Desde la izquierda, el curador de la muestra y editor de la revista Vogue, Hamish Bowles, Carolina Herrera, Oscar de la Renta , Reina Sofía e Immaculada Habsburgo, directora del Instituto. Foto Vincent Villafañe

La Reina Sofía de España inauguró esta semana una exhibición de 70 vestidos y accesorios del diseñador español Cristóbal Balenciaga. La muestra, realizada en el Instituto Español Reina Sofía de Nueva York , se trasladará en Marzo del 2011 al Museo de Bellas Artes de San Francisco California.

Cristóbal Balenciaga nació en Getaria una pequeña localidad del país vasco, en 1895. Austero y remoto, sacerdotal en su devoción a la perfección del corte, Balenciaga es indiscutiblemente el más grande diseñador de éste siglo, aunque frecuentemente su trabajo era demasiado sutil o radical para ser entendido por la prensa y otros colegas diseñadores. Sus antecedentes eran tan enigmáticos como su persona y mucho de lo que nosotros conocemos sobre él está cercano al reino de mito.

El diseñador Cristobal Balenciaga.

Su familia era humilde (su padre era pescador) y su vida en la moda empezó a muy temprana edad, cuando admiraba el Drécoll que vestía la Marquesa de Casa Torres cuando delante de él en la calle. Intrigada, ella le permitió a Balenciaga copiar el vestido. Lo hizo tan bien que ella lo envió a París para que conociera a Drécoll. Después de esto la ambición de Balenciaga fue mayor. Cuando tenía dieciocho años abrió una tienda en San Sebastián y seguido de esto, cuando se estableció como modisto, bajo el nombre de Eisa abrió también una tienda en Madrid y otra en Barcelona.

En 1937 abandonó la represión francesa de España y llegó a Londres. Rápidamente se trasladó a París y ahí abrió su casa de moda.
Su aporte a la moda fue bastante español, la dignidad y el drama, el estilo y los materiales, las pinturas Goya o Velásquez.
Al principio de la Segunda Guerra Mundial él volvió a Madrid. Después de la guerra abrió de nuevo en París y comenzó sus veinte años de escalada hacia la supremacía de la moda. Su trabajo se basaba totalmente en la tradición del costurero y en cada colección hizo una declaración quebradiza y clara con la ropa que había estado creciendo de forma lógica desde sus colecciones anteriores. Sus trajes siempre tenían una calidad dignificada y estructural.
No es ningún accidente que su material favorito fuera el gazar de seda – tiene el cuerpo y el peso que le da una gran posibilidad estructural.
Las prendas son efímeras, pero Balenciaga dejó una impresión duradera en la forma en que la mujer se ve. Cambió la forma de los vestidos que previamente se consideraban estándares. Por ejemplo, él inventó el collar ausente del soporte y la funda de tres cuartos de longitud.
A pesar de que era un sastre brillante, se alejó del “New Look” y creó una chaquetas suaves sin forma para sus trajes a principios de los años 50’s.
Sus looks para la noche eran formales, pero también contenían mucha fantasía. Balenciaga sabía trabajar la escala, la proporción y la importancia del equilibrio de un conjunto. Los sombreros muy grandes o pequeños que él diseñaba, eran el complemento exacto que marcaban la silueta.
El españolismo de Balenciaga no puede dejar de ser tomado en cuenta. Como el “verdadero hijo de un país fuerte”, siguió esa línea larga de artistas como Goya, Zubaran, Miró y Picasso; su color era el de los bailarines de flamenco y de la tierra española; su corte reproducía la perfección simple de los hábitos de los monjes. Era un hombre religioso, tenía un concepto de armonía que quería crear en sus trajes.

Diseño moderno del Balenciaga.

Entendía que la elegancia venía de la eliminación del detalle y de la perfección del corte. Tenía un instinto infalible para saber que era lo más correcto para su época, el uso decente del material y un intachable gusto. Fue uno de los pocos diseñadores que elevó el diseño de modas a nivel del arte. Balenciaga le hizo la vida difícil a muchas personas. Movía sus presentaciones a la prensa a unas semanas antes que otros diseñadores. Nunca dejaba ir a un vestido hasta que él no estuviera satisfecho sin importar qué tan alta era la demanda de su cliente. Sus clientes estaban en sociedad con él para alcanzar la perfección sin importar costo o tiempo.
Detestando la publicidad y rechazando comprometerse, Balenciaga cerró sus puertas en 1968 con las palabras, “es una vida de perros”, creando las colecciones de ropa más maravillosas de este siglo. Su legado continua influyendo en los diseños de GIVENCHY, UNGARO y COURREGES, todos los que fueron entrenados por el maestro.
Murió En Valencia-España en 1.972 en su tierra, Getaria.