Las palabras negativas o positivas poseen el poder de destruir o edificar.

Nuestras palabras, lo que decimos, tienen mucho poder… ¡El poder de construir o destruir!

Cada palabra tiene vida propia, una firma vibratoria. Una personalidad. Pueden sanar o herir a los demás.

Las palabras llevan nuestra energía dejando huella. Hablan con propósito.

Hablar con un propósito significa profundizar en las causas fundamentales y las motivaciones que hacen que utilicemos nuestras palabras de manera impulsiva. Hieren e incluso destruyen no solamente a los otros, sino también a nosotros mismos. Debemos usarlas con una intención más amable y consciente no solo en la forma en que interactuamos con los demás, sino también con nosotros mismos.

Muchos de nosotros hacemos todo lo posible para hablar de manera amable con los demás, pero no somos capaces de mostrar esta amabilidad e intencionalidad hacia nosotros mismos. También agredimos a los seres más allegados a nosotros, hablándoles con palabras críticas y destructivas, convirtiéndonos en jueces implacables.

Hablar con un propósito significa sumergirse en nuestro ser, ubicar las palabras ásperas que residen allí y abordarlas con un espíritu de curiosidad y compasión. Se trata de hablar con el deseo de dar sentido a nuestro discurso y de ayudar a los demás con nuestras palabras. Es nuestra elección cómo los usamos.

Las palabras no nos controlan. Puede parecer fácil descartar el profundo poder de las palabras con frases de cajón como: “Los palos y las piedras pueden lastimar mis huesos, pero las palabras nunca me lastimarán”. Sin embargo esas las palabras duelen.

Esta frase viene de una época en que como sociedad rehuíamos la vulnerabilidad. De muchas maneras, todavía hacemos esto, aunque estamos tomando conciencia colectivamente de la necesidad de vulnerabilidad en la curación, así como el enorme papel que juega el abuso verbal como causante de trauma infantil y de bloqueo en las relaciones entre adultos.

Las palabras tienen el poder de afirmarnos, de volvernos hacia el amor, la compasión y la creatividad. El poder de las palabras para el crecimiento y el bien en nuestras propias vidas y del destino de los demás.

Las palabras que pueden usarse para bien o para mal, para construir o destruir. Las palabras pueden usarse como armas o pueden usarse como bálsamos. Las palabras pueden dañar o curar.

Cuida tus palabras porque tienen poder. No se la lleva el viento, dejan huella.

Para ver los videos de Stella Duque, ingrese aquí a su canal en Youtube.