
Los inmigrantes debe de cuidar su salud física y mental.
En barrios como Queens, donde miles de trabajadores migrantes sostienen la economía desde cocinas, hospitales, calles y hogares, el estrés laboral es una carga silenciosa que muchas veces se normaliza. Quienes trabajan largas jornadas como empleados de limpieza, construcción, deliveries o cuidados en el hogar, enfrentan no sólo exigencias físicas, sino también presiones emocionales y económicas que afectan su bienestar integral.
El estrés crónico puede manifestarse en dolores de cabeza, fatiga, insomnio, ansiedad, o incluso enfermedades del corazón. Muchos trabajadores latinos, además, enfrentan barreras idiomáticas, miedo a perder el empleo o falta de acceso a servicios médicos, lo que agrava la situación.
¿Cómo proteger la salud en medio de estas realidades? Primero, es fundamental reconocer las señales del cuerpo. El cansancio extremo, la irritabilidad constante o los problemas para dormir no son normales. Son mensajes de alerta. Dedicar unos minutos al día para respirar profundamente, caminar, estirarse o simplemente desconectarse del celular puede marcar la diferencia.
También es importante crear redes de apoyo. Hablar con compañeros, vecinos o grupos comunitarios ayuda a aliviar tensiones. En Queens existen organizaciones que ofrecen asesoría legal, servicios psicológicos gratuitos y talleres de bienestar en español. Buscar ayuda no es señal de debilidad, sino un acto de fortaleza.
Cuidar la alimentación y dormir al menos siete horas por noche fortalece el cuerpo y la mente. Aunque parezca difícil, hacer pequeños cambios —como reducir el café, tomar más agua o comer más vegetales y frutas— puede mejorar la energía y el ánimo.
Finalmente, hay que recordar que el trabajo no define nuestro valor. La dignidad no se mide por el salario ni por el idioma que se habla. Todos merecemos vivir con salud, respeto y bienestar.
PAOLA ANGEL / HEALTH COACH




