El congresista demócrata Charles Rangel en el Desfile Puertorriqueeño.

El congresista demócrata Charles Rangel, acusado por el Comité de Etica del Congreso, no negoció y decedió enfrentar los 13 cargos de corrupción que le fueron presentados este jueves. Sus amigos en el partido demócrata esperaban que se declarara culpable de algunos cargos y así evitar mayores problemas con un juicio.

Rangel podrá ser expulsado por robarle al gobierno, no pagar impuestos y recibir contribuciones por debajo de la manga. Práctica común entre demócratas de NY que les puede costar su mayoría en el Congreso.

Rangel recibió una acusación formal del Comité Etico del Congreso y dijo que está listo para enfrentar los cargos en la corte. Tiene 80 años y la mitad de su vida ha vivido de la política. Representa a Harlem, en Manhattan, y tiene mucho poder en la Gran Manzana. Entre los demócratas es un líder, inclusive a nivel nacional, y la comunidad negra siempre lo ha visto como uno de sus guías.

Sin embargo, se vio obligado a renunciar el pasado marzo de la presidencia del Comité de Medios y Arbitrios (Ways and Means) que hace recomendaciones al Congreso para obtener ingresos.

Al parecer a Rangel le encantan los dólares porque ha sido acusado de viajar al Caribe con el dinero de las corporaciones que “contribuyen” a sus programas. También tiene varias casas y apartamentos en los Estados Unidos por las cuales “se me olvidó pagar impuestos”.

Posee otra casa vacacional en República Dominicana que compró con el dinero de los contribuyentes y no colocó en la lista de propiedades cuando pagó sus impuestos. “Un error del contador”, dijo olímpicamente. Pero sus “errores” han sido por años y años.

Tampoco pudo explicar por qué tenía cuatro apartamentos de renta controlada en Harlem y por qué le dio la oportunidad a la petrolera Nabors Industris de no pagar impuestos, cuyo CEO ha donado miles de dólares a sus campañas de reelección. Por muchos años, Rangel no reportó miles y miles de dólares en el documento que tienen que firmar los congresistas para mostrar su “pulcritud política”.

La noticia de su acusación ha viajado rápido en todo el país y en especial en Harlem. La gente ha manifestado a la prensa que están cansados de tanta corrupción y que Rangel debe pagar por su falta de ética. Prácticamente ya lo condenaron en los alrededores de la calle 125, también conocida como Matin Luther King, el ex líder negro de los derechos civiles.

El asambleísta Adam Clayton Powell IV quiere la silla de Rangel este año.

El político puertorriqueño Adam Clayton Powell IV, quien actualmente es asambleísta de El Barrio en Manhattan, quiere apoderarse de la silla de Rangel en las elecciones primarias del partido Demócrata este septiembre. Lo irónico de la vida es que Rangel le ganó en 1970 al padre de Powell, quien terminó su carrera en desgracia, por el mismo camino que va Rangel en estos días.

Rangel es un político que se pasea por Latinoamérica esgrimiendo su ética y su entrega a los intereses del pueblo, pero su estatura política se está cayendo a pedazos.

“Las noticias para Rangel son muy malas, la investigación ha hallado cosas horribles y este político va camino a la expulsión”, dijo Melanie Sloan de los Ciudadanos por la Responsabilidad Etica, una organización con sede en Washington.

Mal ejemplo. Charle Rangel y el ex concejal Miguel Martínez, quien está en la cárcel por usar su posición para beneficio económico propio.

Todos los políticos latinos de Nueva York le han pedido la bendición política a Rangel, quien es una figura destacada en desfiles, cenas, cortes de cinta y manifestaciones obreras. Ha vestido la cinta puertorriqueña en su desfile y también en los desfiles colombiano y dominicano, etc.

Como político también tiene su ego. Usó documentos con el logo del Congreso con el fin de solicitar dinero para un proyecto en City College que lleva el nombre de, quién más: Charles Rangel.

A Rangel le leyeron las acusaciones hace unas semanas y pudo haberse declarado culpable de algunos cargos, pero no aceptó y decidió enfrentarlos.

El comité que decidirá la suerte de Rangel, quien fue electo por primera vez en 1970, tiene varias opciones: sancionarlo, expulsarlo, multarlo o recriminarlo. Hasta ahora se ha gastado 1,7 millones de dólares en su defensa. El último congresista que enfrentó un juicio público como el de Rangel en el 2002 fue el representante de Ohio, James Traficant, y terminó en la cárcel.

Este juicio público que enfrentará Rangel estará encabezado por ocho abogados de ambos partidos políticos quienes actuarán como jurados y deberán encontrar “claras y convincentes evidencias de culpabilidad”.