Por Javier Castaño

Los trabajadores esenciales que viven hacinados, tiene que salir a buscar el sustento para sus familias y son indocumentados, están llevando la peor parte de esta pandemia Coronavirus.

En el hogar de Juana Suhol nadie está trabajando, ni su esposo ni su hijo Daniel Patzan, quien está enfermo del hígado. “Todos perdimos el trabajo y ya no tenemos ahorros”, dijo Suhol, quien recibió mil dólares por intermedio de Alianza Ecuatoriana Internacional (AEI), con sede en Corona, Queens.

Es parte de los $20 millones que donó el Open Society Fundation y que está distribuyendo la Oficina de Asuntos del Inmigrante de la Alcaldía de Nueva York (MOIA) por intermedio de 50 organizaciones comunitarias (30 principales y 20 alternas). Hasta el momento la ciudad no ha revelado los nombres o el dinero asignado a cada una de estas organizaciones sin ánimo de lucro. Dinero donado por el Open Society Foundations.

Las organizaciones proveen los nombres de sus miembros o personas que son indocumentadas y no reciben ayuda del gobierno. Los elegidos tienen que llenar un formulario con casi 70 preguntas y someterlo a aprobación. Los aprobados reciben una llamada para que reclamen y activen una tarjeta de crédito con el monto del dinero asignado. El beneficiario espera unos dos días y puede ir al banco a recibir su dinero, $400 por persona y $1,000 por familia.

La oficina de MOIA reconoce que las organizaciones aún están trabajando con la lista de sus miembros y la distribución del dinero terminará a finales del mes de julio.

Jesús Llivizaca fue el primero que recibió dinero de AEI y dijo que “sirve de algo durante esta pandemia”. Llivizada acude con frecuencia a AEI a recibir comida y así se enteró de la repartición de este dinero.

Walter Sinche, fundador de AEI, dijo que es una forma de ayudar a los más necesitados. Sinche envió el nombre de 140 de sus miembros para que recibieran ayuda financiera y menos de 100 fueron aprobados por NICE, una de las organizaciones que está administrando la entrega en este sector, al igual que Make the Road New York.

“Hacemos lo que podemos, pero la necesidad es muy grande”, dijo Diana Moreno, directora de Derechos Laborales en NICE, que dice tener más de 5,000 miembros en esta ciudad.

Diana Moreno, directora de Derechos Laborales de NICE. Fotos Javier Castaño

La maquillista Rosa Riaño hace más de un mes llenó la solicitud en NICE pero no la han llamado a recibir el dinero para ella y su hijo y está desesperada. Foto Javier Castaño

Rosa Riaño, maquillista, y Adam García, jornalero que se convirtió en desamparado debido a la pandemia, llenaron la solicitud con NICE hace más de un mes y hasta ahora no los han llamado para otorgales el dinero. Dijeron que están desesperados sin trabajo, ahorros y sin la ayuda del gobierno.

Por eso la organización Proyecto Justicia Laboral organizó el martes de esta semana una protesta en Diversity Plaza de Jackson Heights, Queens. Hubo representantes sindicales y obreros de diversas industrias que exigían protección para evitar el contagio y auxilio económico. El objetivo es que en la tercera etapa de reapertura de esta ciudad se provea protección a los trabajadores esenciales, como tapabocas, guantes y desinfectantes. Además, que haya distanciamiento físico y que se sancione a los empleadores que no cumplan con las reglas de sanidad y laborales.

Teodorico Salinas es de Comunidades por el Cambio en Nueva York y dijo que 320,000 personas perdieron sus trabajos en la industria de los restaurantes. “Son trabajadores esenciales, han laborado sin protección para contagiarse y ni siquiera tienen seguro médico”, dijo Salinas.

“Soy indocumentada, he pagado impuestos, sufro de lupus, soy madre soltera de una hija y no recibo ayuda del gobierno”, dijo María Aguilar, quien trabajaba en limpieza hasta hace más de tres meses. “Me he quedado en casa para no contagiarme y ahora necesito volver a trabajar”.

La jornalera Martha Coyotl, amiga de Aguilar, murió de coronavirus porque tuvo que salir a trabajar sin protección.

María Aguilar sufre de lupus y es madre soltera, paga impuestos y no recibe ayuda del gobierno. Foto Javier Castaño

María Llivicura trabajaba arreglando uñas y esta semana aspira a reintegrarse al salón de belleza. Beatriz (no usó su apellido), dijo que trabajaba en una lavandería por $6,50 la hora y fue despedida cuando se contagió de Coronavirus. En su hogar, todos se contagiaron y vivieron días de pánico. “Jamás me dieron equipo de protección y ahora sólo quiero volver a trabajar”, dijo Llivicura. Las empleadas de salones de uñas formaron una organización que tiene 800 miembros en esta ciudad.

Verónica Piedra León es una organizadora del Proyecto Justicia Laboral y acudió a Diversity Plaza. “El Coronavirus dejó ver la falta de inversión de la ciudad y el estado de Nueva York en las personas más vulnerables, los trabajadores esenciales, aquellos que no tienen ahorros o trabajo y mucho menos dinero para pagar por el servicio del teléfono o Internet”, dijo Piedra León. “Por eso estamos apoyando el proyecto de ley Heros Act que sí incluye ayuda a los indocumentados y trabajadores esenciales que mantienen esta ciudad en movimiento”.