzamos nuestras nuevas metas al instante. En cambio, debemos reconocer el avance, sabiendo que con cada decisión aprendemos, crecemos y avanzamos en una dirección positiva.
Decidir que queremos empezar de nuevo tiene su propia energía.
El impulso hacia adelante crea una especie de vacío tras de sí, atrayendo todo lo que necesitas para seguir avanzando en la dirección elegida. Una vez que el viaje ha comenzado, puede dar giros inesperados, pero nunca termina realmente. Como los ciclos en la naturaleza, hay períodos de crecimiento evidente y períodos de letargo que indican un tiempo de espera para el momento oportuno.
Cada vez que elegimos empezar de nuevo, nos dedicamos a convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos.


