La gente toma las calles en Holanda y Australia, protestando contra las medidas restrictivas impuestas para controlar la pandemia, que trae terceras y cuartas olas en Europa.   En Estados Unidos, los Centros de Prevención y Control de Enfermedades (CDC) diagnosticaron las nuevas complicaciones del Covid19.

Le llaman “Covid Largo” porque son complicaciones de salud que se presentan varias semanas después de haberse recuperado del virus. Hay una extensa lista de enfermedades documentadas a quienes se recuperan, incluyendo problemas cardíacos, mentales, cognitivos.

Ignoramos cuántas personas padecen “Covid Largo”, pero si el 10% de 232 millones de recuperados presenta esos problemas, tenemos otra crisis de salud pública mundial.

La mayoría de los países no tiene dinero para subsidios y estímulos, si una nueva variante causa una gran ola. Todo esto empeorará la creciente crisis económica, política y ecológica, nadie puede evitar ni descartar esa siniestra posibilidad.

Con los gobiernos al borde de la quiebra, una ola con una variante potente sería una perfecta historia de horror.

La nueva ola bien pudo haber iniciado en alguno o varios puntos donde hay re-brotes, y va creciendo silenciosamente, llegado el momento, nos caerá encima un sunami.

Por algo Estados Unidos autorizó y recomendó que todas las personas mayores de 18 años se pongan una tercera dosis para reforzar el sistema inmunitario.

La conversación está cambiando, se desplaza del “fin de la pandemia” a “aprender a vivir con el virus”.

Porque no se irá del planeta, puede desarrollar variantes más potentes o simplemente más débiles, cualquiera es posible.

Caminamos sobre el filo de una navaja con ningún control sobre el desarrollo de los acontecimientos por venir.

Sólo nos queda, como el Cándido de Voltaire, “esperar y confiar” que al final las hadas malas perderán.

Hemos tenido y superado momentos peores, también superaremos este.