Juanita Sumarriva alimenta su espíritu con el mar y la naturaleza. Foto Lipariri

Por Marcela Álvarez

En el 2007, Juanita Sumarriva recibió un regalo, mejor dicho “fue un golpe de suerte, nunca ganaba nada en las rifas y de repente salí favorecida en el sorteo de lotería de visas para Estados Unidos. Cuando me llegó la carta, la leí pero como que no entendía mucho, no me lo creía”, dijo Sumarriva.  Por entonces vivía en Lima, Perú.

Sumarriva se preparó para el viaje al norte. “Llegué sola, no conocía a nadie.  En Lima, una amiga profesora me recomendó con su hermano que ya vivía acá, casado con otra peruana y su hijita”, recordó Sumarriva.

Entre temores e ilusiones llegó a Mineola, Long Island. “Luego de un mes, el hermano de mi amiga, un día, me preguntó, ‘¿hasta cuándo te vamos a ayudar?’ Eso me chocó y dolió mucho. Entonces fui a una agencia de empleo, les dije desesperada ‘por favor, aunque no me paguen, ayúdenme a encontrar un sitio para vivir’. Les pedí casi implorando”, dijo Sumarriva.

De tanto rogarle al cielo y de tanto buscar en la tierra, encontró una familia en Westchester. “Me daban casa, comida y no me pagaban, pero por lo menos tenía donde dormir y comida”, dijo Sumarriva. “Tenía que ayudar a cuidar a un niño autista. La señora dominicana encargada del niño después se fue a su país y la mamá del niño autista me dijo ‘si quieres te quedas, pero no te puedo pagar’”. Y se quedó.

Un día se enteró que podía trabajar como home attendant y ese fue su oficio durante años. En el 2008 llegó a vivir a un sótano en Sunnyside, Queens, por el que pagaba 250 dólares al mes.

Sabía que tenía que estudiar inglés para progresar y se inscribió en LaGuardia Community College. También se interesó por la fotografía. “En Queens encontré movimiento, mucha gente hispana y de otras culturas. Aquí me quedaré hasta cuando regrese al Perú”, dijo Sumarriva.

Recuerda con emoción y nostalgia a su mamá, Mercedes Victoria, quien falleció en 2003. “Siempre viví con ella, cuando murió entré en desesperación, no sabía qué hacer, sentía un gran vacío. Su amor era muy abnegado, se dedicó mucho a nosotros, nos alentaba a estudiar. En mi caso, me espantó a todos los enamorados, siempre quería un profesional, porque decía que necesitábamos una base sólida”, dijo Sumarriva.Esta mujer vive sola, hace ejercicio, lee, va al teatro y estudia computación. “Todos los días aprendemos, hasta el último día de nuestras vidas”, dijo Sumarriva, quien se siente joven, evita la carne roja, es vegetariana y prefiere la medicina natural.

El año pasado sufrió un accidente en Poughkeepsie. “El golpe fue horroroso, yo iba en la parte de atrás del auto y vi que el otro carro se venía encima”, recuerda Sumarriva. Las graves heridas en la columna y caderas dejaron secuelas: ya no puede volver a trabajar. “En esos momentos de dolor, lo único que repetía era el nombre de mi mamá y eso me daba fuerza para no desmayar”.

En este Mes de la Mujer, Sumarriva tiene un mensaje: “La mujer que trabaja y gana su dinero, es independiente y no aguanta a un hombre que no sirve para mucho. El trabajo es nuestra principal arma para salir adelante”.