A los 9 años empecé a hacer payasadas gracias a un amigo que era payasito. Después de un año me animé a pintarme de payaso. Fue lo mejor que me pasó. Dejé la escuela secundaria e ingresé a una compañía de teatro pequeña en donde hacíamos playbacks de musicales como Vaselina, el Caballero de la Mancha, Que Plantón, Jesucristo Súper Estrella y otros temas cómico. A la edad de 20 años pasé por una situación muy difícil en mi vida puesto que mi mamá fue secuestrada. Fue un proceso doloroso y difícil para mi. Dejé de ser payaso y no volví al teatro. Tomé rumbo a la ciudad Nueva York. Luego de más de 10 años sin sueños ni motivaciones, volví a ser payaso. Siempre guardo en mi el bello sentimiento de ser payaso. Aquí conozco a mi gran amigo el Payaso Cascarita, quien me da la oportunidad de volver a ser payaso para hacer reír y darle esperanza a la gente. Como payaso de tiempo completo me encuentro con Verónica Ramírez de Mujeres en Movimiento, quien me motiva a dar un taller de riso-terapia en el Movimiento Internacional Inmigrante de Corona, Queens. Descubro que ayudar a la comunidad es maravilloso y me encanta. Después di un curso de maquillaje en la Librería Barco de Papel. Ahora soy organizador de Payasos Latinos de Nueva York y Nueva Jersey. El propósito: Reír no es un chiste. Quiero llegar a los corazones de las personas y darles una nueva esperanza para que vivan con alegría. Quiero ser feliz y hacer feliz a los demás.

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