La columnista de El Diario/La Prensa con un traje celebrando las festividades de Cusco, Perú.

“Para una persona que ama tanto a su familia, esta es la mayor pérdida”, dijo esta semana a la prensa local uno de sus agobados, John Rodríguez. “Vicky Peláez fue la menos espía y la que más perdió”,

Peláez fue la única de los espías que lloró en la corte y cuando llegaron a Rusia, mientras que el resto de los espías sonreían y se abrazaban los unos a los otros. Algunos informes de prensa afirman que en la corte del bajo Manhattan, cuando estaba arrestada, le preguntó a su esposo de 18 años que cuál era su verdadero nombre y el por qué le había hecho esto. Volvió a llorar.

Todos los espías, incluyendo a Vicky Peláez, podrán hacer películas y escribir libros e invertarse cualquier historia de ficción para justificar sus acciones, pero todo el dinero que obtengan por este conducto es del gobierno de los Estados Unidos. Ese fue el arreglo que firmaron antes de montarse en el avión hacia Rusia.

Al parecer sus dos hijos se quedan en Nueva York y Peláez regresará a Perú en donde nació hace 55 años. Quizás viajará primero a Brasil en donde tiene una hermana y allí tendrá tiempo de digerir los hechos de las últimas dos semanas. La historia de Peláez y del resto de los espías ocupa la primera página de múltiples publicaciones alrededor del mundo. Aunque el recibimiento en Moscú no fue similiar a la época de la Guerra Fría. El periódico Komsomolskaya Pravda llevó la noticia de los espías a un cuerto plano y destacó la final de la Copa del Mundo en Sudáfrica.

Vicky Peláez viajó de Nueva York a Rusia, el país para el cual espió por casi 20 años y que le proveyó el dinero para viajar, comprar su casa en Riverdale y darse una vida de lujos mientras escribía en El Diario/La Prensa contra los Estados Unidos y el capitalismo.

Peláez se declaró culpable de espionaje y como parte del arreglo entregó su casa de Riverdale al gobierno de los Estados Unidos. También le quitaron la ciudadanía de ásta nación. No aceptó los 2,000 dólares que le ofreció el gobierno ruso cada mes y de por vida, así como tampoco la comodidad de una vivienda en esa nación. También rechazó la ciudadanía de esa nación y la posibilidad de llevar a sus hijos a Rusia.

Su esposo, Juan Lázaro, también se declaró culpable en una corte federal del bajo Manhattan de los mismos cargos de espionaje, al igual que los otros 10 espías que fueron arrestados el lunes de la semana pasada.Hay un fugitivo en Europa.

El verdadero nombre de Juan Lázaro es: Mikhail Anotonoljevich Vasenkov. Ruso y no uruguayo quien dijo que le mintió a sus hijos sobre su verdadera identidad. A Peláez la tuvo como su ayudante y confidente hasta la semana pasada.

El intercambio de espías se produjo en Viena. Dos aviones, uno de los Estados Unidos y otro de Rusia, aterrizaron en el aeropuerto y volvieron a levantar vuelo con sus respectivos espías, los diez arrestados la semana pasada y cuatro que cumplían condenas en cárceles de Rusia.

La aceptación de culpabilidad fue ante el juez federal Kimba Wood y el fiscal Michael Farbiaz dijo que el tiempo que pasaron arrestados es suficiente como condena y que se estaban haciendo los arreglos para que todos abandonen los Estados Unidos en pocas horas. Técnicamente, el cargo contra los arrestados era “conspirar en secreto para actuar como espías del gibierno ruso”.

Los acusados contaron con suerte porque el gobierno estadounidense no los acusó de lavado de dinero para quitárse el problema de encima lo más rápido posible y no pasar por los trámites de acudir a la corte, votar dinero en abogados y tramitar las extradiciones. Un proceso que en la Guerra Fría duraba años y que la administración del presidente Obama no quiere repetir porque tiene otros problemas mayores sobre sus hombros.

