Jonathan Ríos tiene su propia empresa de construcción y agradece a sus padres los valores que le inculcaron. Foto cortesía

Desde chico, Jonathan Ríos mostró interés por todo lo relacionado a la construcción, especialmente el diseño y el acabado de interiores.

Ese gusto lo heredó de su papá, Federico Ríos, un inmigrante que llegó a Queens a principios de los 80 e inició su propio negocio de pintura. Jonathan ayudaba a su papá los fines de  semana. Atento y curioso fue aprendiendo.

“Yo aprendí en los trabajos, miraba a los maestros, preguntaba mucho. Empecé haciendo reparaciones de paredes, las dejaba listas para pintar”, dijo Ríos hijo. “A los 18 años tuve mi primer cliente, fue una prueba muy dura pero me alentó a seguir adelante”.

Ríos es licenciado en economía del Queens College. “El plan mío era ir a Wall Street, quería iniciarme en finanzas. Cuando fundé la compañía yo estaba en la universidad. Los fines de semana seguía con esto y en la semana estudiaba. Pero un día me dije, voy a ponerme un plazo de un año y si me va bien, vamos a seguir empujando. Veía a mi papá y me decía….vamos a hacer crecer el negocio”.

Hoy, este joven nacido en Queens tiene su propia compañía, Rios Interiors Corporation (riosinteriorscorp.com), que fundó en 2009 cuando tenía 20 años y con el apoyo de sus padres divorciados.

“Nos especializamos en renovación de interiores, esto incluye toda la pintura, restauración de mármol, tapizado y el venetian plaster que queda como mármol y es muy popular”, dijo Ríos entusiasmado.  “Tenemos contratos con hoteles, casas particulares y negocios”.

“Mi mamá Dolly Lozano ha jugado el rol más grande en mi vida. Ella me crio, me inculcó muchos valores en mi vida como ser honesto, trabajador, tener ambición y una buena educación. Sigue siendo un pilar importante en mi vida”, añadió Ríos.

“Mi papá me decía…hágale que yo lo respaldo, eso me dio confianza y empecé a hacer cosas que él no hacía como las instalaciones del plaster veneciano”.

Ríos vive en East Elmhurst y tiene una hija de 3 años, Penélope. “A ella le quiero dar lo mejor”. También recuerda con amor a su fallecida abuela Marta.

Para mantenerse al día con la industria, este emprendedor ha tomado cursos de capacitación en el centro Firenze Color de Long Island City. Uno de sus sueños es tener la certificación de negocio minoritario para tocar más puertas. Por ahora emplea a seis trabajadores fijos y subcontrata electricistas.

“El proyecto más grande que tuvimos fue en 2016-2017, un hotel de 27 pisos en la calle 36 y Quinta Avenida en Manhattan. Fueron tres meses en donde hicimos toda la pintura de 250 cuartos,  los acabados, el tapizado y la decoración. Este contrato fue de casi $700,000 dólares”, dijo Ríos con orgullo. “Amo mi trabajo, soy una persona que espera mucho de mi equipo y de mí mismo”.

Sobre el clima antiinmigrante que se vive contra los latinos, Ríos dijo que “no he sentido ningún tipo de discriminación, ni mis muchachos tampoco.  En mi compañía tenemos peruanos y colombianos y espero que nunca pasemos por eso”.

“Uno puede crear muchas cosas con las manos y en su interior sabe que ayudó a construir un poquito de esta ciudad y eso es muy bonito”, concluyó Ríos.

Marcela Alvarez