Nuestra pasión por el fútbol no nos permite percatarnos de todos los negociados que existen detrás de este deporte. Hemos tenido la oportunidad de presenciar en estos dos últimos meses los torneos continentales más importantes a nivel de selecciones, organizados por la Conmebol y la Concacaf. Entidades dirigidas por siniestros personajes que están bajo la lupa de la investigación que inició la fiscal Loretta Lynch en una corte de Brooklyn.

Todo nace por pedido de la justicia Helvética, denunciando corrupción y lavado de divisas por miembros de la cúpula de la FIFA, dinero que al ingresar a los EE.UU., hace que tenga jurisprudencia el sistema de justicia estadounidense. Estos personajes, mientras aguardan para comparecer ante el tribunal, deberían de estar tras las rejas, pagar por sus fechorías y cantar todo lo que saben. Si son inocentes, que los suelten.
Caben dos preguntas: 1) Creen ustedes que las millonarias multas que pagará la FIFA deban usarse en países como Nicaragua para la construcción de escuelas o canchas de fútbol. 2) Se deberá acabar el negocio que implica la realización de un Mundial tan costoso (patrocinadores, publicidad impresa y televisiva, derechos de transmisión, etc.). Temo que la respuesta para ambas preguntas es negativa.

La industria de la indumentaria deportiva (corruptos que hacen negocio con otros corruptos) abona cifras galácticas para “vestir» a los equipos del mundo y generar la demanda de la multitud. Por ejemplo, a Messi una importante firma de calzado le regala un par de zapatos de fútbol antes de cada partido, mientras que una familia media de cualquier parte del mundo realiza un sacrificio enorme para que el muchachito que milita en divisiones inferiores pueda tener los botines adecuados para patear el balón. ¿Proveen los clubes de fútbol la indumentaria que los jóvenes necesitan para entrenar? No todos y no para todas las categorías.

A la FIFA no le importa el jugador de fútbol, que en definitiva es el motor que genera esta industria. El reciente Mundial Femenino realizado en Canadá se jugó en canchas con césped sintético. Pocos saben que no asistieron cinco de las mejores jugadoras de Brasil, Alemania y Francia por padecer lesiones como producto de la actividad desarrollada en este tipo de piso que no es apto para el fútbol. Seguramente que alguna empresa multinacional “negoció” con altos directivos regionales para vender esta cancha sintética y no usar el pasto reglamentario que exigen los hombres. Discriminación sexual.
usa-soccer-ball¿Es conveniente seguir con una entidad madre tan corrupta como la FIFA?

Indudablemente que no. Ante la renuncia forzada del presidente de la FIFA, Joseph Blatter (hoy en el ojo de la tormenta) le puede suceder el ex futbolista Michael Platini. El francés es tanto o más corrupto que el suizo. Tiene buena cintura política y sabe esquivar a la justicia. Se distanció de «su mentor» alegando a viva voz que por la corrupción y como presidente de la UEFA, no le daba su voto. Entonces se apartó del resto de sus compinches de la FIFA para que le “pidieran” su postulación como candidato a la presidencia. Muy vivo el francés. Quiere meternos un gol y olímpico.

Por otro lado aparece Diego A. Maradona, quien promueve la candidatura del Príncipe Ali de Jordania. El diez puede tener las mejores intenciones para defender al futbolista, pero su cerebro no está apto para dirigir una de las entidades que más dinero maneja en el planeta. En otros términos, el Principe gobernaría con «la mano de Dios».

El más honesto de todos parece ser Franz Beckenbauer. El alemán se apartó del comité de la FIFA después del otorgamiento de las sedes para los mundiales de Rusia y Qatar (algo «raro» habrá visto y no ha querido hablar). El Kaiser con esta jugarreta deshonesta, no juega. Que no se ponga la camiseta. No podemos confiar en ex directivos de la FIFA. Equipo de corruptos.

La táctica de juego de la FIFA es ésta: dinero fácil, paraísos fiscales, votos por conveniencia, coimas, arreglo de partidos, jueces comprados, equipos con más «taquillas» que avanzan en los torneos (Brasil y México) y no quieren usar la nueva tecnología para esclarecer dudas si hubo o no fuera de lugar o falta para sentenciar pena máxima. Los árbitros podrían volver a ver el video antes de fallar a favor o en contra de un equipo. Así también se terminaría la payasada de algunos jugadores que se tiran al piso sin que los hubieran tocado. Como la FIFA, estos bufones también merecen ser expulsados.

Además, la mayoría de estos directivos de la FIFA no sienten la misma pasión por el fútbol porque nunca fueron jugadores. Están allí por el dinero. Pero la fiscal Lynch, que nunca ha tocado un balón de fútbol ni le interesa este juego, los está expulsando y ni siquiera los tiene en la banca. Ni de suplentes sirven.
El público es el que tiene el poder. Deberían de invadir las redes sociales para pedir la renuncia de estos ladrones y malos administradores. Siguiendo la táctica de “un día sin inmigrantes”, los fanáticos al fútbol deberían de boicotear algunos juegos importantes a nivel de federaciones. Pegarle a la FIFA en el bolsillo que es en donde más le duele. Si bajan los ingresos de la FIFA, ¿a quién le importa? Que la FIFA aprenda a administrar mejor el dinero o que desaparezca y monten otra institución menos costosa y con escasa corrupción. Es decir, más fútbol, más jugadas, más goles y menos trampa en la cancha y al interior de los canales que transmiten estos partidos.

El fútbol ganaría, aunque no podrían pagarle los escandalosos sueldos a los Messi, James, Neymars, Ronaldos y Chicharitos. La FIFA necesita tener a estos ídolos en lo más alto de la vidriera para mantener viva la llama de la ilusión de millones de niños y niñas que aspiran a ser famosos y ganar dinero para «salvar» a sus familias de la pobreza que degrada a billones los seres humanos.