Estos son los nombres de los espías que fueron conducidos a Rusia: Vladimir Guryev y Lyeia Guryev (conocidos en esta nación como Richard y Cynthia Murphy), Andrey Bezrukow (Donald Howard Healthfield), Elena Vavilova (Tracey Lee Ann Foley), Mikhail Kutsik (Michael Zottoli), Natelia Pereverzeva (Patricia Mills), Mikhail Anotonoljevich Vasenkov (esposo de Vicky Peláez), Anna Chapman y Andres Semenke, quien está prófugo.

Estos espías fueron intercambiados por estos cuatro que espiaron a favor de los Estados Unidos: Igor Sutyagin, Segei Skripal, Alexander Sypachev y Alexander Zaporozhky.

La situación de Peláez es más complicada porque Waldo, su hijo mayor de un matrimonio previo nació en Perú, y Juan José, el hijo que tuvo con Lázaro, nació en Nueva York. Ambos viven en su casa de Riverdale, al norte de El Bronx, y tendrán qué decidir en dónde van a residir.

Un día antes había sido liberado el espía ruso Igor Sutyagin que le dio información a los gringos y llamó a su papá desde Viena para darle la buena noticia. Al parecer lo cambiaron por la espía Anna Chapman, encarcelada en Nueva York desde el lunes de la semana pasada.

John Rodríguez, al abogado de Peláez, dijo que su cliente no quería irse para Rusia. Genesis Peduto, la abogada de Juan Lázaro, se mantuvo callada, pero su cliente sí le dijo a la Fiscalía Federal que había espiado para los rusos y que era leal a esa nación.

Las autoridades de ambos países no se manifestaron oficialmente sobre el intercambio de espías, pero sí confirmaron una reunión el miércoles de esta semana para discutir el intercambio de prisioneros.

El lugar o la hora del intercambio se mantuvo en secreto, pero el abogado del científico ruso Igor Sutyagin sí confirmó el encuentro y que su cliente había aceptado verbalmente su liberación e intercambio. “Su liberación será esta semana, quizás hoy mismo”, dijo el abogado Anna Stavitskaya.

Un ex diplomático estadounidense, William Burns, se reunió el miércoles con el embajador ruso en esta nación, Sergei Kislyak, aunque el Departamento de Estado sólo ha confirmado que hablaron del intercambio de espías. No ofrecieron mayores detalles.

De esta manera la administración del presidente Obama evita un juicio prolongado y costoso para defender a los espías estadounidenses e impide un mayor deterioro de las relaciones entre EE.UU y Rusia porque el juicio revelaría detalles de espionaje que a ninguna de las dos naciones le conviene.

En el periódico El Diario/La Prensa hubo sorpresa al conocerse la aceptación de culpabilidad de Vicky Peláez y habían escrito que su colega se declararía inocente. Nada más lejos de la verdad. Tampoco los dejan comentar al respecto. El silencio es absoluto, aunque quieren hablar como Peláez lo hacía en sus mejores momentos. Peláez le dijo a uno de sus abogados que quería seguir escribiendo sus colomnas desde Perú, pero Impremedia, propietarios del periódico, no se han manifestado sobre la situación de Peláez.

El que sí habló para QueensLatino.com fue Rodolfo Quebleen, editor de Hora Hispana del Daily News: “Todo esto es muy raro, no hay nada claro. No creo cuando la demanda afirma que Vicky sabía lo que estaba haciendo. Ideológicamente, Vicky estaba ligada a Sendero Luminoso del Perú, un grupo maoista que no es aceptado en Rusia. Sus columnas también me sorprendían porque era difícil de detectar de dónde sacaba la información. Un poco peligrosas”.

El caricaturista peruano Cabe (Carlos Bernales), dijo que hay estupor en la comuninicad latina del área metropolitana de Nueva York. “Quienes todavía creían en Vicky ahora se siente engañados. Aceptó que trabajó para los rusos, un gobienro que no es progresista”.

