Eufemia Cruz López en su hogar de Queens. Foto Gloria Medina

Por Gloria Medina  — 

Reflejando alegría y satisfacción en su rostro, Eufemia Cruz López habla en su apartamento de Jackson Heights, Queens, sobre sus hijos y los describe como sus “diamantes”, su mayor riqueza.

“Dios no me ha dado riquezas materiales, pero me dio el amor de mis hijos. Son juiciosos, trabajadores y siempre están pendientes de mi”, dijo Cruz, quien quedó viuda después de su tercer hijo cuando vivía en la República Dominicana. “Desde pequeños conseguían trabajos y me ayudaban. Ellos son mis cuatro diamantes”.

Cruz, de 70 años, tuvo cuatro hijos varones, el menor nació en Nueva York, después de varios años de haber inmigrado. Viajó desde Bonao al exterior con la meta de trabajar para poder brindar a sus hijos un futuro mejor, una vida con más posibilidades y seguridad. La vida en la isla caribeña era dura, llena de dificultades económicas y pocas oportunidades.

Se sacrificó dejando a los hijos con su familia, mientras buscaba nuevos horizontes. Primero llegó a Puerto Rico en donde tiene una hermana, pero la “inestabilidad en los trabajos” hizo que tres meses después tomara la decisión de viajar a Nueva York a donde llegó en 1986.

Con persistencia y determinación consiguió algunos trabajos en fábricas y a pesar de los obstáculos que se le presentaron por estar en una cultura e idioma diferente, trabajó incansablemente para lograr la meta de unirse nuevamente con sus hijos.

“Fueron momentos difíciles, pero lo peor era cuando recibía las cartas de mi hijo mayor y me decía que él se despertaba a media noche buscándome en la cama y no me encontraba”, recuerda Cruz con voz melancólica.

Su amor incondicional de madre le dio la fuerza para traerlos a Nueva York. Ahora son una familia que ha crecido, tiene una nieta y cuatro nietos.

Otra de las metas de Cruz era tener una casa propia para estar con sus hijos y aunque no cumplió ese sueño, disfruta enormemente porque uno de sus hijos recientemente compró su propia vivienda. “Para mí es un gran orgullo que él lo haya logrado y siento una gran alegría. A mí, Dios no me dio una casa, pero me bendijo con hijos muy lindos. Las cosas materiales son buenas, pero no hacen tan feliz como el amor de los hijos. La felicidad de ellos, es mi felicidad”.

Cruz dedicó su vida a sus hijos, porque cuando quiso darse una segunda oportunidad en el amor, no le funcionó. “Tuve muchos enamorados, pero no les hacía caso y mis hijos son muy celosos. Después de varios años conocí a alguien y me casé. Tuve a mi cuarto hijo y después de cinco meses de nacido, el hombre se fue”.

“No volví a pensar en amores. Decidí quedarme sola con mis hijos”, dijo Cruz. “Para mí fue otro regalo de Dios. Estoy muy agradecida con Dios porque en este momento él vive conmigo y me acompaña para todo lado”.

Cruz es pensionada y disfruta de su tiempo en familia y hace actividades físicas para cuidar su salud. “Me gusta ir a clases de yoga y en la sala hago meditaciones guiadas. Me gusta ir a la iglesia y ayudar a otras personas con necesidades”, añadió Cruz.

La entrega total a sus hijos es reconocida por su familia. Aunque tres de sus hijos viven con sus respectivos hogares, siempre llegan a celebrar en casa de Cruz con alegría y amor.