Paco Parreño en La Nacional de la calle 14 de Manhattan que fue creado en 1868. Foto archivo

Los sabores inspirados en la geografía ibérica son la receta mágica con la que Paco Parreño ha conquistado no sólo el paladar, sino el corazón de quienes han tenido el gusto de cenar en La Nacional. Desde los paisajes valencianos de su infancia, pasando por las encantadoras y agrestes tierras cantábricas, hasta las melódicas inspiraciones andaluzas, no existe ninguna región que se salve de inspirar su talento para convertirlo en un verdadero embajador de la cultura española a donde quiera que vaya.

Para las nuevas generaciones de hijos de españoles o de hispano-parlantes en Nueva York, provenientes de diversos países, el edificio de la Sociedad Benevolente Española tal vez no signifique mucho más que un lugar de reunión casual con un cierto sabor europeo. Sin embargo, la tradición que habita este edificio sobrepasa el siglo y medio de historia. Así mismo lo es el restaurante que en su planta baja ha servido a la comunidad por décadas: La Nacional, y allí, detrás de su moderna cocina abierta al público, encontramos al Chef Paco Parreño.

Paco nos cuenta que, para él, la comunicación se establece a través de la comida. Algunas de las conversaciones más profundas, dice, las ha tendido a partir de un gesto o la reacción a una de sus creaciones que en la boca de sus clientes se transforma en discursos de sensaciones, de texturas, olores y sabores. El arte que nos brinda Paco Parreño, como él mismo lo describe, es sencillo: “Llevar el discurso de mi propia cultura a donde vaya, a través de la gastronomía”.

La reputación de la Sociedad Benevolente Española, que sobrepasaba los mil miembros en las primeras décadas del siglo pasado, fue la de un club solidario con los inmigrantes españoles de la antigua “Pequeña España”, sus familias y las de los hispano-parlantes de la época. Lo que en su momento fuera una de las comunidades más unidas y prósperas de Nueva York en el área de Chelsea, hoy pareciera haberse rendido a los fenómenos característicos de la gentrificación y en otros casos de la repatriación; mientras tanto, el edificio de La Sociedad se mantiene erguido y fiel a su misión, frente a los retos del tiempo y de las nuevas tendencias, al servicio de las nuevas generaciones de españoles e hispano-parlantes gracias sus directivos y en el restaurante, al talento inigualable de Paco Parreño.

El Chef Paco Parreño frente a La Nacional que mantiene las trediciones de España. Foto Daniela López

A través de los años, lo que antiguamente se denominó como la “garita”, que atendía a los socios y amablemente a quienes faltos de alimento, se acercaban a la sociedad. También ha sido el comedor de quienes tuvieron la fortuna de hospedarse allí, por necesidad o por invitación, como lo fueron personalidades de la talla de García Lorca, Dalí o Picasso, entre otras. Este mismo comedor es el que a fines de mil novecientos, con el nombre de La Nacional fue ampliamente reconocido como el restaurante español ‘de la comunidad’, donde se mezclaban el arte, las tapas, el vino, la cerveza, la cidra, el naipe español y el dominó.

La Nacional que, “Abiertas tiene sus puertas a todos”, tal y como se lee al entrar, ha sido responsable, en gran parte, de ser embajada cultural española en Nueva York, a través del arte y principalmente de la gastronomía. Hoy por hoy, bajo el liderazgo de Paco Parreño, las puertas se mantienen de par en par dando la bienvenida a los comensales de todo el mundo en la Gran Manzana.

Ramiro Antonio Sandoval