¿Y su opinión sobre Vicky como periodista? “Se le cayó toda su imagen. Ahora sabemos que era parcial y nada objetiva y que no tuvo ética. Con una mano escribía y con la otra recibía dinero de los rusos”.

Peláez aceptó en la corte que llevó a Latinoamérica mensajes cifrados y que trajo dinero en su maleta en varias ocasiones. Paláez viajó a Rusia en un avión con todos los rusos, incluyendo a su esposo Mikhail Anatonoljevich Vaenko (Juan Lázaro) y a la hermosa Anna Chapman.

Y pensar que algunos miembros de la comunidad y colegas de El Diario/La Prensa estaban preparando el recibimiento de Vickt Peláez en su casa de Riverdale, con ceviche peruano y grillete en la pierna. Víctor Toro, de La Peña de El Bronx, se quedó gritando e insultando a favor de Peláez en algún rincón de la ciudad de Nueva York.

Estos son algunos textos de ex compañeros de Peláez que han aparecido en los últimos días y en los cuales la critican fuertemente:

El culebrón de la señora Vasenkov. Capítulo final (por CABE)

En los pocos episodios que tuvo la minitelenovela de la señora Vasenkov, apareció de todo. Hubo periodistas que hablaron de perversidades de cuando conocieron a la pareja. Alguno, por ejemplo, insinuó torturas a las que fue sometido el menor hijo para que aprendiera los nombres del presidente serbio y su gabinete, sin explicar como el ahora adolescente transita con un rostro de joven feliz, que va dejando atrás al precoz pianista para convertirse en maduro concertista. Tampoco faltó quienes, saliendo de la caverna miamense, se retorcieron porque los espías capturados no estaban trabajando para Cuba. El retorcimiento seguro que ahora es mayor al enterarse que la señora Vasenkov, ganó una pensión vitalicia de dos mil dólares mensuales, amén de una casa en cualquier lugar de Rusia, y visa y viajes para sus hijos completamente pagados por el gobierno ruso en mérito a sus buenos servicios.

Algunas personas, que se dejan comprar a precios de “especial” por la mentalidad capitalista, en el fondo de sus sentimientos pensarán que “no le fue mal, a la señora Vasenkov, después de todo”. ¡Qué bien paga Rusia a sus agentes, ¿No?! Lástima que no te tocó a tí Enrique, que andas en busca de otra pareja que pueda solventar tus gastos, con la desventaja de que ahora ya no eres el joven apuesto y conquistador de 20 años atrás. Lástima que no les tocó tampoco a ustedes Miguel A., Justo, Natashita, etc. que tienen que trabajar duro para pagar impuestos al tío Sam, confrontando el cotidiano “rat-race” para sobrevivir en el paraíso de occidente y encima de eso lamer el trasero al sistema que en el fondo de sus corazones detestan.

Tan rico que se la pasaban en Cuba, recibiendo por lo bajo el regalito de la “sección”. ¿Por qué, al llegar a la sede del imperio no fueron premiados con una casa o departamentito en Central Park y una pensión vitalicia de dos mil dólares mensuales? ¿Equivocaron el negocio? ¿Oye mi socio, donde queda la embajada esa que quiero aplicar?

¿Y qué de los que creyeron en ellos? ¿También aceptarán que “no le fue mal”? ¿Seguirán pensando en su inocencia y que tuvo que “declararse culpable” para no ir a la cárcel? ¿Mandela hubiera reaccionado así para evitarse los 40 años de prisión, sometido a vejámenes y torturas? ¿Se hubiera declarado culpable a cambio de una pensión vitalicia, además de la casita propia? ¿Se hubiera entregado el Che, para evitar la muerte? Es cierto que la cárcel no es un destino deseable para nadie. Pero muchos la han llevado con dignidad por la defensa de sus principios.

