La policía antimotines atemoriza a la ciudadanía y a los inmigrantes indocumentados. Fotos La Voz de San Diego.

El presidente Obama firma hoy la ley de 600 millones de dólares para “asegurar la frontera” con México. Habrá 1,500 nuevos agentes de inmigración, más vehículos patrullando y equipos de comunicación valorados en 14 millones. Todo esto para “atrapar” indocumentados.

El proyecto de ley fue aprobado por unanimidad en el Senado y el presidente Omaba dijo que “ayudará a proteger la frontera y facilitará la cooperación entre los Estados Unidos y México”. Amanecerá y veremos.

Esta nueva ley recibe fondos del dinero que tienen que pagar las empresas que traen personal del extranjero.

Esta ley para proteger las fronteras entra en efecto cuando crece el clima antiinmigrante en esta nación y aumentan ataques en contra de los latinos en varios estados, incluyendo el condado de Staten Island en Nueva York. La comunidad Mexicana es principalmente el blanco de los ataques.

Publicamos una interesante crónica sobre Arizona, en donde los ánimos se han calentado debido a una ley que permite interrogar a las personas sobre su documentación, pero que no ha sido aprobada y se está debatiendo en las cortes y en las calles de esta nación.

Mientras el presidente firma la nueva ley para tratar de impedir el ingreso de indocumentados, el miedo crece en la comunidad latina de esta nación. El texto fue publicado en el semanario La Voz de San Diego, una ciudad fronteriza. Esta es una publicación “hermana” de QueensLatino.com.

Arizona: El territorio del miedo

Por Alejandro Maciel

San Diego

Es domingo y las campanas de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe llaman a la misa de 12. Es la misa en español. Hace pocos días que la ley sb1070 entró en vigor. Poco a poco las familias van saliendo de sus casas. No es una exageración, se les ve callados, sombríos, pero sobre todo, desconfiados. Miran para un lado y otro y se acercan al templo. Ahí se sienten seguros.

A 25 millas, hacia el este de Phoenix , se encuentra el poblado de Guadalupe, donde la vigilancia corre. a cargo del Departamento del Sheriff de Maricopa, que encabeza el siniestro y temido Joe Arpaio, el Sheriff más duro de Estados Unidos.

El miedo en este poblado de 5258 habitantes es permanente. La mayoría de las familias que aquí viven son mexicanas o yaquis. De hecho, Guadalupe fue poblado en 1900 por indios yaquis que huyeron de la persecución de la que eran objeto en Sonora.

Los inmigrantes enfrentan a la autoridad.

En la iglesia se ven bancas vacías. “Hasta hace tres meses aquí no cabía un alma”, dice el padre Joseph Baur.

Baur habla con su español quebrado. “Es una limpieza étnica la que están promoviendo los supremacistas. No es política, no es legalidad, es simple racismo”, dice el sacerdote, quien tiene 25 años siendo el guía espiritual de esta comunidad.

“En los últimos tres meses hemos perdido más del 40 por ciento de nuestros feligreses”, dice Bauer. “Se están yendo a California, a Nuevo México, Texas o de plano están regresando a México”.

Guadalupe recuerda los antiguos pueblos de Sonora. Las casas de adobe, con abanicos y piso de tierra. Los ancianos se sientan a esperar el fresco de la tarde.

Todo está sólo- dice el reportero a Benjamín Vazquez, originario de Chihuahua, quien se encuentra fuera de su casa acompañado de su hijo de 6 años y su esposa.

– Pues claro. ¿No escuchó que Arpaio dijo que iba a hacer una redada en estos días?

El miedo no anda burro, dicen aquí. El 26 de marzo y 3 y 4 de abril del 2008 Arpaio y sus agentes se presentaron en el pueblo para hacer una serie de redadas. “Fue un caos”, recuerda Mary L. Piñon. “Llegaron con tres camiones, 40 patrullas, dos helicópteros, altavoces, perros y un tanque de guerra”.

“Esos días los agentes andaban por las calles con los perros y los altavoces. Las familias ni siquiera se asomaban. El primer día Muchos papás no fueron a recoger a sus hijos a las escuelas, , entonces, los maestros fueron llevándolos hasta sus casas”, dice Piñón.

En este pueblo donde todos se conocen, la ley SB1070 ha provocado una profunda indignación y una mayor polarización. “Ahora ya no se puede confiar en nadie”, dice Rigoberto Flores, quien trabaja para la ciudad de Scottsdale. “La semana pasada mis jefes, todos anglosajones, estaban platicando sobre la ley y sobre Arpaio, y todos estaban de acuerdo en que debían sacar a todos los indocumentados porque ellos, según dijeron, roban los trabajos que les pertenecen a los americanos. Cuando me preguntaron qué pensaba, sólo me quedé callado, no quiero perder el trabajo por un comentario”, justifica Flores.

En Guadalupe la ley SB1070, el desempleo y el Sheriff Arpaio han tenido una consecuencia devastadora.

Por la calle principal está el tianguis del pueblo. Es un edificio pintado de amarillo y azul con murales en los costados. La primera impresión es que los negocios están cerrados. Apenas se ven 5 o 6 personas. De los 30 locales, sólo tres están abiertos. Uno de ellos es un restaurante de comida mexicana.

