Al fotógrafo colombiano Nereo López le faltó menos de un mes para cumplir 95 años, pero le sobró tiempo para amar la fotografía y disfrutar la vida a plenitud. Nereo murió en el cuarto 1065 del centro de rehabilitación Isabella del alto Manhattan el  25 de agosto del 2015 a las 7:58  de la mañana. Su hija Liza López estaba a su lado.

“Sentí un desazón terrible en Bogotá y tomé un avión a Nueva York para visitar a mi papá”, dijo Liza López, quien aterrizó esta madrugada en el Aeropuerto Kennedy. “Fue un encuentro muy bonito y espiritual. Me dijo que había vivido a plenitud y que no le envidiaba a nadie nada. Lo abracé y lo besé y comenzó a respirar con mucha tranquilidad. Murió en paz. Lloré a su lado y luego le avisé a las enfermeras”.

(La versión en inglés de este artículo se halla al final de este texto)

Nereo no estaba enfermo. Simplemente no quiso comer más y tampoco permitió que lo conectaran para prolongar su existencia. “No tengo energía y así no vale la pena vivir”, dijo el fotógrafo que nació el primero de septiembre de 1920 en Cartagena. Algunos días antes de su muerte, Nereo escuchó varias versiones de Granada, su canción preferida, y le dio instrucciones a su hija Liza, quien vive en Bogotá y lo visitó varias veces antes que falleciera. Nereo será cremado y sus amigos en la Gran Manzana se reunirán para esparcir sus cenizas en el Atlántico, el mismo mar que lo vio nacer.

“He vivido y he sentido el amor de mis amigos en estos últimos días”, dijo Nereo pocos días antes de morir. “Nereo se muere de buena salud”, decían algunos miembros de su familia y amigos que fueron testigos de su fortaleza física. Pero morir no es fácil. A pesar de que comía muy poco en su cama de enfermo, sorbos de sopa de pollo dominicana y agua de coco, a Nereo le tomó varias semanas dejar de respirar.

Desde el año pasado no se sentía bien, le dolían las piernas y se cansaba con facilidad. Vivía en un apartamento de propiedad de la ciudad de Nueva York en la calle 126 y Lexington Avenue, en Harlem. Allí guardaba sus negativos y fotografías y se imaginaba los libros y proyectos que anhelaba realizar después de 70 años de tomar fotografías. Le encantaba el baile, el ron, las mujeres y mamar gallo. Comía despacio y le fascinaba probar de todo, como fue su filosofía de vida.

En los últimos meses había sido internado en los hospitales Metropolitano y Lenox de Manhattan debido a su depresión senil y a la anemia que le causó su falta de apetito. Decidió no comer. Nereo había perdido mucho peso, se veía demacrado y hablaba con dificultad. Murió de viejo y nunca dejó de hacer chistes. “Con calma, con calma”, le decía a las enfermeras que lo atendían y se sorprendía de su fortaleza.

Nereo en la cama donde murió, muy sonriente al lado de su libro Nereo Saber ver, el cual acababa de ser publicado.

Nereo en el hospital Lenox de Manhattan, muy orgulloso al lado de su más reciente libro Nereo Saber ver, el cual acaba de ser publicado por la Editorial Maremágnum e impreso en España. Es un libro bilingüe, español e inglés, y la dirección editorial estuvo a cargo de José Antonio Carbonell Blanco . Fotos Javier Castaño

“Estoy lanzando mis últimos papeles”, le dijo Nereo al fotógrafo Oscar Frasser cuando fue a visitarlo pocos días antes de morir. Comenzaba a oscurecer y la luz rojiza del sol de Nueva York invadía su cuarto. Su hija Liza no se despegaba del lado de su cama. Carlos Gaviria, quien vive en el mismo edificio de Nereo, siempre estuvo pendiente de su salud y bienestar, al igual que Jacqueline Donado, entre las personas más cercanas a Nereo.

Clara Angel es mi representante legal”, dijo Nereo. “Y nadie tiene documento alguno para hacer más libros de mi papá o usar sus fotos como le convenga”, añadió su hija Liza. Por ahora, las 24 cajas con el archivo de Nereo fueron enviadas a Miami en donde vive su otra hija. Nereo también tiene un hijo que vive en Venezuela.

Nereo comenzó a vivir definitivamente en la ciudad de Nueva York desde el 2000. Le hubiera gustado fotografiar ese hermoso atardecer de Nueva York desde su cuarto de enfermo, pero estaba demasiado débil para levantar su cámara y caminar hasta la ventana. El puente Washington y los Palisades del estado de Nueva Jersey se apreciaban desde su última morada.