Muchos fueron al paredón de fusilamiento con la frente en alto, vivando el socialismo, como los ajusticiados en la guerra civil española, o en julio de 1931 cuando fue derrotada la revolución de Trujillo, en Perú y los fusilamientos en los paredones de Chan Chan agotaban las municiones de los carniceros. Pero eso es entrar en el tema de vivir con dignidad, algo que no está presente en este culebrón, guionado por el FBI, en donde la señora Vasenkov pretendió ser la protagonista central, la “prima donna”, para terminar sentada en el lado opuesto a su galán y haciendo ascos por el país que alguna vez le facilitó viajecitos y elegancias que nadie debe envidiar cuando estos se presentan como compensación al trabajo digno y honrado.

Cuando el juez Kimba Wood, preguntó a los acusados de “conspirar en secreto para actuar como espias del gobierno ruso” Al levantar la mano junto a los demás acusados, la Vicky dejó de ser Peláez convirtiéndose en la señora Vasenkov, culpable acá, heroína en Moscú, que la espera con un premio demasiado jugoso para un país cada día más empobrecido por un gobierno mafioso y criminal que de esa manera impone el capitalismo que tanto agrada a Washington. ¿Tendría en Moscú la libertad para llamar asesino a Putin?

¿Todos salieron ganando?

Al parecer no. En este culebrón de guerra fría en pleno verano, atormentado por una brutal oleada de calor, pienso y siento por dos víctimas inocentes, los hijos, que han sido lastimados en su identidad en todos los aspectos.

Los demás, los que creyeron sinceramente en el izquierdismo de la señora Vasenkov, no tienen nada que lamentar. Jamás la señora participó realmente de una demostración de izquierda. Jamás tuvo que correr de los gases lacrimógenos, o sentirse amenazada por la brutalidad policial. Las pocas veces que estuvo en alguna manifestación antisistémica fue bajo el paraguas de su condición de reportera, lo que le permitía la protección policial, Su izquierdismo era de papel. Su referencia a sendero luminoso era posible porque esta organización, carente de ideas y programa, abre la posibilidad para que agentes raros tengan una coartada para lucir una identidad que no da para nada.

Su carácter, tosco, autoritario, propio de gamonal, se despojó de la fachada izquierdista que la hacía aceptable.

La señora Peláez alguna vez se dijo socialista y entendimos mal, la señora Vasenkov era más bien una socia-lista, muy lista para su gran patrón: el gobierno mafioso y criminal de Putin-Medvedev.

Por Enrique Soria (Ex periodista peruano de El Diario/La Prensa)

“La caída de la periodista peruana Vicky Peláez y su marido Juan Lázaro a manos del FBI”, es la nota escrita por Enrique Soria  que me hizo llegar el editor de “La Diáspora Peruana”, Jorge Yeshayahu y que hoy comparto con ustedes debido a la actualidad de los sucesos

Al respecto señalaba a Jorge lo siguiente : Hace algún tiempo comentamos sobre aspectos de peruanos, y otros latinoamericanos, que aprovechando las libertades que nos concede este país creen que pueden hacer de las suyas. Todavía hay otros más que hacen más daño enquistados en centros de estudios y comunidades “orientando” y criticando cómo destruir a esta democracia de U.S.A. y las de nuestros países fomentando el caos. Por su parte el manifestaba que : “muy cierto tu comentario sobre el abuso a la libertad de expresión y opinión,  como habrás podido leer quienes promueven la latinización de Estados Unidos, pierden la visión que esta es una nación donde todas la sangres y razas se consagran, sin perder su identidad más aún se engrandecen y trascienden en la diversidad.

Jorge Yeshayahu Gonzales-Lara
Email: yeshayahu17@hotmail.com

Veamos lo escrito por Enrique Soria :

“Con la confesión de haber trabajado para los servicios secretos rusos y de que su mujer colaboró con él Juan Lázaro ponía fin al primer capítulo del rocambolesco episodio de su captura y de nueve implicados más. Diez personas arrestadas en Nueva York, Nueva Jersey, Boston y Arlington dejaron sin aliento, desde el último domingo de junio, a buena parte de los neoyorquinos que se frotaban los ojos ante lo que descubrían.

