Judith Llanca González en su apartamento de Queens. Foto cortesía

Judith Llanca González llegó por primera vez a Nueva York en 1987. Su esposo, Julián González, ya vivía acá. «Él trabajó para el Departamento de Educación de esta ciudad durante cuarenta y un años», dijo González, quien tiene tres hijos, Yanka, Marcelo y Julián, todos profesionales.

En 2001 tuvo su residencia legal, gracias a la petición de su esposo. “En 2003 hice mi ciudadanía y me fui a Chile por un tiempo, luego regresé. Así he pasado, entrando y saliendo”, añadió González, de 83 años y residente de Astoria.

¿Qué hace en sus ratos libres? “Acompaño a mi hija, voy de compras, salimos a comer a un restaurant, a veces al casino. Trato de pasarlo lo mejor posible”.

González tiene artritis y es inevitable una operación en la rodilla, por las dos hernias que padece. Prefiere no acordarse de eso y pensar en lo mucho que disfruta el agua.

“Me gustaría ir a la piscina porque las piernas las siento pesadas y antes eran ligeras.  Hay un YMCA por Queens Boulevard que tiene piscina, máquinas y clases de yoga. También estoy buscando un buen centro de seniors para ir.

“Tengo un carácter muy jovial. Me gusta salir, no me gusta estar encerrada, me deprime. Sí, disfruto estar en la casa, pero prefiero salir. Mi hija me acompaña a todos lados, ella es una maravilla”.

Judith Llanca González disfrutando la vida.

La música y en particular el tango es otra de sus pasiones. Para disfrutarlo, su lugar preferido es el Círculo Español de Astoria, donde los domingos la milonga se prende para alegría de los asistentes, especialmente de la tercera edad.

A González le gusta Nueva York, aunque le incomodan los climas extremos y extraña la gente de su país. “Somos pocos los chilenos en esta ciudad y nos cuesta celebrar en multitud como lo hacen otros latinos después de los partidos de fútbol”.

El consejo de González para las personas de la tercera edad: “Deberían de regresar a sus países, de donde vinieron, ir como los salmones contra la corriente. Es duro llegar a esta edad. Mira, antes iba sola al Central Park, pero ahora ya no puedo. También les digo que salgan a hacer ejercicio, que no se queden en la casa. Deberían de colocar más ascensores en las estaciones de los trenes. En Ditmars Boulevard no hay ascensores, es un grave problema para nosotros los seniors. Yo antes iba mucho en tren, pero ahora no puedo subir las escaleras. Por suerte mi hija me ayuda. Ella es mi compañera, una gran hija”.

Marcela Alvarez