Por Gabriel Coteggiano
Cuántas veces hemos visto que un equipo de fútbol trata de sacar ventaja deportiva apelando a recursos extradeportivos. Al parecer a los dirigentes de la plana mayor de la FIFA se les agotó el tiempo de un partido que venían ganando con artimañas y ahora están perdiendo por goleada. El arbitro del encuentro (La Fiscalía de EE.UU.) ya les repartió tarjetas rojas y amarillas.
La justicia norteamericana fue quien asumió el control de este encuentro y nos sorprende día a día con su investigación para desmontar el enriquecimiento ilícito de los bandidos de la plana mayor de la FIFA. También le llegó el turno del alemán Franz Beckenbauer. Prácticamente no se salva nadie del extenso e implacable brazo de la ley.

Muchos nos preguntamos qué busca la justicia estadounidense con esta investigación. En principio el objetivo fue quitarle el mundial a Rusia (cosa que no prosperó), en segundo término arrebatarle el mundial de fútbol a Qatar y luego tomar el control total de las arcas de la FIFA. El objetivo final: Trae la sede central de la FIFA a tierras yanquis. Para este último objetivo, los Estados Unidos cuenta con dos aliados implacables. Las grandes corporaciones que invierten en el fútbol y en el mundial, como McDonald’s o Nike, y los medios de comunicación que moldean la opinión pública.
Al otro lado de la cancha, esperando la pelota, se hallan el público y los jugadores. Los une la pasión por el juego. El deportista quiere jugar para ganar y el público quiere que su equipo gane. Pero las grandes corporaciones, ligadas a Wall Street, utilizan a los jugadores para vender sus productos y ganar millones de dólares. El público sigue pagando por las entradas y la parafernalia que rodea al mejor espectáculo del mundo.
Poe eso la politiquería y los sinvergüenzas abundan entre los dirigentes y los jugadores. Ejemplo: El Chicharito ahora juega en Alemania. Seguramente en México se han vendido 2 millones de camisetas de fútbol del Bayern Leverkusen con el apellido del goleador azteca a un costo de 100 dólares la unidad. Y Neimar saco en Brasil un nuevo calzado cuyo costo asciende a 135 dólares y promete caminar sobre las nubes. Aunque este jugador mantenga en el piso.
Después de muchos años de seguir y amar el fútbol, mi conclusión es la siguiente. Algunos de los directivos de la FIFA deben ser expulsados de por vida y otros deben ser sancionados por varios años. Todos deben de pagar en efectivo por sus fechorías. La sede de la FIFA debe cambiar de domicilio y me aventuro a decir que será Londres. Los directivos de la FIFA sólo podrán gobernar por dos períodos y todas las transacciones comerciales deberán de ser supervisadas por una comisión internacional que exija transparencia.
También hay que cambiar las normas de juego para que los árbitros no sigan expulsando futbolistas, eliminando jugadas y acomodando resultados para favorecer a equipos o países y generar taquilla. Es decir, el reglamento debe ser interpretado desde una nueva óptica. No me caben duda. Aunque es casi imposible que muy pronto veamos un partido de fútbol en donde no impere el dinero y gane el mejor equipo.
El objetivo de la FIFA deber ser el montaje de un espectáculo deportivo en donde las fallas del árbitro sean muy pocas, sobresalgan los buenos jugadores, los que suden la camiseta, y en donde gane el mejor, el que haga más goles. La FIFA sabe hacer dinero, no hay duda, pero que esos dólares no sean la razón de ser de un deporte que hemos aprendido a querer en todo el mundo.
La FIFA tiene que volverse a ganar el respeto del público.
