
En términos generales, el poder y la calidad de la prensa escrita hispana en los Estados Unidos es inexistente a pesar de que circulan decenas de pequeñas publicaciones por todos los rincones de la nación. Pero, la falta de calidad óptima en el caso de las pequeñas publicaciones es excusable. Hay razones poderosas que no las dejan salir adelante.
Lo que no es aceptable es la pésima calidad periodística y de programación de la televisión y la radio hispana si tenemos en cuenta los inmensos recursos económicos con que cuentan. Univision, Telemundo y La Mega, para nombrar a los más importantes, reciben cientos de millones de dólares en publicidad anualmente, pero le ofrecen al público una programación pobrísima y un periodismo aún más paupérrimo. El público hispano se merece un producto mucho mejor pero dichos medios de comunicación en español no tienen la menor intención de mejorar su producto. Su única razón de existir es la de hacer dinero pero no periodismo. Es una lástima.
El dueño de Univision es Broadcast media partners una corporación billonaria, lo mismo que NBC que es propietaria de Telemundo. La Mega es Parte de un consorcio inmenso, Spanish Broadcasting System, Inc.
Por otro lado, las pequeñas publicaciones impresas, que a pesar de tener muchos años al servicio de la comunidad, no han logrado alcanzar el crecimiento que buscan y se merecen.
Y esto se debe a que la prensa étnica, y la hispana en particular, no cuenta con el apoyo de las grandes corporaciones. La prensa escrita hispana sobrevive, primero por la tenacidad de los dueños de las publicaciones, y segundo, por el apoyo económico de los pequeños negocios que con sus avisos le brindan a decenas de semanarios y mensuarios la financiación necesaria para sobrevivir otro mes u otra semana.
Cada nueva edición es una lucha titánica que consume el tiempo precioso de los dueños y no los deja mejorar su producto y hacer un periodismo más efectivo. Es un un círculo vicioso. La calidad del producto no es sobresaliente porque no existen los medios económicos necesarios para optimizar el producto y aumentar la circulación y si la calidad sufre y la circulación no es la que podría ser, las agencias de publicidad que representan a las corporaciones no compran espacios publicitarios. Al menos ese es el raciocinio errado que citan las agencias con respecto a la prensa escrita hispana para no comprar publicidad en ellas.
Para las agencias es más simple, rápido y remunerativo—la agencia se lleva el 15% del costo del aviso— comprar avisos en televisión y radio. Las ganancias son enormes y los costos muy bajos.
Las corporaciones no cuestionan a las agencias y las agencias no recomiendan otras alternativas. Es un arreglo que por incontables años viene funcionando a las mil maravillas para las agencias de publicidad pero no para la prensa escrita hispana o para las corporaciones.
La prensa escrita hispana llega donde la mayoría de otros medios de comunicación, como TV y radio, no están interesados en ir. Ellos cubren grandes eventos pero no lo que verdaderamente está sucediendo en la vida cotidiana de la comunidad. Es aquí donde la TV y Radio brillan por su ausencia y las pequeñas publicaciones se lucen con su presencia.
Es esta importantísima presencia la que no ven las agencias de publicidad porque no les interesa verla y si se percatan de ella, no la tienen en cuenta.
Son las agencias de publicidad con su poder adquisitivo de avisos publicitarios las que no han dejado que la prensa hispana crezca y mejore su calidad. Y, por ende las corporaciones también pierden porque sus productos no son anunciados en estos medios que si le llegan a la comunidad.
Una vez más, es un círculo vicioso que solamente se podrá romper el día que las publicaciones se levanten con una sola voz y exijan ser tenidas en cuenta en la repartición de los avisos publicitarios.

