Mario Sánchez en una de las estaciones del tren 7 en Queens. Foto Danny Mendoza

Cansado y con mucho frío por las bajas temperaturas invernales de las últimas semanas. Eran las 5 de la tarde en el tren 7 que se desplaza por Queens. Vagones llenos de personas saliendo del trabajo en dirección a sus hogares. Mario Sánchez, obrero hondureño,  vestía unos pantalones de color beige, sucios como resultado del trabajo que desempeña y un chaleco de seguridad verde lima. Cargaba la mochila con sus herramientas de trabajo en el hombro.

“Los latinos somos bien desunidos en este país”, dijo Sánchez mientras contaba su historia en Nueva York desde que dejó Centroamérica. “Llegué a Miami en 1990 y empecé lavando platos”.  Algo que recuerda como si hubiese sido ayer. Sacaba los sueños de la maleta y emprendía una nueva vida en los Estados Unidos. Sánchez vive ahora en Jackson Heights, Queens, un barrio predominante latino.

Debido a los bajos ingresos y pocas oportunidades de empleo en Miami, Sánchez decidió cambiar de aires. “En 1994 tomé la decisión de buscar vida en Nueva York”, dijo Sánchez. En ese año y por medio de amistades ya radicadas en Nueva York, entró a trabajar en la construcción. “Empecé desde bien abajo. Era ayudante y hacía de todo”.

Recuerda como fue progresando laboralmente. “Ha sido una historia de mucha lucha”, dijo  Sánchez, quien lleva 18 años de casado y tiene dos hijos de 18 y 16 años de edad. “Mi hija ya se graduó de la High School”, dijo Sánchez emocionado. “Mi hijo no quería estudiar. La ciudad lo tiene internado en un programa”.

Dijo que la situación de su hijo no ha sido difícil de sobrellevar para la familia. “Aunque es por el bien de mi hijo”, añadió Sánchez.

La situación migratoria de muchos hondureños se ha visto afectada por las constantes agresiones de la administración de Donald Trump. Una caravana de migrantes huyendo de la violencia ha sido el centro de la política estadounidense en los últimos meses. Sánchez, quien lleva 28 años viviendo lejos de su país, es un hombre hogareño. Le gusta disfrutar de su familia.

Sánchez también lavó platos y ahora trabaja en construcción y en carpintería, oficios que le han ayudado a pulir sus habilidades y adquirir experiencia en la competitiva industria de la construcción. “Los hondureños somos gente trabajadora. No venimos a delinquir, sino a trabajar duro para sacar a nuestras familias adelante”, concluyó este padre centroamericano.

Danny Mendoza