El FBI les informaba que una red de conspiradores, a la vieja usanza de los métodos y estilo de trabajo de los espías de la Guerra Fría, venía trabajando largos años con los servicios secretos rusos, y que para ello se habían instalado en los Estados Unidos como pacíficos residentes, y donde llevaban sus vidas sin despertar la menor sospecha de que eran asalariados de un gobierno extranjero.

Intercambios de maletines, usos de emisiones radiales, empleo de tintas indelebles, encuentros en puentes, contactos en estaciones de trenes, pasaportes falsos y viajes a Sudamérica, llenan las páginas de los documentos acusatorios del FBI sobre la actuación de la red, que ha sido acusada de trabajar ilegalmente para un gobierno extranjero y de lavados de activos.

La sorpresa ha sido mayor para la comunidad hispano hablante, y en particular para la colectividad peruana, cuando en esos documentos de las autoridades estadounidenses aparecen los nombres de los peruanos Vicky Peláez y Juan Lázaro, con residencia en Yonkers, junto al de Richard y Cynthia Murphy de Montclair, Nueva Jersey, o de la rusa Ana Chapman, dueña de una empresa dedicada a tecnología, Internet y medios de comunicación.

Peláez es una conocida periodista con vida profesional en Nueva York y su marido un académico con especialidad en Ciencias Políticas. Ambos tienen un hijo y comparten posiciones políticas radicales que eran públicas y que pasaban por criticar acremente la política de los Estados Unidos, él desde su rol de académico en las universidades donde se desempeñó como profesor, ella desde sus columnas escritas semanalmente en el casi centenario Diario La Prensa de Nueva York.

Pero nada indicaba que estuvieran enfrascados en lo que el FBI señala como un programa de espías ilegales, que dependía de la S.V.R. (sucesora de la KGB soviética), dirigido a obtener información sobre Irán, la CIA, armas nucleares, el Congreso de los Estados Unidos, y un largo etcétera.

Mientras los Murphy y Chapman enviaban datos cifrados por la red cibernética mediante laptops y lo que denominan software de encriptación, facilitados en librerías y cafeterías de Manhattan, Lázaro y Peláez suministraban sus informes por onda corta y recogían dinero en bolsas en parques públicos.

Así lo hace constar la agente especial de la FBI e integrante de la División de Contrainteligencia de Nueva York, María Ricci, en su legajo sometido a la corte que ha abierto instrucción contra los arrestados. Las evidencias recopiladas en una frondosa investigación, que parte de la década de los 90, así lo a testigua.

Pero lo que no dice la investigación es de que manera los Estados Unidos ponen en peligro su seguridad con la actuación de estos conspiradores (los documentos oficiales se cuidan de no calificar la actividad ilícita de espionaje), o cómo se interpreta el funcionamiento de la red de espionaje rusa en un periodo de acercamiento de los dos países, y en el que tanto Washington como Moscú han acordado reducir sensiblemente su parque nuclear, y donde, por primera vez, ambos se ponen de acuerdo en castigar a Irán en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Tampoco explica como dos profesionales sin la menor conexión con los círculos de poder en Washington, y sin acceso a información sensible y estratégica, como son Peláez y Lázaro, podían hacer daño a los Estados Unidos. Estudiosos de las relaciones entre ambos países manifiestan que a los rusos les bastaba emplear estudiantes o contratar un grupo de cabildeo para conseguir la mayor parte de la información que pretendían.

Para despejar estas incógnitas habrá que esperar a que se inicie el proceso contra los conspiradores y así averiguar como una periodista de 55 años, con un manejo embrionario del idioma inglés y sin la menor preparación en asuntos de inteligencia, y de otro lado, un académico de 65 años con una enorme rigidez en sus planteamientos políticos y sin conexión alguna con el Partido Republicano o el Partido Demócrata, podían poner en riesgo la seguridad de los Estados Unidos.

