Francisco cumple hoy dos años como Papa y aunque el vuelco que promueve en temas de fe asombra al mundo, quizás lo más sorprendente sea su arrojo para trasformar la Iglesia y para proyectarse sobre conflictos de política internacional.

Luego de 24 meses al frente de los mil 200 millones de católicos en el planeta, el Pontífice llegado al Vaticano por primera vez desde un país latinoamericano (Argentina) ha conseguido renovar la visión que se tenía de una religión tan antigua como polémica, y para muchos desacreditada.

El Papa Francisco está revolucionando la iglesia católica.

El Papa Francisco está revolucionando la iglesia católica.

Del cambio son evidencia los más de ocho millones de seguidores en su cuenta en español de la red social Twitter, y los más de cinco millones en la cuenta en inglés, por solo citar esos dos idiomas.

También sobresale el hecho de que constantemente esta figura encabeza u ocupa los primeros lugares en las diversas encuestas de popularidad realizadas a nivel internacional.

La decisión de Francisco de transformar se volvió evidente con las múltiples acciones dirigidas a modificar la Iglesia Católica desde su misma estructura, con lo cual, según los expertos, ha sumado no pocas voluntades a las filas de sus detractores.

«Muchos esperan mirando el reloj a que termine el pontificado», advirtió el especialista en temas del Vaticano Marco Politi, en referencia a los grupos de poder que se ven afectados por esas determinaciones.

Lo cierto es que el Papa impulsa iniciativas inéditas contra la enquistada corrupción eclesiástica, con medidas como investigar las irregularidades detectadas, transparentar las finanzas y hasta contratar consultoras internacionales para garantizar un mejor funcionamiento.

La revista italiana L’Espresso destacó esta semana su intención de convencer a los jerarcas de la Curia y de las congregaciones de llevar una vida sencilla y sobria, harto contrastante con el lujo y el derroche hasta ahora acostumbrados.

En cuestiones económicas, el mundo quedó boquiabierto no solo por la revolución en la Santa Sede, sino además por los pronunciamientos del Obispo de Roma acerca de la economía internacional.

Francisco defendió la necesidad de impulsar una reforma del ordenamiento económico mundial con la ética como base fundamental, dirigida a transformar el sistema actual, «injusto desde su raíz» y conducente a «la exclusión y la desigualdad».

«Una reforma financiera que no ignore la ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos, a quienes exhorto a afrontar este reto con determinación y visión de futuro. (â��) ÂíEl dinero debe servir y no gobernar!», aseguró.

No conforme con limitarse a sus predios católicos, el Pontífice causó impacto por su proyección ante diversos conflictos internacionales como la guerra en Siria o los recientes atentados en Francia.

Cuando al finalizar el verano de 2013 sobre Damasco se cernía la amenaza de una intervención occidental, Francisco convocó a una vigila internacional para pedir por la paz, el entendimiento, y principalmente por salvaguardar la integridad de los civiles inocentes.

En los hechos de violencia registrados estos dos años en países como Palestina, Pakistán o Francia, no ha faltado su voz de condena, siempre en defensa de la vida y la humanidad.

Una reciente intervención reconocida mundialmente fue la contribución al diálogo entre Estados Unidos y Cuba, países que por más de 50 años se mantuvieron distanciados a causa de la actitud hostil de Washington contra el gobierno socialista de La Habana.

Aunque pocos detalles trascendieron sobre el rol de Francisco, se supo que fue uno de los que contribuyeron al acercamiento, con un resultado concreto: el 17 de diciembre último ambos países anunciaron la decisión de avanzar hacia la normalización de relaciones bilaterales.

En el segundo año del primer Pontífice latinoamericano muchos ansían ver cuál será su reacción esta vez, sin olvidar que al convertirse en Papa en 2013, y luego en el primer aniversario en 2014, toda celebración se redujo a una misma frase en Twitter: Recen por mí. AP