
Bill Jack Machado trabajando en construcción en la ciudad de Nueva York. Foto Marcela Alvarez
Por Marcela Álvarez. —
Contrario a la mayoría de los hombres, a Bill Jack Machado no le importa tanto el fútbol. “Lo mío es el campo, los caballos, las competencias de toros coleados, es el único deporte que me ha gustado de corazón, toda mi vida”, dijo Machado a pocos días del mundial en Catar. Aunque quiere que gane Brasil. “Si estoy en mi cama y juega mi país, Venezuela, lo veo y me emociona mucho. Brasil siempre me ha gustado porque ha tenido grandes jugadores como Ronaldo y me gustaría que gane”.
Machado se graduó de ingeniero agrónomo y la crisis lo obligó a salir de Venezuela. Tiene 5 hijas, 4 viven en Colombia y una en Nueva York.
A principios de 2022 inició el trayecto rumbo al norte. Salió de Colombia por mar hacia Panamá y luego perfiló rumbo a México. “El trayecto duró un mes, caminando por la selva, donde hasta un lápiz te pesa, vas despojándote de todo, te quedas casi sin nada”, dijo Machado.
Tras cruzar la frontera llegó a Texas y la policía local lo envió a Nueva York. En el aeropuerto LaGuardia nadie lo esperaba. Un samaritano colombiano le dio $50 dólares y le dijo, “vas a dormir en el tren hasta que amanezca”, y así fue. “Pero no aguanté mucho, el olor era insoportable”. Luego deambuló hasta terminar en un barrio “donde pensé que había llegado al infierno”. Machado recuerda con afecto a una mujer policía, “creo era puertorriqueña, catira ella, que me ayudó cuando me sentía de lo más solo”.
El primer oficio que tuvo fue de lava-carros en El Bronx. Ahí conoció a una señora que lo conectó con un grupo de venezolanos que hacían demolición y otras faenas. “Ella me dejaba dormir en la ‘van‘. Yo no tenía donde ir”, recordó Machado.
De su mochila extrajo orgulloso los certificados del curso de OSHA que aprobó. “Yo trabajaba en construcción en Venezuela, esto no es nuevo para mí. Allá aprendí a manejar máquinas pesadas, por ejemplo, trabajé con una compañía china que fue a construir un ferrocarril”, dijo Machado.
¿Por qué es bueno y necesario tomar el curso de OSHA?, le preguntamos. “El curso es de cuarenta horas en nueve días. Sí, es pesadito. Se aprenden muchas cosas, como a valorar el trabajo y a ti mismo, es muy importante por la seguridad dentro de la obra, conocer bien las herramientas de trabajo, señalizaciones y prevención de accidentes, equipos de seguridad que hay que colocarse después de cierta altura, aprendemos sobre los derechos y deberes del trabajador ante el patrón, como el respeto al pago, el alcohol, las drogas. Pero en las obras donde trabajé no he visto nada de eso. El curso te ayuda a estar más tranquilo”, Machado añade.
Machado vive en un hotel refugio en Jamaica, sobre Archer Avenue, donde tiene su propia habitación, las 3 comidas diarias, y un poco de paz. Desconoce cuánto tiempo estará ahí. Dice estar muy agradecido con la Gran Manzana.
Desea seguir aprendiendo y está tomando clases de andamios y “framing” de paredes. La meta es tener su propia compañía. “Mi sueño es primeramente organizar mis papeles, mis documentos, y vivir legalmente en Estados Unidos. Luego, si me quedo en Nueva York, quiero registrar una empresa de demolición y limpieza. Pero, si me mudo a Florida o California me gustaría colocar un negocio de queso y productos lácteos, porque soy ingeniero agrónomo y conozco bien de la materia”, dijo Machado con ilusión.

Machado, dijo ser fiel creyente del Evangelio y asistente de una iglesia cristiana que lo mantiene “siempre positivo”, espera conseguir asilo político y para eso necesita la ayuda de un buen abogado de inmigración que se solidarice de su caso.

