Presidente Trump y la jueza Amy Comey Barrett.

Anthonny Scalia, un juez conservador de la Suprema Corte de Justicia, murió en febrero de 2016. El presidente Barack Obama nominó a un liberal para sustituirlo, los republicanos que controlaban el senado no lo confirmaron.

Alegaron que el presidente que resulte electo en las elecciones de noviembre, debía llenar la vacante. Los demócratas alegaron que Obama tenía derecho a llenar la vacante.

Ahora murió la jueza liberal Ruth Badel Ginsburg, el presidente Donald Trump nominó a la jueza conservadora Amy Comey Barrett para sustituirla.  Los republicanos controlan el Senado, la confirmarán, los demócratas se oponen.

Hoy los republicanos harán lo que se negaron a hacer ayer, y hoy los demócratas no quieren que se haga lo que ellos querían hacer ayer.

Esta claro, estos tipos solo actúan por pura conveniencia.

Aquí no hay principios, ideologías, diferencias ni patriotismo, republicanos y demócratas están unidos un oportunismo orgánico.

Y lo peor de todo el asunto es que todavía hay quienes dicen que unos son mejores que los otros, como si necesitaran desesperadamente aferrarse a una esperanza inútil.

Los demócratas llevan las de perder porque parecería ser que hay una conspiración cósmica contra ellos.

Cuando tuvieron la oportunidad de designar un juez, no tenían los votos necesarios, ahora se oponen a una designación, pero le faltan votos.

Los demócratas parecen impulsar la vieja consigna: “seamos razonables, demandemos lo imposible”, por eso exigen que Trump, un conservador, designe a una jueza “liberal” para complacerlos a ellos.

Ahora Trump, con la jueza Comey Barret, habrá designado tres jueces en un solo período presidencial.  Controlará seis de los nueve jueces de la Suprema Corte de Justicia.

Esos jueces son jóvenes, el empleo es vitalicio, asegurando que  Trump tendrá gran influencia sobre todo el sistema legal nacional por las próximas dos o tres décadas.

QUIEN ES LA JUEZ AMY COMEY BARRET, NOMINADA A LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

Amy Coney Barret, la nominada a la Corte Suprema de Justicia por el presidente Donald Trump, es una joven jurista que asistió a colegios católicos, se graduó de la universidad con honores, luego estudió derecho, en lo que también se distinguió, para pasar luego a ser la asistente de uno de los magistrados más conservadores de la Corte Suprema de Justicia.

Su experiencia en el banco judicial es limitada: tres años en una corte de apelaciones. Lo que no le hace falta es conocimiento tras más de 15 años de ser profesora de Derecho y la experiencia para enfrentar duros cuestionamientos de senadores que discrepan con su filosofía: su audiencia de confirmación para la corte de apelaciones generó fuegos artificiales que la convirtieron en la heroína de muchos estadounidenses religiosos y conservadores.

Nacida en Nuevo Orleans, en enero de 1972, Barret, una de siete hijos de un abogado de la Shell Oil Company y de una ama de casa, asistió a una escuela católica de Nuevo Orleans, el St. Mary’s Dominican High School. Luego estudió Literatura Inglesa en el Rhodes College, de donde se graduó con la distinción académica Magna Cum Laude. Luego ingresó a la escuela de Derecho de la Universidad de Notre Dame, gracias a una beca completa.

En Notre Dame también se distinguió y llegó a ser la editora ejecutiva del Notre Dame Law Review, la revista jurídica de la Escuela de Derecho, en lo que representa una distinción reservada para los estudiantes más destacados. Coney Barret se graduó como la mejor estudiante de su clase en 1997.

Tras graduarse sirvió como asistente legal del juez Laurence Silberman, de la Corte de Apelaciones del Circuito de Washington D.C. Luego pasaría a ser la asistente legal del magistrado Antonin Scalia, uno de los jueces más conservadores en la Corte Suprema. Scalia era el principal rival en la Corte, y al mismo tiempo, un gran amigo de la fallecida magistrada Ruth Bader Ginsburg, VOA