“Para mi la vida es hacer fotos, pero ya lo físico no me responde… Ah, y el sexo…”, dijo Nereo en un video sobre su vida que se produjo en el 2009. Vea aquí ese video sobre la vida y obra del Fotografo Nereo Lopez.

Nereo fotografío toda Colombia como muy pocas personas lo han hecho. En nueva York no se quedó quieto, realizó exhibiciones, inició proyectos fotográficos, aprendió Photoshop y tomó fotos con su cámara digital con la misma fascinación que lo hizo con su cámara de fuelle en los años 40, al inicio de su carrera. Nereo fue de los primeros que tomó fotos de mujeres desnudas en Colombia e inventó una técnica llamada transfografía.

Fue amigo de Rafael Escalona, Alejando Obregón y Gabriel García Márquez, a quien acompañó a Estocolmo a recibir el Premio Nobel de Literatura. En 1954 fue el director de fotografía y actuó en la película La langosta azul. “La más famosa y la más mala que se ha hecho en Colombia”, dijo Nereo este año durante el Festival de Cine de la Habana de Nueva York. Este año Nereo también participó como invitado especial en la Feria del Libro de Bogotá, Colombia.

En 1964 la crítica de arte Marta Traba lo invitó a exhibir sus fotografías en el Museo de Arte Moderno de Bogotá bajo el título “El hombre de cada día”. Cubrió la visita del Papa Pablo VI a Colombia en 1968. Exhibió en Nueva York, Praga, Moscú, Madrid, Ciudad de México y otras ciudades de Colombia y el mundo. En 1996 publica el libro Nereo 50 años viendo, acompañado de una exhibición en la Biblioteca Nacional de Colombia.

En 1997 recibió la Medalla de Honor del Ministerio de Cultura de Colombia y en el 2000 obtuvo la Cruz de Boyacá, la más alta distinción cultural en Colombia. Fue invitado a dictar charlas en varias universidades de los Estados Unidos, como en el 2006 cuando habló sobre “El Caribe Colombiano” en la Universidad de Harvard, estado de Massachussets.

Nereo fotografió el río Magdalena cuando era navegable. Hizo imágenes de corralejas, se metió a los llanos y dejó miles de negativos e imágenes de Bogotá del medio siglo. Trabajó para la revista Cromos y para la revista brasilera O Cruceiro, “en donde aprendí a crear historias con mi cámara, como aquella serie de 30 imágenes sobre los niños que no ríen porque tienen que trabajar”.

Nereo, al centro, rodeado de artistas y escritores colombianos en una galaría de Queens.

Nereo, al centro, de saco y rodeado de artistas y escritores colombianos en una galería de la ciudad de Nueva York.

En la librería Barnes & Nobel de Manhattan, Mario Picayo, a la izquierda, editor de Editorial Campana que en el 2009 publicó el libro bilingüe Nereo Imágenes de medio siglo.

En la librería Barnes & Noble de Manhattan, Mario Picayo, a la izquierda, editor de Editorial Campana que en el 2008 publicó el libro bilingüe Nereo: Imágenes de medio siglo, acompañando a Nereo durante una charla sobre su fotografía en el 2009.

Nereo acompañado de un grupo de amigos y admiradores en la librería Barco de Papel de Jackson Heights, Queens.

Nereo, al centro, de sombrero, acompañado de un grupo de amigos y admiradores en la librería Barco de Papel de Jackson Heights, Queens.

Con esta foto de Cartagena, Nereo ganó el concurso de la Kodak en 1963 y un año después fue exhibida en la Feria Mundial en el Parque Flushing de Queens.

Con esta foto de Cartagena, Nereo ganó el concurso de la Kodak en 1963 y un año después fue exhibida en la Feria Mundial en el Parque Flushing de Queens. Por ese entonces se casó en Nueva York con una gringa que al año le envió los papeles de divorcio a Colombia.

Nereo fue un reportero nato. No le gustaba tomar fotos de flores o naturaleza muerta porque le fascinaba compartir con los vivos, interactuar con las personas. Tuvo un apartamento en el vecindario Las Aguas de Bogotá y llegó a tener una escuela de fotografía que tuvo que cerrar por problemas financieros. Trató de suicidarse. Por eso eligió vivir en Nueva York y porque estaba cansado de ser usado por “amigos”, publicaciones y galerías que le robaban sus fotos y negativos.

Cuando Nereo hablaba de ese instante que siempre buscaba para tomar la foto, “que no se podía perder porque es único”, se estaba refiriendo al “momento decisivo” del que hablaba el fotógrafo francés Cartier Bresson.

