David Consuegra es un ‘handyman’ de amplia experiencia. Foto Marcela Alvarez

David Consuegra es un obrero independiente y con orgullo muestra su ‘business card’, o tarjeta de trabajo, que enumera sus habilidades en: electricidad, plomería, pintura, pisos, renovaciones, sheetrock (lámina de yeso), plaster (enlucido) y cerámica. Un profesional en su oficio, sin duda.

En la tarjeta también destaca una estrella de David. “Soy un judío sefardita, de los que creemos en Cristo. Nosotros ya sabemos que el Mesías vino, los dudosos son los otros que aún lo están esperando, no quisieron aceptar a Jesús. Por eso siguen dándose de cabezazos en el Muro de los Lamentos, esperando al Mesías”, dijo Consuegra. “Respeto las otras religiones y creencias. No soy fanático”.

Con apenas 15 años de edad, Consuegra empezó a trabajar en Antilla, Provincia de Holguín, Cuba, donde nació, estudió y vivió hasta 1979, cuando emigró al norte. Tenía 19 años. No fue a Miami como hace la mayoría de cubanos. Prefirió Nueva York. “En aquella época había trabajo por todos lados”, dijo Cosuegra.

Desde el principio le gustó lo que vio, tan distinto a la isla. Ni siquiera le afectó el invierno neoyorquino. “En aquella época si caía más nieve y hacía más frío”, añadió Consuegra.

Recuerda con afecto la compañía Art Leather Manufacturing de Elmhurst. “Mira…mi ID de aquella época, tenía bigote y estaba más gordo”, dijo Consuegra en tono jocoso. También trabajó en una fábrica de lámparas de metal en Long Island City. Ahí empezó ganando $2.35 la hora, cuando el subway costaba .15 centavos de dólar. También trabajó en mantenimiento en una escuela pública de Corona.

Firma de abogados William Schwitzer.

Con el tiempo fue sumando experiencia y hoy es un ‘handyman’ completo. Trabaja principalmente en Queens. “Por aquí todos me conocen, por Corona, Jackson Heights, viví muchos años en la zona, casi treinta años”, dijo Consuegra con una sonrisa. Ahora mismo, le pone los toques finales a la nueva oficina de una organización comunitaria que pronto abrirá en Jamaica.

Consuegra vive en Brooklyn, en un pequeño estudio por el que paga $350 dólares mensuales. Una ganga. Sin duda, ser handyman tiene sus ventajas también a la hora de conseguir un techo. “La dueña del edificio me ofreció trabajo, soy como el super, y a cambio vivo en el estudio”, dijo Consuegra. “Tengo que renovar mi tarjeta de OSHA, ahora mismo estoy en eso, porque expira cada cinco años”.

Este hombre cordial al trato, de manos curtidas por el trabajo manual, apoya la presencia cada más constante de mujeres en la construcción. “Lo veo muy bien, porque ellas tienen derecho. Especialmente veo que muchas trabajan en asbesto, que no es tan pesado físicamente”, dijo Consuegra.

Consuegra es padre de tres hijos, Julio, Joel y Jazmín, con tres mujeres distintas. Al mayor, Julio, lo dejó cuando salió de Cuba en 1979. Tenía pocos meses de nacido. Hace cuatro años Consuegra finalmente pudo verlo otra vez, cuando volvió a la isla con su mamá, la abuela del pequeño, quien ahora vive en España y fue quien ayudó a criarlo. “Siempre nos manteníamos en contacto por teléfono, pero no lo había visto en todos esos largos años”, dijo este cubano con tristeza. También tiene cuatro nietas.

¿Proyectos para el 2020?: “Con el favor de Dios, la Virgen Santísima, la Caridad del Cobre y Cristo, me gustaría comprarme una casita o, al menos, un departamento. La meta es esa. Ojalá Dios me ayude a estar con salud, que es lo más importante”.

Consuegra se despide con un mensaje para los jóvenes: “Que no dejen la escuela, que estudien mucho, o que se unan al Army, porque ahí aprenderán un oficio y, además, les enseñan el valor de la disciplina y las metas”.

Marcela Alvarez