Nicolasa Cazahuatl recordando en Nueva York sus vivencias y a su esposo. Foto Danny Mendoza

“Trabajé mucho de joven y ayudé mucho a mis padres”, dijo Nicolasa Cazahuatl Castellanos de 73 años. Se encontraba en el restaurante Luna de la calle 77 y avenida Roosevelt, cuyo local es de propiedad de su hija Antonia Luna y su esposo Félix Luna. Su apellido Cazahuatl proviene del lenguaje Nahuatl o “el mexicano” como se le conoce en su país.

“Mi mamá me hablaba en mexicano y mi papá me hablaba español”, dijo Cazahuatl con orgullo

Cazahuatl lleva 7 años viviendo en Nueva York. “Mis hijas me trajeron porque mi esposo murió y me quedé sola”, recuerda con sentimiento. El esposo de Cazahuatl murió a causa de leucemia en el 2012.

Habla con orgullo que tuvo ocho hijos de los cuales cinco siguen con vida, tiene nueve nietos y tres bisnietos. “Aquí yo no trabajo pero ayudo con los quehaceres en el hogar”.

Cazahuatl es muy devota a la fe católica y  le gusta escribir versículos bíblicos. Asiste de manera regular a la iglesia San Sebastián de Woodside. También le gusta cantar y tejer bordes de manteles para el Día de los Muertos con el fin de conmemorar a su fallecido esposo.

“Desde los 12 años comencé a trabajar en un rancho y piscaba la mazorca. Yo solita hacia 20 surcos de maíz”, recuerda Cazahuatl, quien trabajó junto a su esposo en el campo sembrando cacahuates, maíz, frijoles y legumbres.  “Mi esposo era ranchero y yo le ayudaba a trabajar la tierra, así construimos nuestra casa y le dimos de todo a nuestros hijos”.

Cazahuatl recuerda sus años de juventud. Se casó a los 17 años de edad y trabajó mucho. “Como decía mi esposo: primero se trabaja, se sufre y después se goza.”

Desde el momento que su esposo decidió vivir en los Estados Unidos, Cazahuatl dejó de trabajar en el campo. “Llegó a este país en 1980 y estuvo 7 años aquí, pero no le gusto”, dijo Cazahuatl. Cuando su esposo regresó a México empezó un negocio de soldaduras y otros oficios “Él era un hombre trabajador, hacia ventanas, puertas y bombas de agua”. Todos los años en el mes de julio viaja a su país para realizar una misa en honor a la vida de su fallecido esposo y de sus padres.

Cazahuatl dice sentirse feliz en Nueva York junto a sus hijas y nietos pero del presidente Trump no es muy fanática porque “no nos trata bien a los mexicanos. El dinero viene del trabajo que hacen los inmigrantes”. Sobre el nuevo presidente de su país, Andrés Manuel López Obrador, dijo: “Él es bueno porque le ha llegado al pueblo y sin el pueblo no es nadie”.

Cazahuatl se sometió a una operación en el intestino delgado en el 2018 porque “los médicos me encontraron dos bolitas y primero pensaron que eran ulceras”.  Sufre de gastritis y no come picante, le prohibieron el café, “pero es muy bueno y no lo puedo dejar”, dijo sonriente.

“La vida es muy bonita, tenemos altos y bajos y hay que saber vivir”. Cazahuatl, siendo muy creyente, siente tristeza por las consecuencias de los últimos ataques a santuarios católicos en el mundo. “Tengo mucha fortaleza y mucha fe en Dios”, concluyó Cazahuatl con lágrimas en los ojos recordando sus vivencias.

Danny Mendoza