CARLOS-VELEZEs obvio que el Presidente del Congreso John Boehner (R- Kentucky) no tiene la fuerza suficiente para enfrentarse a los miembros desquiciados del Tea Party y llamar a votación en la Cámara Baja la versión de la reforma de inmigración que pasó en el Senado y que ha sido apoyada por el Presidente Obama.

La propuesta del Senado abriría el paso hacia la legalización de cerca de 12 millones de indocumentados que en el lapso de unos 10 a 11 años conseguirían la ciudadanía y por el ende el derecho al voto.

Esta versión, que tiene la aprobación de presidente Obama, ha sido rechazada por los miembros racistas y xenofóbicos del Tea Party, obligando al resto de los congresistas débiles del partido Republicano en la Cámara Baja a oponerse a la reforma.

La Cámara Baja tiene una pseudo propuesta que le concedería permiso de trabajo a los indocumentados pero no el derecho a la ciudadanía, creando así una población que existiría al margen del resto de la sociedad. Una sub especie de ciudadanos de segunda categoría con permiso de trabajo pero sin la posibilidad del derecho al voto.

Son dos versiones irreconciliables que solamente se transformarán en una cuando uno de los dos partidos controle ambas cámaras del Congreso. Y mientras esto no suceda, la reforma de inmigración entrará en estado comatoso semipermanente y 12 millones de indocumentados seguirán viviendo al margen de la ley, sujetos a ser deportados en cualquier momento.

La excusa de los republicanos en el Congreso es que no pueden “confiar que el Presidente Obama haga cumplir la ley,” y es por esto que no van a llevar a votación algún tipo de proyecto de ley este año.

La verdad es que los republicanos en la Cámara de Representantes están aterrorizados por el fanatismo xenofóbico del Tea Party y es por esto que rehúsan llevar a votación la reforma de inmigración o cualquier otro tipo de proyecto de ley que tenga la aprobación del Presidente o que beneficie al público en general.

La única forma de lograr una reforma de inmigración que incluya el camino a la ciudadanía es yendo a las urnas de una forma masiva en las elecciones de noviembre de este año.

Todos los 435 representantes del Congreso, 33 de los 100 senadores y 36 de los 50 gobernadores estarán en la boleta electoral de noviembre.

Si los más de 13 millones de hispanos inscritos para votar lo hacen en noviembre, las probabilidades de ganar la mayoría en la Cámara Baja, de mantener la mayoría en el Senado y en las Gobernaciones, son muy grandes.

Si esto se logra, tanto los hispanos como los negros, las mujeres, los indocumentados y el resto de la clase media y pobre de la nación, lograrían conseguir que se logre una paridad más justa en la desigualdad económica y social que existe en estos momentos. El poder del voto es el único lenguaje que los políticos entienden.

Políticos de origen latino como Ted Cruz, Marco Rubio, Díaz-Balart, Bill Flores, Ed Pastor, Jaime Herrera y el resto de los congresistas y senadores republicanos retrógrados que con su obstruccionismo en los últimos cinco años, han causado un daño irreparable a más del 90% de la población.

Es hora de que los latinos en toda la nación despierten y usen el poder que tienen en sus manos para mejorar sus vidas y las de sus familiares y amigos, incluyendo a los 12 millones de indocumentados que viven al margen de la sociedad.

Solamente el voto masivo logrará conseguir la liberación de la mayoría de la población del yugo de los políticos de extrema derecha a quienes solamente les interesa el 1% de la población. 

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