Un hombre con poder y sin futuro, como el presidente Joe Biden de 78 años, debe construir su propia mitología y un espacio privilegiado en la historia.

Biden no es político, es estadista, no piensa en reelección, sino en la historia. Y busca inmortalizarse plantándose en el inconsciente colectivo de quienes le sobrevivan, impulsando grandes proyectos de infraestructura y desarrollo humano.

Plantea invertir más de $3 trillones, con los casi $2 ya aprobados, pasará de $5 trillones en sus primeros 100 días.

Enfrentará a la industria petrolera y el cambio climático promoviendo fuentes de energías renovables, creando millones de empleos, promoverá la reforma migratoria. Y atención de pre-kinder universal.

También combatirá el racismo sistémico que margina a todos los no blancos de los beneficios económicos del país.

Estas iniciativas podrían quitarle de 10 a 15% del apoyo popular al ex presidente Donald Trump.

Gravando a los ricos para apoyar a los pobres, el Estado redistribuirá las riquezas de la nación.

Los demócratas finalmente usarán el poder obtenido en las urnas, sin buscar la “aprobación” de los republicanos para impulsar una agenda verdaderamente progresista.

Trump propuso “Hacer America Grande Otra Vez”, Biden plantea “Reconstruir Mejor”, ambos admiten implícitamente que el sistema colapsó.

Los recortes impositivos a los ricos multiplicaron la pobreza en la nación mas rica del mundo, donde quien decida educarse se condena a una impagable deuda eterna.

Si Trump no hubiese cumplido sus promesas de campaña, Biden tendría rejuegos. Los demócratas parece que aprendieron la lección, no inventan excusas, cumplen promesas.

Nuestro presidente sin futuro debe entregarnos su presente a cambio de un lugar privilegiado en la historia.

Resulta súper espectacular que Biden intente finalizar su carrera política, desmontando lo que construyó, para escribir su nueva mitología.

Biden gobierna para construir su sitial histórico como revolucionario.