Algunos expertos estadounidenses han ensayado en las últimas horas una explicación, que suena a lógica, para explicar cómo es posible que los servicios secretos rusos se manejen como si viviéramos en las décadas de los 60 o 70.

Precisan que los anquilosados aparatos de espionaje ruso aún preservan la filosofía de antaño y que les cuesta ponerse a la moda con sus pares de Estados Unidos, y que por lo tanto los diez arrestados por el FBI laboraban en última instancia para una porción del poder ruso, la más anacrónica.

Peláez por lo demás laboraba para un medio periodístico, que si bien es un cotidiano dirigido a la tercera parte de los habitantes de la ciudad de Nueva York, no deja de ser un órgano de minorías (minoría hispano hablante), sin ningún impacto entre quienes toman las decisiones políticas y económicas del país y de la ciudad considerada la capital del mundo.

Se cae así por su propio peso el argumento de que Peláez era perseguida por sus posturas políticas, plasmadas en sus columnas, la gran mayoría de veces estridentes y sin elaboración intelectual solvente como para influir en una vanguardia.

La mayoría de lectores de Peláez son más bien inmigrantes con poca preparación, con duras experiencias de vida como indocumentados, y con vivencias donde ha menudeado la discriminación o la marginación étnica o lingüística.

Los que la conocían o han sido sus colegas han gozado de su febril radicalismo, como han sido los pasajes anecdóticos en los que ella resultó emocionalmente impactada por el arresto de Abimael Guzmán. Los colegas peruanos de El Diario La Prensa recuerdan como ese domingo que cayó el Comité Central de Sendero Luminoso con el presidente Gonzalo a la cabeza, Peláez en Nueva York se recluyó en el baño de mujeres del periódico por horas hasta digerir la noticia. O el día del asesinato de la dirigente de pueblo joven Elena Moyano, a manos de Sendero Luminoso, cuando trataba de justificar veladamente, ante los colegas del mismo periódico, que la muerte de la dirigente peruana fue un “ajusticiamiento popular y revolucionario”.

Ahora son simples anécdotas que entonces hacían sonreír y discrepar virulentamente contra Vicky, como así se le llamaba en la sala de redacción, más por tratarse de una persona de mediana edad que aún sostenía inflexiblemente, posturas propias de universitarios de las décadas del 60 y 70.

Lo lamentable es que con su detención y posterior enjuiciamiento no solo encara prisión y eventualmente la caducación de su ciudadanía estadounidense adoptada, con la consiguiente deportación al Perú, cuando culmine su condena, sino que su aventura revolucionara ha quebrantado irremediablemente a una familia, la suya.

Peláez no solo ha puesto en entredicho al medio de comunicación donde trabajaba, El Diario La Prensa, sino que pierde por completo la credibilidad ante sus colegas y lectores, al sacrificar la independencia que debe ostentar la profesión de periodista.

Peláez ha puesto fin a su profesión. Es el alto precio que en estos momentos está pagando por jugar a la revolución”.

¿Justo lo que me faltaba?

No conozco a Justo no sé qué. Intenté encontrar su nombre en Wikipedia, el paraíso de la información especialmente para quienes presumen de sabiduría y conocimientos y que, como alguien ironizó, son un “océano de sabiduría con un centímetro de profundidad”. Pero, justo no figura allí y yo no tengo la culpa. Por ahí me comentaron que este señor, alguna vez trabajó en el Diario La Prensa, por lo que entonces, admito, puede señalar con propiedad que este medio cuenta con pocos lectores a quienes prejuiciosamente descalifica por ser “el grupo más pobre de la Gran Manzana”. Ah si, justo despotrica también acerca de los magros salarios de este medio. Sin embargo, ¿Por qué escupe contra una paga que él mismo estuvo percibiendo, aunque apenas le haya servido para las propinas a los mozos que servían sus brunchs dominicales, compuestos de faisán y caviar mientras su cerebro asimilaba “fufú y congrí”? No lo sé, ni me interesa.