Le encantaba Nueva York y el 29 de abril del 2009 se convirtió en ciudadano estadounidense en la Corte Federal de Brooklyn, aunque no le gustaba mencionarlo “porque los colombianos me insultarían y me dirían malpatriota”. Ese día tuvo la compañía de Cilia Negrete y de quien escribe este artículo.

Le preocupaba Colombia, pero en Nueva York aprendió a ser más latinoamericano. “Si estuviera en Colombia ya me hubiera muerto de tedio y de otras cosas desagradables que pasan en ese país”, dijo Nereo. “Me va a pasar como los grandes maestros que cuando llegan a la gloria ya no pueden disfrutarla”.

Pero no fue así. Nereo disfrutó de sus amigos, bailó hasta el amanecer después de los 90 años, recorrió las calles de Nueva York a las dos de la madrugada, nevando y con temperaturas por debajo de cero. No se amedrentaba porque quería seguir viviendo y experimentando. “Todo esto me gusta y lo disfruto”, decía Nereo mientras se tomaba un ron para calentarse y se ponía los guantes, la gorra, la bufanda y el abrigo negro para desafiar las bajas temperaturas de la Gran Manzana. Caminaba despacio y de vez en cuando sacaba su cámara digital para capturar la sonrisa de una mujer en cualquier estación del tren de Nueva York.

Para Mario Picayo, editor del libro Nereo: Imágenes de medio siglo, de Editorial Campana, 2008, “Nereo fue el gran fotógrafo de su pueblo, del colombiano y latinoamericano. Cámara al hombro recorrió su país como pocos lo han hecho e invitó a lectores de revistas de las décadas cincuenta, sesenta y setenta a ingresar en mundos cercanos o totalmente  desconocidos.  Nereo sensibilizó al espectador sobre la realidad de nuestra América pobre, digna y diversa con impactantes ensayos fotográficos que demostraban su genio artístico y su calidad humana”.

Firmando su libro Nereo, frente a su hija Liza y su nieta en el 2019.

Sonriendo y firmando su libro Nereo: Imágenes de medio siglo, frente a su hija Liza López y su nieta Liza en el 2009 en la librería Barnes & Noble de Manhattan.

Una transfografía de Nereo, una técnica que se inventó este fotógrafo que nunca paró de sorprenderse y emocionarse.

Una transfografía de Nereo, técnica que se inventó este fotógrafo que nunca paró de sorprenderse y emocionarse.

Siguiendo las manecillas del reloj, desde arriba, Nereo tomando fotos en el desaparecido Five Point de Long Island City, en su apartamento de Manhattan, celebrando el año nuevo el 31 de diciembre del 2014, sosteniendo su ciudadanía estadounidense frente a la Corte Federal de Brooklyn y envuelto en su bufanda para enfrentar el frío de Nueva York. Fotos Javier Castaño

Siguiendo las manecillas del reloj, desde arriba, Nereo tomando fotos en el desaparecido Five Points de Long Island City, en su apartamento de Manhattan, celebrando el año nuevo el 31 de diciembre del 2014, sosteniendo su ciudadanía estadounidense frente a la Corte Federal de Brooklyn y envuelto en su bufanda para enfrentar el frío de Nueva York. Fotos Javier Castaño

“Durante la última parte de su trayectoria profesional, Nereo vivió en la ciudad de Nueva York en donde enfocó aún más su experiencia fotográfica, incluyendo la fotografía digital y el programa Photoshop como elementos emergentes de su visión artística. Como constante innovador, Nereo expandió su estética a Nueva York, documentando la expulsión del mercado de trabajo de los obreros inmigrantes de Willets Point, Queens, y capturando la vida cotidiana en las estaciones de los trenes con el fin de reflejar la auténtica experiencia democrática de esta ciudad”, dijo Arturo Ignacio Sánchez, profesor de Planificación Urbana en CUNY. “Nereo fue un artista de todas las épocas y un cronista de diversos lugares y personajes. Mientras que Nereo ha establecido su lugar en la historia de la fotografía contemporánea, vamos a extrañar su visión democrática”.

El periodista Todd Heisler del New York Times describió de la siguiente manera el trabajo de Nereo el 2 de enero del 2013: “Nereo documentó su país con la misma dedicación y talento como otros fotógrafos estadounidenses o europeos. Sus imágenes muestran el heroísmo diario de sus compatriotas. Es sincero, sin maquillaje y posee una visión empática que ayuda a entender a Colombia”.