“Los domingos teníamos cola para entrar, ahora, si servimos uno o dos platos en todo el día, es mucho”, dice Guadalupe Martínez, propietaria de ese y otro restaurante ubicado a unos cuantos metros dentro del mismo tianguis.

“La gente o no tiene dinero, o se ha ido a otras partes”, dice Martínez, quien asegura que ha perdido entre el 70 y 80 por ciento de su clientela.

Tal vez una de las consecuencias más graves que se está generando aquí y que tendrá una profunda repercusión es que se está formando a una generación de niños mudos, dice Francis Bacaneri, coordinadora del programa de Barrios del Ministerio de Nuestra Señora de Guadalupe. “Queriendo proteger a sus hijos, muchos papás le están prohibiendo a sus hijos que hablen español, quieren evitar que los detengan, que los interroguen, y lo que está pasando es que estos niños no pueden hablar ni inglés ni español, es una generación de niños mudos, silenciosos y con miedo”, dice Bacaneri.

Pero el saber inglés no los va a salvar de Arpaio. “Es el color de la piel lo que detestan el Sheriff y sus amigos los supremacistas blancos”, dice convencido el párroco Baur, mientras cierra la puerta de la iglesia.

Recuadro

Quien es el Sheriff Arpaio

Odiado por la mayoría de los habitantes latinos del estado y adorado por ciudadanos hartos de los políticos, Arpaio se presenta a sí mismo, como el “redentor de los valores americanos”.

Según cuenta en su más reciente biografía publicada en mayo del 2008, ( America’s Toughest Sheriff) su nombre es Joseph Michael Arpaio, y nació en Springfield, Massachusetts el 14 de junio de 1932. Hijo de una familia de inmigrantes italianos. Su madre murió a consecuencia del parto.

Cuando Arpaio se graduó de la High School en 1951, se fue de Springfield, y nunca regresó. Se enroló en el Ejército y fue enviado a Francia, junto a un destacamento médico. En ese país consiguió su primer empleo como agente de la autoridad  ayudando a la policía francesa a buscar enfermedades venéreas entre las prostitutas de París. Ahí mismo recibió su primer desencanto amoroso: La joven que había conocido durante su entrenamiento en Fort Dix, New Jersey y con la que pensaba casarse le regresó por correo el anillo de compromiso.

Al darse de baja en el Ejército, Arpaio obtuvo un empleo con la policía de Washington, D.C.  Luego de cuatro años en ese cuerpo, ingresó a la DEA. Fue director de la DEA en San Antonio, Washington, Baltimore, Boston y Arizona. Fue director regional en la oficina de la DEA en México a principios de los setentas.

Arpaio se retiró de la DEA en 1982 y según él empezaría a disfrutar de su retiro. Pero los planes cambiaron en 1992, cuando decidió buscar  el cargo de Sheriff.

Para convencer al público que no era como los demás políticos fue hasta un notario público y firmó un documento en el que se comprometía a no buscar la reelección. Ganó de manera arrolladora las elecciones de ese año.

El alguacil Arpaio en el centro de la acción y la polémica.

Carrera ascendente

Arpaio dio a conocer su “Tent City” en agosto de 1993, un día en que la temperatura alcanzó los 113 grados. Además de las tiendas de campaña, Arpaio ordenó la colocación de cadenas en los pies de los prisioneros, los vistió con uniformes de rayas y los obligó a utilizar ropa interior color rosa. Después eliminó el almuerzo. Suprimió la sal, la pimienta y las aguas  frescas. Prohibió películas y revistas, reemplazó las comidas calientes por sándwiches y eliminó la reducción de condenas a cambio de buena conducta.

Pero tal vez uno de los logros más importantes como Sheriff, ha sido revivir la participación ciudadana en las labores de vigilancia. Su estilo populista y agresivo agrada a mucha gente que se presta para servir como voluntario. Actualmente el Departamento del Sheriff de Maricopa cuenta con más de  2,400 voluntarios, muchos de ellos armados, que patrullan los centros comerciales, participan en operativos contra prostitutas o en labores de vigilancia en la frontera con México.

El Sheriff Arpaio es un fenómeno de las relaciones públicas. Durante 17 años disfrutó de índices de popularidad por arriba del 80 por ciento, niveles muy por encima de cualquier otro político de Arizona.

Desde el 2007 Arpio ha lanzado una guerra sin cuartel en contra de los inmigrantes indocumentados . De acuerdo a la agencia AP, al Departamento del Sheriff de Maricopa se le atribuyen 26,147 deportaciones desde el 2007. Esto representa un 25 por ciento de las 115,841 deportaciones realizadas por el gobierno federal en el mismo período. Esta ofensiva le ha ganado muchas simpatías y muchos apoyos económicos entre los sectores más conservadores de todo el país. En los primeros cinco meses de este año, el sheriff Arpaio ha recibido 1.2 millones de dólares para su fondo de campaña, más 610,000  dólares que recaudó en el 2008, cuando coqueteó con la idea de contender para gobernador.

En total Arpaio ha recibido 2.5 millones de dólares. La mayoría del dinero, según indica el US Federal Election Comission y la Secretaría de Estado de Arizona, procede de otras entidades del país. Aunque no tiene elecciones en puerta hasta dentro de dos años, ha gastado ya 671,318  dólares en su campaña para reelegirse por sexta ocasión en el 2010. Si lo consigue, tendría 80 años de edad.