Solo sé que hay cierta similitud entre este Justo y la injusta Vicky: la arrogancia. La señora Vasenkov también se jactaba de sus viajes por el mundo, de sus entrevistas y de sus conferencias, tal vez no en las cavernas de cemento de “pambiche”, perdón, Palm Beach, pero eso no hace la diferencia. Ella también se acordaba de los derechos humanos mientras se tomaba fotos en la Muralla China. Justo hace lo mismo recordando ¿desde las cavernas de la costa Amalfitana? a los periodistas cubanos detenidos por hablar contra el régimen cubano a cambio de unas propinas de la “misión”, que es de lo que se les acusa. Igual que a Vicky. Aunque las propinas rusas eran más jugosas. Es cierto que el apresamiento de esos presuntos periodistas, era un desprestigio no sólo para el socialismo, sinó para la Humanidad, pero desde ayer ya están libres y ahora veremos si todos califican para una chambita en El País o en el Nuevo Herald de Miami.Con seguridad, Justo no les recomendará tocar las puertas de El Diario.
¿Habrá un futuro premio Pulitzer entre ellos, te lo quitará, Justito, de las manos?
Prosiguiento con las similitudes entre la señora Vasenkov y este sueño de lo justo, así como la doña nunca hubiera criticado a los presos políticos en Cuba, nuestro personaje olvida los presos peor tratados en la Isla. Me refiero a los de Guantánamo. Justamente, también olvida a Antonio Guerrero Rodríguez, Fernando González Llort, Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar, René González Sehwerert… ¿que quiénes son esos? Son los Cinco de Cuba, los antiterroristas que descubrieron que los aviones de “hermanos al rescate” servían no solo para arrojar incendiarios volantes llamando a la insurrección “contra Castro”, algo perfectamente lícito en política donde “todo vale”, sino que de paso arrojaban cuanta porquería química ha envenenado los campos de Cuba produciendo plagas para afectar las plantaciones o la gripe porcina, hoy tan de moda, que obligó, hace algunos años, a sacrificar varios millones de cerdos, constituyendo éste un atentado genocida contra un pueblo que tiene a la carne de cerdo como su principal fuente alimenticia. Pero, ¿qué le importa a éste in-justo que Los Cinco, estén condenados a cadena perpetua, sin derecho a visita de familiares, y sometidos a un brutal y demencial aislamiento?
¡Vaya mi socio, cómo se parecen la Vasenkov y tú!
Lo que me intriga, finalmente, es ¿por qué, este Justo, escribe con tanta rabia? ¿Por qué se revuelca tanto en el lodo de la tragedia de su colega que, además, se parece tanto a él? No lo entiendo, como no entiendo que me esté haciendo el caminito al infierno regalándome azufre. Y lo lamento. Lo lamento por él, porque si fuera un conferencista feliz como dice su tarjeta de presentación, su “biznes-car”, tendría compasión para entender a los seres humanos. Compasión para entender, el retorcimiento de personajes que, como la Vasenkov, plagiaba artículos para ganarse adeptos de izquierda mientras gozaba los placeres que, es justo decirlo, le caían por la derecha. Compasión para entender que personajes como la Vasenkov, y como tú mismo, son frutos del capitalismo, un sistema en crisis y no solo por lo económico, sinó por la ausencia de ética y moral para la convivencia entre los seres humanos entre sí y con el planeta que nos aloja.
En fin, hasta aquí llego, la falta de sustancia en la respuesta de este justo desconocido, no exige esfuerzo. El caso de la señora Vasenkov ya es un periódico de ayer, tuvo sus tres segundos de portada y no hay más oportunidad para aquellos diminutos personajes que quisieron levantar vuelo acercándose a los reflectores que iluminaron esos tres segundos. Lástima por esos personajes que caminan retorciéndose y que cuando levantan la vista para ver el sol lo único que ven es la suela de un zapato.
Mi asere, mejor salgo a comerme mi sustancioso cebichito.
(Los dos textos escritos por Justo Sánchez sobre este tema fueron retirados por iniciativa del autor).