La crisis sanitaria desató una crisis económica que, sumadas al estallido de la crisis política, iniciaron un proceso de profundas transformaciones en los Estados Unidos, con implicaciones mundiales.

La combinación de crisis crea una situación muchísimo peor que la gran depresión del 1929 que cambió las estructuras económicas, políticas y sociales del país.

La pandemia mató, en 10 meses, más estadounidenses que la Segunda Guerra Mundial en seis años.

La guerra mató 405 mil estadounidenses, la primera muerte atribuida a la pandemia fue el 28 de febrero del 2020 y los muertos ya pasan de 405 mil.

A ese ritmo, podría superar los 675 mil muertos de la Influenza del 1918, que superaron la suma de todos los muertos estadounidenses en todas las guerras.

Solamente en la primera semana del nuevo año, según el Departamento del Trabajo, 1.5 millones de personas solicitaron asistencia por desempleo.

Las medidas restrictivas para prevenir el avance de la pandemia cerraron millones de negocios mientras otros operan parcialmente. Con la recesión económica, las municipalidades, los estados y el Gobierno Federal, dejaron de recaudar miles de millones en impuestos.

La ciudad de Nueva York perdió $2,500 millones en impuestos inmobiliarios, sin contar los restaurantes y otros sectores económicos, miles de apartamentos y locales comerciales siguen vacíos.

La muerte siempre cambia todo lo que toca.

La muerte de una persona cambia para siempre la dinámica interna en la vida de sus familiares y relacionados.

Hasta ahora la pandemia ha matado más de 2 millones a nivel mundial, eso tendrá profundas implicaciones en la vida de los sobrevivientes y sus instituciones.

Vienen grandes cambios

Las plagas siempre cambian todo, el mundo nunca retorna a la “normalidad” que había antes de que empezaran, cuando terminan, dejan una “nueva normalidad”.

La Plaga de Justiniano, como le llamaron a la primera Peste Bubónica en el Imperio Bizantino durante el gobierno de Justiniano, en el Siglo VI, cambió la geopolítica. De ahí nacieron todas las naciones europeas que conocemos.

Durante el resurgimiento de la Peste Bubónica en el siglo XIV cayeron los imperios mongol y bizantino, tuvimos el Renacimiento. También impulsó el viaje de Colón, quien trajo la viruela a América, esa peste destruyó los imperios Azteca e Inca.

Con la pandemia de influenza de 1918 y la Primera Guerra Mundial, se derrumbó el imperio Otomano. También inició la crisis económica y financiera que estalló en la depresión del 1929 que, cuando terminó, nos legó su “nueva normalidad”.

De esa pandemia aprendimos a usar mascarillas y a afeitarnos, porque decían que la infección se acumulaba en las barbas y bigotes.

Al final de la depresión teníamos instituciones que no existían antes, como el Seguro Social y el programa de asistencia social conocido como “welfare”.

También una serie de regulaciones, como las bancarias que Bill Clinton eliminó en 1999, desatando la crisis inmobiliaria y el colapso financiero del 2008.

Los condones existen desde mucho antes de Cristo, pero fue la pandemia de VIH-SIDA que los incorporó a nuestra cultura sexual actual.

Los cambios sanitarios y económicos provocarán un tercero.

Cambios políticos

Toda historia siempre tiene dos lados, uno de la actual, es que el presidente Donald Trump será el único en enfrentar dos juicios políticos en un período.

El otro lado es que Joe Biden Jr. será el único gobernante, hasta ahora, juramentado bajo la más estricta militarización de la capital y sus inmediaciones.

En Latinoamérica estamos acostumbrados a la militarización para juramentaciones de gobiernos derechistas. Aquí ocurre lo contrario, los guardias “cuidan” a los “izquierdistas” de los “derechistas”.

Y las grandes corporaciones, siempre representadas políticamente por el Partido Republicano, se están distanciando de esa parcela política.

Todo esto reafirma que avanzamos a importantes cambios políticos, iniciados con la elección de Trump hace cuatro años.

Al no encontrar diferencias significativas entre demócratas y republicanos, el país votó por Trump, esperando encontrar “algo nuevo”.

Ahora salimos de Trump para entregarnos de nuevo a la misma clase política que rechazamos en las elecciones pasadas, pero las transformaciones son necesarias, urgentes e impostergables.

En política, las grandes crisis son oportunidades de producir grandes cambios, Franklin D. Roosevelt lo demostró durante la gran depresión del 1929. Barack Obama desperdició la crisis financiera del 2008.

Si Biden no aprovecha la presente crisis, e intenta volver a la “normalidad”, con 140 millones de pobres sin representación política, todos pagaremos un alto precio.