Nereo observando parte de una escultura de Fernando Botero en un edificio del oeste de Manhattan.

Nereo observando parte de una escultura de Fernando Botero en un edificio de Columbus Avenue al oeste de Manhattan.

Nereo también Vivió para contarla… pero no con palabras, sino con fotografías.

Javier Castaño

 ENGLISH VERSION (VOICES OF NY / CUNY SCHOOL OF JOURNALISM)

August 27, 2015 By Javier Castaño

Source: Queens Latino
| Translated by Marianna Breytman

from SpanishOriginal story

An Appreciation: Photographer Nereo López, ‘Colombia’s Traveling Storyteller’

Nereo López at the Havana Film Festival in New York in April 2015. (Photo by Javier Castaño via Queens Latino)Nereo López at the Havana Film Festival in New York in April 2015. (Photo by Javier Castaño via Queens Latino)

Colombian photographer Nereo López was less than a month away from turning 95 years old, but he had plenty of time to love photography and enjoy life to the fullest. Nereo passed away in Room 1065 at the Isabella rehabilitation center in Upper Manhattan on Aug. 25, 2015 at 7:58 am. His daughter, Liza López, was by his side.

“I felt a terrible unease in Bogotá and took a plane to New York to visit my father,” said Liza López, who landed that morning at John F. Kennedy Airport. “It was a very beautiful and spiritual encounter. He told me that he had lived to the fullest and did not envy anyone. I hugged him and kissed him and he began breathing very calmy. He died in peace. I wept by his side and later informed the nurses.”

Nereo was not ill. He simply didn’t want to eat anymore and did not allow anyone to connect him to life support to prolong his existence. “I don’t have energy so it is not worth it to live,” said the photographer who was born on Sept. 1, 1920 in Cartagena. Several days before his passing, Nereo listened to various versions of Granada, his favorite song, and gave instructions to his daughter, Liza, who lives in Bogotá and visited him several times before he died. Nereo will be cremated and his friends in the Big Apple will come together to scatter his ashes in the Atlantic, the same ocean where he was born.

“I have lived and have felt the love of my friends in these recent days,” said Nereo a few days before passing away.

“Nereo is dying in good health,” said members of his family and friends who witnessed his physical strength. But dying is not easy. Despite eating very little on his death bed, sipping Dominican chicken soup and coconut water, it took Nereo several weeks to stop breathing.

He had not felt well since last year, his legs ached, and he got tired easily. He lived in an apartment owned by the city of New York on 126th Street and Lexington Avenue in Harlem. There, he kept his negatives and photographs in addition to the books and projects he hoped to carry out after 70 years of taking photos. He loved dancing, rum, women, and joking around. He ate slowly and loved trying everything, which was his philosophy in life.

In his last few months, he had been admitted to Metropolitan Hospital Center and Lenox Hill Hospital because of his senile depression and anemia, which led to his lack of appetite. He decided to not eat. Nereo had lost a lot of weight, he looked emaciated, and had difficulty speaking. He died of old age and never stopped making jokes. “Calmly, calmly,” he said to the nurses who attended to him and were surprised by his strength.

“I am throwing out my last papers,” Nereo told photographer Oscar Frasser when he paid him a visit a few days before his death. It was getting dark and the red light of the New York sun invaded his room. His daughter Liza did not leave his bedside. Carlos Gaviria, who lives in the same building as Nereo, was always attentive to his health and well-being, as was Jacqueline Donado, among others who were close to Nereo.

“Clara Angel is my legal representative,” said Nereo. “And no one has a single document to allow them to create any more books by my father or use his photos as they please,” added his daughter Liza. For now, the 24 boxes with Nereo’s archives were sent to Miami where his other daughter lives. Nereo also has a son who lives in Venezuela.

Nereo permanently relocated to New York City in the year 2000. He would have liked to have photographed this beautiful New York sunset from his hospital room, but he was too weak to lift his camera and walk to the window. The George Washington Bridge and the New Jersey Palisades were visible from his final resting place.

“For me, life is taking photos, but the physical no longer responds for me… Ah, and sex…” said Nereo in a video about his life that was produced in 2009. Watch this video here about the life and work of photographer Nereo Lopez [in Spanish].

Nereo photographed all of Colombia like very few others have. In New York, he did not sit still, he had exhibitions, started photo projects, learned Photoshop, and took photos with his digital camera with the same fascination that he had when using his view camera in the 1940s at the start of his career. Nereo was one of the first to take photos of nude women in Colombia and invented a technique called transphography.

He was a friend to Rafael Escalona, Alejandro Obregón, and Gabriel García Márquez, who he accompanied to Stockholm to receive the Nobel Prize in Literature. In 1954 he was the director of photography and acted in the film “La langosta azul” (The Blue Lobster). “The most famous and worst that has been made in Colombia,” said Nereo at the 2015 Havana Film Festival in New York. This year, Nereo also attended the Book Fair in Bogotá, Colombia, as a special guest.

In 1964, art critic Marta Traba invited him to exhibit his photographs in the Bogotá Museum of Modern Art under the title, “El hombre de cada día” (The Everyday Man). He covered the visit of Pope Paul VI to Colombia in 1968. He had exhibitions in New York, Prague, Moscow, Madrid, Mexico City and other cities in Colombia and the world. In 1996, he published a book called “Nereo: 50 años viendo” (Nereo: 50 Years Seeing),” along with an exhibition at the National Library of Colombia.

In 1997 he received a Medal of Honor from the Colombian Ministry of Culture and in 2000 he obtained the Cross of Boyacá, the highest cultural distinction in Colombia. He was invited to lead talks at various universities in the United States, like in 2006 when he spoke about “El Caribe Colombiano” (The Colombian Caribbean) at Harvard University in Massachusetts.

Nereo photographed the Magdalena River when it was navigable. He created images of corralejas (bullfighting festivals) he went into the plains and left thousands of negatives and images of Bogotá from the mid-century. He worked for Cromos magazine and for Brazilian magazine O Cruzeiro, “where I learned to create stories with my camera, like the series of 30 images about children that don’t smile because they have to work.”

Nereo was a born reporter. He didn’t like taking photos of flowers or “still life” because he was fascinated with spending time with living things, interacting with people. He had an apartment in the Las Aguas neighborhood in Bogotá and had a photography school that had to close due to financial problems. He tried to commit suicide. As a result, he decided to live in New York and because he was tired of being used by “friends,” publications, and galleries that stole his photos and negatives.

He loved New York and on April 29, 2009 he became a U.S. citizen in the federal court in Brooklyn, though he didn’t like to mention it “because Colombians would insult me and tell me I was a bad patriot.” That day he was joined by Cilia Negrete and the author of this article.

He was worried about Colombia, but in New York he learned to be more Latin American. “If I were in Colombia, I would have already died of boredom and other unpleasant things that happen in that country,” said Nereo. “The same is going to happen to me as to great maestros when they attain glory and can no longer enjoy it.”

But it was not like that. Nereo enjoyed his friends, he danced until sunrise after the age of 90, he walked the streets of New York at two in the morning when it was snowing and at sub-zero temperatures. He was not daunted because he wanted to continue living and experiencing things. “I like all of this and I enjoy it,” said Nereo while having some rum to warm himself up and putting on gloves, a hat, a scarf, and a black coat to brave the Big Apple’s low temperatures. He walked slowly and sometimes took out his digital camera to capture a woman’s smile at a random train station in New York.

For Mario Picayo, editor of “Nereo: Imágenes de medio siglo” (Nereo: Images from Half a Century), published by Editorial Campana, 2008, “Nereo was the great photographer of his people, the Colombians and Latin Americans. With his camera on his shoulder he traveled his country as few other have and invited readers of magazines in the 1950s, 1960s, and 1970s to enter nearby and totally unknown worlds. Nereo sensitized the audience to the reality of our poor, dignified, and diverse Americas with stunning photographic essays that demonstrated his artistic genius and human quality.”

“In the latter part of his professional career, Nereo lived in New York City, where he focused on his photographic experience even more, including digital photography and Photoshop as emerging elements of his artistic vision. As a constant innovator, Nereo expanded his aesthetic to New York, documenting the expulsion of immigrants from the labor market in Willets Point, Queens, and capturing daily life on train stations with the goal of reflecting the authentic democratic experience of this city,” said Arturo Ignacio Sánchez, professor of Urban Studies at CUNY. “Nereo was an artist of all ages and a chronicler of diverse places and characters. While Nereo has established his place in the history of contemporary photography, we are going to miss his democratic vision.”

Photojournalist Todd Heisler of The New York Times, who dubbed Nereo “Colombia’s Traveling Storyteller,” described Nereo’s work in the following way on Jan. 2, 2013: “By the middle of the last century, he was documenting his own country with the same dedication and talent as any of his American or European counterparts. His images show heroism in the daily struggles of his countrymen. It is a sincere, unvarnished yet empathetic look that helped Colombia understand itself.”

Nereo also Lived to tell a story… not with words, but with photos.

By Javier Castaño / www.queenslatino.com